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La vacunas de Moderna, una historia sobre filtraciones y apuestas en bolsa: “La ciencia no es un iPhone”

Sergio Ferrer

30 de octubre de 2026 22:17 h

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Cuando a finales de agosto la farmacéutica Moderna anunció que su vacuna contra el melanoma había obtenido resultados positivos en un esperado ensayo clínico en fase 3, sus acciones casi se triplicaron en bolsa. Fue un ascenso sorprendente, pues no es habitual que una empresa biotecnológica tan grande suba tan rápido. La semana pasada, la filtración de los resultados un par de días antes de que se presentaran oficialmente hizo que las acciones cayeran un 18%. ¿Acaso el tratamiento no era tan revolucionario como parecía? ¿Ha cumplido las expectativas de los investigadores?

Moderna sigue siendo la empresa que mejor rendimiento ha tenido en el índice S&P 500 este año, pese a la caída del pasado jueves, pero el Wall Street Journal advierte de que los inversores “deberían prepararse para más altibajos”. En realidad, para la prensa económica lo inusual fue la subida de agosto, debida más al potencial multimillonario que promete el campo de las vacunas de ARNm frente al cáncer que al propio ensayo clínico. Aun así, según un analista citado por el Financial Times, los resultados presentados “no bastan para generar confianza ante unas expectativas tan elevadas” como las que se habían generado.

La jefa del Grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Marisol Soengas, estuvo presente en el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) que tuvo lugar el pasado sábado en Madrid donde se presentaron los resultados. Asegura a elDiario.es que pocas veces había visto tanto interés por parte del público. “Había muchísimas expectativas por la propia tecnología, pero la gente salió con una sensación como mixta, de cautela. No hubo ovación en pie, que era algo sobre lo que se había apostado en los días previos, aunque sí hubo quien aplaudió”.

“La comunidad científica lo percibió como un avance, pero estamos hablando de un tipo de pacientes muy particular y falta tiempo para demostrar cómo va a ir, su accesibilidad, el coste y los efectos secundarios”, explica Soengas. En ese sentido, “el interés no era solo por el ensayo de Moderna, sino por los que esperemos que vayan a venir”. Aunque sea una vacuna personalizada contra el melanoma, los investigadores esperan que la tecnología se pueda extrapolar a otros casos y tipos de tumor. 

Los investigadores consultados lamentan el “espectáculo” ofrecido con la filtración. “Se ha comercializado un hecho científico y la ciencia no es un iPhone”, dice la jefa del Grupo de Investigación en Melanoma y otros tumores cutáneos del Vall d'Hebron Instituto de Oncología en Barcelona, Eva Muñoz Couselo, que también asistió al congreso. “Se ha generado una confusión en las expectativas, cuando el estudio es positivo y es un avance muy importante en oncología”.

“Generar expectativas tiene una parte positiva porque hay pacientes que encuentran un punto de esperanza, pero tiene una parte negativa porque hay que ser muy claro y no generar esperanza más allá de lo que es verdad”, comenta el jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, Manel Juan. Considera que es lo que hizo Moderna en agosto “con un comunicado que era muy genérico”.

Nada de esto implica que el hallazgo no sea importante. “No cabe duda que estamos ante uno de los avances más prometedores de los últimos años en el tratamiento del melanoma, porque es la primera vez que se demuestra que una vacuna terapéutica personalizada para el tumor de cada paciente mejora de manera significativa los resultados que ofrecía la inmunoterapia sola”, asegura Muñoz Couselo. 

La expectación queda clara si tenemos en cuenta que otras farmacéuticas no han tenido éxito con la misma tecnología. BioNTech detuvo en agosto su ensayo clínico con una vacuna de ARNm contra el cáncer colorrectal después de que un análisis independiente mostrara que el tratamiento no iba a tener éxito.

El matiz de los porcentajes

El estudio INTerpath-001 era un ensayo clínico en fase 3 con 1137 pacientes de 157 centros, quienes tenían un riesgo muy elevado de reincidencia y a los que se les había extirpado quirúrgicamente el melanoma. El tratamiento consistió en administrar una vacuna terapéutica personalizada elaborada a partir del tumor de cada paciente (intismeran) junto con inmunoterapia (pembrolizumab). La reducción en el riesgo de recidiva o muerte fue del 42% tras dos años de seguimiento. 

Este porcentaje fue inferior al 59% de reducción en la aparición de metástasis distales que había mostrado un ensayo en fase 2 previo. Además, la reducción del 42% se produce sobre unos resultados que ya eran buenos: si el 70% de los pacientes tratados solo con la inmunoterapia estuvieron libres de recaída, el 82% de los que también recibieron la vacuna quedaron libres de reincidencia.

“Se reduce el riesgo un 42% en una situación en la que partes del 70% [de pacientes sin recaída]. Es difícil aumentar algo que ya es bueno, porque la supervivencia ya era buena”, aclara Soengas. Sin embargo, Juan recuerda que “para cada paciente que se pueda curar” el resultado “es excepcional”, por mucho que a nivel global los porcentajes sean matizables.

Muñoz Couselo invita a verlo de otra forma: “Lo que había ya era buenísimo y superarlo era muy difícil, pero este estudio lo ha conseguido”. Antes de que se aprobaran los primeros tratamientos con inmunoterapia contra el melanoma en 2010 la mortalidad era cercana al cien por cien.

Una vacuna para pacientes muy específicos

El término “vacuna” se asocia a prevención. Sin embargo, no es así con todas: algunas, como las de la rabia y el tétanos, pueden darse tras la exposición al patógeno. Algo similar sucede con la terapia de Moderna contra el melanoma, que es personalizada para el tumor de cada paciente.

“Se llama vacuna porque se inyectan intramuscularmente unas vesículas con 34 secuencias alteradas del paciente [neoantígenos] para que se monte una respuesta inmunitaria que llegue al tumor”, explica Soengas. Así, en lugar de atacar directamente a la célula tumoral como ocurre en la quimioterapia, “el sistema inmunitario queda listo para reconocer las células tumorales que estén diseminadas por el organismo”.

De nuevo, el hallazgo tiene un matiz. No es una vacuna para prevenir el melanoma, pero, dice Soengas, tampoco “para tratar estadios avanzados”. En esta terapia “se tratan fases muy iniciales en las que la carga tumoral es baja” tras la cirugía. Esto es importante porque “el melanoma es muy agresivo y la inmunoterapia no funciona bien en el 40% de los casos, por lo que hay mucho interés en pacientes en fases avanzadas aunque estas vacunas no estén pensadas para ellos”.

Las incógnitas con el seguimiento, el acceso y la logística

El ensayo siguió a los pacientes durante 24 meses, por lo que habrá que esperar hasta ver cómo evoluciona la supervivencia de los pacientes tras cinco o diez años. 

El tiempo también dirá si los resultados obedecen realmente a los neoantígenos inyectados como parte del tratamiento. En un artículo publicado en Science la investigadora de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, Inge Marie Svane señaló que un reciente estudio sugirió que las vacunas de ARNm contra la covid-19 también ayudaban al sistema inmunitario de los pacientes a encontrar tumores. Esto implica que podría ser el ARNm y las nanopartículas lipídicas en las que está encapsulado los que expliquen los beneficios de la vacuna.

Otras incógnitas son las de la accesibilidad, coste, logística y efectos secundarios. “Es una nueva tecnología muy específica que requiere una infraestructura que no tenemos en este momento: hay que coger el tumor, secuenciarlo, seleccionar los antígenos, fabricar la vacuna y que esta llegue al paciente”, comenta Muñoz Couselo. De aprobarse el tratamiento por parte de agencias reguladoras, los sistemas sanitarios tendrán que evaluar si el avance es costoefectivo o, dicho de otra forma, si vale lo que cuesta.