El ADN desmonta décadas de teorías: el supuesto chamán de Stonehenge era una mujer orfebre de la Edad del Bronce
Las personas acudían al chamán cuando una enfermedad, una muerte o un cambio difícil alteraba la vida del grupo y exigía una respuesta ritual. El chamán ejercía como mediador con fuerzas espirituales, dirigía ceremonias, interpretaba señales y podía recurrir a cantos, plantas, trance o curaciones según las creencias de cada comunidad.
Sus supuestos poderes procedían de la fe depositada en esas prácticas, ya que no existe una capacidad sobrenatural demostrada que permita equipararlo con un mago de ficción. Tampoco era necesariamente un hombre, porque distintas culturas asignaron ese papel a mujeres y hombres, mientras la arqueología antigua tendió durante mucho tiempo a atribuir autoridad ritual y oficios especializados al sexo masculino.
Los huesos revelaron un trabajo ligado a la orfebrería
Esa atribución tradicional acaba de quedar corregida en uno de los enterramientos más conocidos de la Edad del Bronce británica. Según The Guardian, el laboratorio de genómica antigua del Francis Crick Institute extrajo ADN del cráneo, un diente y un hueso de un dedo del pie de la persona enterrada en Upton Lovell.
Las tres muestras presentaron cromosomas XX y descartaron que los restos pertenecieran a más de un individuo, por lo que la persona descrita durante dos siglos como chamán y artesano en un enterramiento situado cerca de Stonehenge era una mujer.
Los huesos permiten acercarse también al esfuerzo físico que acompañó su oficio. Murió después de los 45 años y medía unos 1,65 metros, una altura elevada para una mujer de aquel periodo. La artritis afectaba a la muñeca derecha y dejaba libre la izquierda, un patrón que los investigadores relacionan con años de movimientos repetidos al utilizar herramientas para trabajar metales.
Parte de esa actividad salió a la luz cuando Colin Shell, investigador de la Universidad de Cambridge, recuperó nuevos restos durante una excavación realizada en 2000. Varias piedras presentaban rastros de oro, lo que llevó a considerar que aquellos utensilios habían intervenido en la elaboración de adornos y piezas finas.
Un estudio publicado en 2022 precisó la función del ajuar. Las cuatro esponjas fósiles ahuecadas pudieron servir como recipientes para adhesivos, mientras el hacha de piedra se habría reutilizado para golpear y alisar láminas delgadas de oro.
David Dawson, director del Wiltshire Museum, relaciona la riqueza de esos utensilios con un conocimiento profesional avanzado: “Las personas que dejó atrás querían que llevara sus herramientas al más allá”. El conjunto incluía además punzones, sílex, una piedra de toque para comprobar la pureza del metal y una bolsa decorada con colmillos de jabalí.
Una interpretación antigua condicionó dos siglos de investigaciones
El análisis genético también apunta a una ascendencia campaniforme, habitual en Gran Bretaña durante aquel periodo, aunque el estudio científico completo todavía debe publicarse. Cerca del enterramiento apareció otra sepultura con un esqueleto sentado, interpretado antiguamente como la esposa del supuesto chamán, pero esos restos se perdieron y ya no pueden examinarse.
La historia había comenzado a torcerse mucho antes de que llegara el ADN. El arqueólogo inglés William Cunnington excavó la tumba a comienzos del siglo XIX y, guiado por el tamaño de los huesos, describió al individuo como un hombre corpulento.
Esa identificación condicionó durante más de 200 años las investigaciones y las vitrinas de museo, donde llegó a representarse como un líder espiritual barbudo. El ajuar reforzó aquella lectura porque contenía un hacha, herramientas para el metal y una capa ceremonial formada por huesos de animales perforados.
Una exposición mostró el cambio gracias al ADN antiguo
La exposición We Go Way Back, instalada en el Francis Crick Institute de Londres, presenta ahora el cambio de identidad junto con otros avances del ADN antiguo. Pontus Skoglund, responsable principal del laboratorio que realizó las pruebas, explica el alcance de esta disciplina: “El campo del ADN antiguo ha aumentado enormemente su capacidad técnica durante las dos últimas décadas y ahora ofrece respuestas a cuestiones que antes resultaban inaccesibles”.
Mary Beard, clasicista y miembro del grupo asesor de la muestra, recuerda que muchas identificaciones antiguas nacieron de asociar espadas con hombres y collares con mujeres. El caso de Upton Lovell obliga a revisar ese criterio y confirma que una mujer pudo ejercer un oficio prestigioso ligado al oro y ocupar una posición ritual elevada en la Gran Bretaña de hace 4.000 años.