Un burro con alas y un león con cabeza de perro: así nació el universo fantástico de los alebrijes mexicanos
Los cocodrilos inspiran figuras de hocicos largos y colas escamosas, pintadas con colores ajenos a su aspecto natural. Estas representaciones forman parte de los alebrijes, esculturas mexicanas que pueden adoptar el aspecto de animales salvajes o domésticos. Entre sus modelos aparecen jaguares, leones, serpientes, búhos, venados y perros, a menudo provistos de alas, cuernos o partes de otras especies.
Los felinos y reptiles pueden parecer especialmente feroces por sus garras y colmillos, mientras otras figuras presentan expresiones amistosas. Su docilidad o agresividad pertenece únicamente a la apariencia que decide representar cada artesano, porque los alebrijes son criaturas imaginarias y carecen de comportamiento propio.
Los relatos de Linares relacionan imaginación y trabajo artesanal
Estas bestias recibieron su nombre gracias al trabajo de Pedro Linares López, un artesano dedicado a la cartonería en Ciudad de México. Linares fabricaba piñatas, máscaras y figuras destinadas a la tradicional quema de Judas, utilizando materiales ligeros que podía moldear. Durante la década de 1930 comenzó a elaborar animales fantásticos de colores intensos, y aquella nueva línea de trabajo acabaría identificándose con su nombre.
Las esculturas originales de Linares se construían mediante cartonería, una técnica que permite levantar cuerpos voluminosos utilizando papel y engrudo. El artesano formaba una estructura de alambre, añadía capas de periódico y cartón y dejaba secar la pieza antes de trabajar sus detalles.
Sobre una base de pintura blanca aplicaba después colores intensos, puntos y rayas, con los que distinguía cada criatura. El procedimiento permitía fabricar alas, cuernos y cabezas desproporcionadas sin recurrir a animales reales como modelos completos.
La imaginación de Linares tiene además una historia de origen vinculada a una enfermedad que sufrió cuando tenía 30 años. Según el relato difundido sobre el artesano, una fiebre intensa lo llevó a soñar con un bosque poblado por criaturas desconocidas.
Entre ellas aparecían un burro con alas de mariposa y un gallo con cuernos de toro, mientras varias voces repetían la palabra alebrijes. Tras recuperarse, Linares habría reproducido aquellas figuras con los materiales que ya utilizaba en su oficio, dando forma a sus primeros diseños.
La producción de alebrijes creció entre reconocimientos y necesidades forestales
El reconocimiento de Linares también alcanzó instituciones culturales y artistas que comenzaron a interesarse por sus figuras fantásticas. Diego Rivera y Frida Kahlo encargaron piezas al artesano, y algunas de las destinadas a Rivera se conservan en el Museo Anahuacalli. En 1990 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México por su aportación a las artes populares. Tras su muerte en 1992, sus descendientes continuaron fabricando figuras de cartón y papel maché en talleres familiares de Ciudad de México.
La posibilidad de representar criaturas fantásticas también encontró una vía distinta en los talleres de madera de Oaxaca. El artesano Manuel Jiménez, de San Antonio Arrazola, fue uno de los pioneros en trasladar esa imaginación a figuras talladas en copal.
A diferencia de las piezas de cartón, las esculturas oaxaqueñas parten de madera trabajada con herramientas y posteriormente decorada mediante pintura minuciosa. La producción se extendió a San Martín Tilcajete y La Unión Tejalapan, donde distintas familias desarrollaron estilos propios y una actividad comercial especializada.
El crecimiento de los talleres oaxaqueños convirtió la madera de copal en un recurso esencial para numerosas familias dedicadas a la talla. Mayan Copal señala que la demanda artesanal ha contribuido a reducir las poblaciones locales de estos árboles, pese a los esfuerzos de reforestación y gestión.
Esta reducción de los árboles disponibles amenaza el abastecimiento de madera de los talleres y, con ello, los ingresos de los artesanos de comunidades como San Martín Tilcajete. Por este motivo, la conservación del copal resulta fundamental para garantizar la continuidad de la producción artesanal de estas esculturas.
La difusión cultural transformó la presencia pública de los alebrijes
La difusión de aquellas figuras creció gracias a iniciativas culturales que llevaron el trabajo artesanal ante públicos cada vez más amplios. La cineasta británica Judith Bronowski dedicó un documental a Linares en 1975 y posteriormente organizó demostraciones de artesanía mexicana en Estados Unidos.
En Ciudad de México, el Museo de Arte Popular comenzó en 2007 a organizar desfiles de alebrijes monumentales por el centro histórico. Algunas construcciones alcanzan varios metros de altura y trasladan a las calles una tradición nacida en los talleres.
La apariencia sobrenatural de estas esculturas adquirió otra función en Coco, la película de Pixar estrenada en 2017. Allí los alebrijes aparecen como seres vivos que acompañan a las almas y ayudan a desplazarse por el mundo de los muertos.
Pepita, una enorme criatura felina con alas, protege a la familia de Miguel, mientras el perro Dante, que durante toda la película acompaña al joven protagonista, acaba transformándose en un guía colorido. La película incorporó así una función espiritual creada para su argumento, diferente del origen artesanal de estas figuras mexicanas.