Un pacto entre Podemos y el Frente Amplio duplicaría sus opciones para las generales
La unidad de la izquierda no nacionalista más allá del PSOE es prácticamente condición sine qua non para que los partidos progresistas tengan alguna opción de evitar que el bloque de derecha y extrema derecha formado por PP y Vox alcance la Moncloa en las elecciones generales del 29 de noviembre. Si se producirá o no esa unidad es aún una incógnita que podría no resolverse hasta el próximo viernes a las 23.59 horas, cuando vence el plazo legal para registrar coaliciones. Pero el funcionamiento del sistema electoral no perdona: la división de unas izquierdas en horas bajas sería letal tanto para ellas como para el bloque progresista en su conjunto.
Los datos analizados por elDiario.es a partir de las últimas encuestas para las elecciones generales y tomando como referencia la fuerza que tuvo Sumar en cada provincia en los comicios de 2023 —en los que Podemos concurrió unido a IU, Movimiento Sumar, Más Madrid o los Comuns, así como a otros partidos de ámbito territorial— son muy claros. Por separado, el Frente Amplio —la nueva marca de los partidos de Sumar— obtendría ocho diputados y Podemos, tan solo dos. Pero compartiendo una única candidatura, ambas formaciones podrían dispararse hasta los 20 escaños, el doble. Aunque, en cualquier caso, no es suficiente para arrebatarle la mayoría absoluta a PP y Vox, según estas estimaciones.
El cálculo tiene los inconvenientes inevitables: la estimación asume que todos los electores que votarían a las dos listas por separado también apoyarían una unitaria, y también que el espacio no independentista a la izquierda del PSOE mantendría el mismo nivel de fuerza en cada provincia que ya tuvo en los últimos comicios. Para dividir el voto de Sumar de 2023 entre el Frente Amplio y Podemos, se toma como referencia cómo se repartieron en cada provincia en las elecciones europeas de 2024. Y, en el escenario conjunto, la candidatura de Frente Amplio y Podemos parte del resultado de Sumar en 2023 y suma exactamente los votos que las encuestas dan a ambos partidos. Se trata de una proyección central, sin el margen de error de las encuestas, y no tiene en cuenta posibles cambios de participación ni los votos que una coalición podría ganar o perder respecto a la suma de sus partidos.
En cualquier caso, y asumiendo que se trata de probabilidades, el cálculo es claro: a la izquierda le conviene mucho más ir unida que partida en dos a las elecciones porque el sistema electoral penaliza la división en casi todas las provincias de España, más cuanto menos poblada esté la circunscripción. Esas provincias pequeñas están sobrerrepresentadas en el Congreso en relación a su población, pero como aún así eligen pocos escaños —en términos absolutos—, la ley tiende a concentrar el reparto de diputados entre las fuerzas con mayor porcentaje de voto y, para optar a un acta, el porcentaje requerido suele ser muy elevado.
El sistema electoral favorece a las provincias pequeñas y menos pobladas
Comparación entre el porcentaje de población y el porcentaje de escaños de cada provincia por grupos de cara a las elecciones generales del 23J
Fuente: Ministerio de Interior, INE
Legalmente, la barrera electoral para entrar al reparto de diputados en una provincia es del 3%: las formaciones que obtienen menos de ese porcentaje de votos no se tienen en cuenta a la hora de hacer los cálculos mediante el sistema D'Hondt. Pero, en la práctica, la mayoría de las circunscripciones requieren porcentajes mucho más altos de voto para obtener escaños. En 2023, por ejemplo, Sumar logró un diputado por los pelos en Murcia con un 9,6% de los votos, puesto que la barrera de entrada de situó en el 8,9%: con ocho décimas menos, ese escaño hubiera ido a parar a otra fuerza con diputados y todo el voto a la izquierda alternativa se hubiera quedado sin representación.
Concurriendo cada una por su cuenta, el Frente Amplio y Podemos tendrían imposible —siempre según los datos de la media de las encuestas publicadas hasta el momento— alcanzar las barreras efectivas de voto para conseguir escaño en la inmensa mayoría de las circunscripciones. Podemos tan solo lograría entrar al Congreso por Madrid y Barcelona, con un escaño en cada una. El Frente Amplio, por su parte, lograría tres en Madrid, dos en Barcelona, uno en València (tomando en cuenta que Compromís acabe formando parte de la alianza), otro en Alicante y uno mas en Sevilla.
Por el contrario, unidos en una sola lista, las perspectivas se aclaran algo para la izquierda alternativa. En una candidatura conjunta, el Frente Amplio junto a Podemos lograrían tener representación en nada menos que siete provincias que, en caso de listas separadas, les estarían vedadas: Balears, Cádiz, A Coruña, Málaga, Asturias, Pontevedra y Bizkaia. Además de lograr un diputado en cada una de ellas, el Frente Amplio ganaría un diputado extra en Madrid (se situaría en cinco), Barcelona (quedaría con cuatro) y València (pasaría de uno a dos).
Y no solo a la izquierda alternativa le conviene el escenario de la candidatura unitaria: a todo el bloque progresista, en conjunto, le beneficiaría. De los diez diputados que ganaría una alianza del Frente Amplio con Podemos en compración con las listas separadas, cinco se los quitaría al PP, uno a Vox y otro al PNV. Tan solo tres los perdería el PSOE a manos del espacio que está a su izquierda.
Aliarse en una lista conjunta también ayudaría a la izquierda alternativa a solucionar algunos de los problemas que está teniendo en el reparto de las listas electorales. Los cuatro principales actores del Frente Amplio —a la espera de Podemos, que por ahora contempla expectante esa negociación— llevan días intentando ponerse de acuerdo en relación al reparto de posiciones de salida. Pero el escaso botín de escaños que le pronostican las encuestas si concurre por separado está dificultando enormemente llegar a un pacto, especialmente en lo relativo a las candidaturas de Madrid y Barcelona, como ya publicó elDiario.es.
Por el contrario, con una candidatura unitaria del Frente Amplio junto a Podemos, los puestos de salida se multiplican. Y, aunque habría que dar cabida a una formación más en las listas —la morada—, se abrirían nuevas opciones para encajar el puzle. La posibilidad de lograr escaños en A Coruña, Pontevedra, Bizkaia o Asturias permitiría aligerar la sobrecarga de las candidaturas de Madrid y Barcelona y situar en puestos de salida de esas circunscripciones —en las que el Frente Amplio no cuenta con partidos territoriales que quieran controlar las listas— a partidos de ámbito estatal como IU, Podemos o Movimiento Sumar. Lo mismo ocurriría con la posibilidad de lograr acta en Málaga o Cádiz, donde IU es indudablemente el partido más fuerte del Frente Amplio.
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