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Las farmacéuticas del covid se reinventan para sobrevivir: nuevas vacunas y medicamentos antiobesidad

Sergio Ferrer

10 de octubre de 2026 22:10 h

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En una época cada vez más lejana, y durante un breve período de tiempo, las personas más buscadas del planeta no eran los CEO que hoy controlan la inteligencia artificial, sino los de algunas farmacéuticas. En plena pandemia del covid-19, dependía de estas compañías que hubiera o no vacunas que devolvieran el mundo a la normalidad. En octubre de 2020, estos fármacos entraban en una fase decisiva: la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) empezaba a evaluar las de AstraZeneca/Oxford y Pfizer/BioNTech, mientras Moderna completaba el reclutamiento de pacientes para su ensayo clínico en fase III. Seis años después, ¿qué ha sido de estas tres empresas? ¿Qué nos dicen sobre la evolución del sector farmacéutico desde entonces?

Para la investigadora en políticas farmacéuticas del Instituto de Medicina Tropical de Amberes (Bélgica), Belén Tarrafeta, lo que más ha cambiado desde 2020 es la percepción que se tiene de los medicamentos. Tras la pandemia “el medicamento ha dejado de verse únicamente como un producto sanitario y comercial y ha pasado a considerarse también un bien estratégico, relacionado con la seguridad, la soberanía nacional o regional y la autonomía”, afirma Tarrafeta. “Esta nueva mirada está cambiando la geopolítica en torno al medicamento”.

Cuatro farmacéuticas —Pfizer, BioNTech, Moderna y Sinovac— llegaron a ganar 90.000 millones en 2021 y 2022, según un informe del Centro para la Investigación de las Corporaciones Multinacionales SOMO publicado en febrero de 2023. No fue el caso de AstraZeneca, que anunció que vendería su vacuna sin ánimo de lucro: el análisis confirmó que “como mucho” obtuvieron “beneficios reducidos”.

Las empresas inflaron los precios —que fueron aumentando entre 2020 y 2022— y se beneficiaron de los llamados “acuerdos de compra anticipada”, a pesar de haber recibido miles de millones de dólares en financiación pública

El informe también concluía que las empresas inflaron los precios —que fueron aumentando entre 2020 y 2022— y se beneficiaron de los llamados “acuerdos de compra anticipada”, a pesar de haber recibido miles de millones de dólares en financiación pública. Como resultado, el acceso a las vacunas no fue equitativo entre países.

Sin embargo, para Tarrafeta fue otra farmacéutica, Sanofi, la que inició los recelos que llevaron a la búsqueda de una mayor seguridad y soberanía. “Cuando [esta empresa] era todavía una de las favoritas en la carrera por desarrollar una vacuna, su CEO en Estados Unidos anunció que las primeras dosis serían para ese país. El hecho de que una multinacional francesa pudiera dejar atrás a Europa fue lo que despertó a [el presidente de Francia] Emmanuel Macron y catalizó la puesta en marcha del mecanismo europeo de compras conjuntas, con sus múltiples tropiezos”.

“A pesar de los vaivenes de aquellos meses, en Europa terminó consolidándose sobre todo el relato del éxito científico y político”, dice Tarrafeta, una visión de la historia que considera “muy parcial” debido a que la cronología de los acontecimientos a escala mundial “fue bastante menos gloriosa”. Por otro lado, asegura que el Sur Global no hizo la misma lectura, al ver que “unos pocos países acumulaban contratos suficientes para vacunar varias veces a toda su población, mientras otros no tenían acceso, numerosos países de renta media accedían a precios más elevados que el Norte Global o bajo condiciones completamente abusivas”.

Desde África a Europa, los países tomaron buena nota de todo esto. “De esa experiencia salen varios de los grandes cambios que estamos viendo ahora”, asegura Tarrafeta.

Estas transformaciones pueden resumirse en tres: en África, la búsqueda de una mayor soberanía productiva; en Europa, la búsqueda de una mayor seguridad del suministro y una menor dependencia del exterior; y en América, la estrategia de Trump para que Estados Unidos no pague por los medicamentos precios superiores a los de otros países. Hoy podemos analizarlas a través de algunas de las farmacéuticas que más dieron que hablar durante la pandemia: Moderna, AstraZeneca y Pfizer.

Moderna: continúan las vacunas de ARNm, pero no en África

“En África, la fabricación local de vacunas y medicamentos ha pasado de ser una aspiración bastante marginal a convertirse en una prioridad política continental”, explica Tarrafeta. “Ya no se habla solamente de construir fábricas, sino también de regulación, transferencia tecnológica, personal cualificado, financiación, compras y creación de una demanda suficiente para que esa producción sea viable”.

Los ambiciosos esfuerzos se han topado con dificultades importantes. En 2022, Moderna anunció sus planes para construir una fábrica de vacunas de ARNm en Kenia, con una inversión de 500 millones de dólares que permitiría suministrar hasta 500 millones de dosis anuales al continente. Dos años después, en 2024, la farmacéutica informaba de que había “pausado” el proyecto ante la caída en la demanda de las vacunas contra la covid-19.

La tecnología de ARNm tiene un potencial milmillonario y Moderna sigue apostando por ella, solo que de momento lejos de África y con enfermedades que ya no sean la covid-19. A finales de agosto de 2026 la empresa, junto con Merck, comunicó mediante una nota de prensa el éxito preliminar del ensayo en fase III de su vacuna personalizada contra el melanoma.

Sus acciones se dispararon un 177% tras el anuncio y hoy su capitalización bursátil roza los 80.000 millones de dólares, menos de la mitad de los más de 180.000 que llegó a valer en el momento álgido de la pandemia. “Es algo importante para Moderna, que ha estado buscando un plan de negocio sostenible después de que la vacunación contra la covid-19 no se convirtiera en un requisito anual para la mayoría de la población”, resumía a la perfección el Financial Times, que consideraba que el frenesí inversor tiene más que ver con el potencial del mercado de las vacunas contra el cáncer que con unos resultados preliminares y con letra pequeña.

AstraZeneca: el plan de Trump para que Europa pague más

La estrategia de Trump de aplicar precios de “nación más favorecida” pretende que Estados Unidos no pague más por los fármacos de lo que lo hacen otros países comparables. “Esto puede tener un impacto sobre el precio de los medicamentos innovadores en todo el mundo”, advierte Tarrafeta. En su opinión, “esta política refleja que el poder de las compañías farmacéuticas para fijar y negociar los precios, que hasta ahora apenas se cuestionaba en determinados ámbitos, empieza a resultar incómodo incluso para los países que tradicionalmente lo aceptaban”.

AstraZeneca ha hecho gala de ese poder durante las negociaciones con Trump. Fue una de las farmacéuticas que presionaron a Reino Unido posponiendo o cancelando inversiones para que el Gobierno aumentara el gasto en los medicamentos. En su caso, anunció que pausaría una inversión de 200 millones de libras para expandir sus operaciones en Cambridge. Una vez se alcanzó un acuerdo para elevar el presupuesto, la compañía anunció que retomaría sus inversiones por valor de 300 millones de libras.

El pacto, anunciado el 1 de diciembre de 2025, implicaba que Reino Unido rebajaría el umbral de costoefectividad con el que evalúa qué medicamentos vale la pena pagar. En otras palabras, el país gastaría más al financiar fármacos que antes hubiera descartado. El primer ejemplo fue el de un fármaco de AstraZeneca contra una forma rara de cáncer de mama, Enhertu, cuya aprobación fue anunciada el mes pasado después de que el organismo responsable de la decisión (NICE, por sus siglas en inglés) lo rechazara en 2024.

AstraZeneca fue el ‘patito feo’ de la pandemia: la EMA terminó retirando su autorización de comercialización en 2024 a petición de la propia empresa, que ya no la fabricaba

Algunos investigadores se han preguntado de dónde saldrá el dinero extra que conlleva el acuerdo. “Asignar 9.000 millones de libras adicionales a nuevos medicamentos significa que habrá 9.000 millones de libras menos disponibles para otros servicios sanitarios del NHS”, aseguraba el profesor titular de Economía de la Universidad de York, James Lomas. Y advertía: “Desviar recursos a esta escala provocaría pérdidas sustanciales en la salud de la población”.

Todo este poder de presión fue posible pese a que la vacuna de AstraZeneca fue el ‘patito feo’ de la pandemia: la EMA terminó retirando su autorización de comercialización en 2024 a petición de la propia empresa, que ya no la fabricaba. Sin embargo, y a diferencia de Moderna y Pfizer, la farmacéutica no notó el fin de la emergencia sanitaria. En 2026 sus acciones alcanzaron máximos históricos por su presencia en mercados como los muy lucrativos fármacos contra enfermedades raras. Estos últimos suponen una parte importante de su cartera: en 2025 representaron el 16% de sus 58.000 millones de dólares de ingresos, que esperan aumentar a 80.000 para 2030.

Pfizer: el intento de los fármacos antiobesidad

El comportamiento de Pfizer fue de los más criticados durante la pandemia. Por ejemplo, Tarrafeta recuerda que “llegaron a exigir a los gobiernos que renunciaran parcialmente a su inmunidad soberana y ofrecieran determinados activos públicos como garantía para cubrir posibles indemnizaciones relacionadas con las vacunas”.

La empresa también tuvo que comparecer en el Parlamento Europeo en 2022 para dar explicaciones sobre las irregularidades en los acuerdos de las compras de vacunas y el llamado escándalo de los SMS, por el que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, había estado negociando una segunda tanda de vacunas con el CEO de la empresa por este canal y a un precio superior que el de la primera.

La vacuna de Pfizer había sido la más vendida, con 35.000 millones de dólares de beneficios netos en 2021 y 2022 según el análisis de SOMO. En 2023 la situación ya había cambiado. Hoy Pfizer es cuestionada por los inversores debido a las caídas en las ventas de las vacunas de la covid-19 y a la falta de nuevos productos. Esto, pese a que ha intentado introducirse en el sector de los fármacos contra la obesidad mediante la compra de la startup Metsera por 10 000 millones de dólares a finales de 2025.

“Hay que felicitarles por la vacuna contra la covid-19, pero, más allá de eso, no hay mucho más que permita destacar realmente una línea de I+D exitosa”, comentaba al Financial Times un gestor de fondos de valor.

Sin embargo, la Unión Europea no olvidó la dependencia creada con Pfizer durante la pandemia y ha tomado cartas en el asunto. “[En Europa] se empieza a asumir que comprar siempre al precio más bajo puede generar cadenas de suministro extremadamente frágiles”, comenta Tarrafeta al respecto de las reformas en la legislación farmacéutica europea. “La compra pública ya no debería valorar únicamente el precio, sino también la diversificación de proveedores, la seguridad del suministro y la localización de determinadas capacidades productivas”.