Más de 8.000 restos de insectos revelan el pasado oculto de una cueva funeraria de Gran Canaria: antes fue un granero

Durante siglos, miles de pequeños restos permanecieron conservados entre los materiales de la cueva de Cruz de la Esquina, en Acusa Seca, Gran Canaria. Ahora, el análisis de más de 8.000 restos de artrópodos ha permitido reconstruir parte de la historia de este yacimiento y descubrir que su función cambió con el paso del tiempo: antes de albergar enterramientos fue utilizado para almacenar alimentos.

La investigación, publicada en la revista científica Antiquity, ha sido liderada por Pedro Henríquez-Valido, investigador de la Universidad de Alcalá, junto a especialistas de la Université de Bordeaux, el Muséum national d'histoire naturelle de Francia y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El trabajo sitúa la utilización funeraria de la cueva entre los siglos VII y IX d. C., pero las evidencias encontradas apuntan a una actividad anterior muy diferente.

Los insectos que quedaron junto al grano

La clave para conocer ese primer uso estaba en algunos de los restos más pequeños del yacimiento. Entre los artrópodos identificados aparecen gorgojos y otros insectos relacionados con el almacenamiento de cereales. Su cantidad es demasiado elevada para explicarse únicamente por la presencia de pequeñas ofrendas de alimentos junto a los fallecidos, según los investigadores.

Esa concentración indica que en Cruz de la Esquina se guardaron cantidades importantes de grano antes de que la cavidad adquiriera una función funeraria. El lugar habría pasado así de formar parte de las actividades de almacenamiento de la población indígena de Gran Canaria a convertirse posteriormente en un espacio destinado a depositar a los muertos.

El hallazgo también obliga a mirar de otra manera otros espacios similares de la isla. Los graneros más antiguos y sencillos se han identificado tradicionalmente como cavidades sin silos excavados, mientras que posteriormente aparecieron estructuras más complejas. Cruz de la Esquina plantea la posibilidad de que algunos de esos antiguos graneros hayan pasado inadvertidos al ser interpretados únicamente como cuevas funerarias.

Qué ocurrió con los cuerpos después de la muerte

Los insectos no solo han dejado pistas sobre lo que sucedió antes de los enterramientos. Entre los restos analizados también se han identificado especies relacionadas con el proceso de descomposición de los cadáveres, una información que permite aproximarse a cómo fueron tratados los cuerpos de quienes terminaron depositados en la cueva.

Los resultados indican que los cadáveres fueron introducidos en el interior relativamente poco tiempo después de la muerte. Esta evidencia cuestiona interpretaciones anteriores según las cuales algunos cuerpos podrían haber permanecido durante periodos prolongados en el exterior o haber sido expuestos al sol antes de trasladarlos a las cavidades funerarias.

La conservación del yacimiento ha sido fundamental para obtener esta información. Además de restos humanos, en la cueva han sobrevivido materiales orgánicos como madera, fibras vegetales, cuero y cuerda, elementos que no siempre llegan hasta nuestros días y que permiten reconstruir con mayor detalle las actividades desarrolladas en estos espacios.

Cruz de la Esquina muestra así que una cueva podía cambiar completamente de función con el paso del tiempo. Un mismo espacio sirvió primero para almacenar alimentos y después para enterrar a los muertos, dos usos muy diferentes que quedaron registrados en unos restos de insectos que durante siglos formaron parte del depósito arqueológico.