Antiguo vertedero de 10 hectáreas, hoy es un precioso paraje desde el que ver la ría de Vigo y las islas Cíes
De antiguo vertedero contaminante a paraje de ensueño y futuro parque metropolitano, los terrenos de O Zondal han experimentado una extraordinaria transformación ambiental en la pequeña localidad viguesa de Valadares. Lo que durante más de dos décadas acumuló basura doméstica e industrial bajo un manto de hasta cien metros de altura, se presenta hoy como una explanada verde de diez hectáreas que actúa como balcón privilegiado hacia la ría de Vigo y las islas Cíes. Bajo esta bucólica estampa donde pastan vacas y caballos junto al monte Alba, yacen miles de toneladas de residuos sometidos a un proceso de sellado definitivo que culmina tras tres décadas.
La historia del enclave comenzó a ser crítica a principios de los años noventa, cuando el recinto alcanzó el límite de su capacidad operativa al procesar a diario 350 toneladas de desperdicios en Vigo. De este volumen urbano, cerca de 150 toneladas eran destinadas a la planta incineradora anexa, mientras la fracción restante se depositaba sobre el terreno sin impermeabilizar. Esta saturación continuada convirtió el paraje en un polvorín de contaminación donde se acumulaban 150 toneladas de materia orgánica en descomposición constante. Los lixiviados tiñeron de negro los manantiales subterráneos y arroyos de Matamá, Comesaña, Freixo, Coruxo y Valadares.
La precariedad de O Zondal generó serios problemas de seguridad e intensas protestas ciudadanas por el constante riesgo medioambiental. En el verano de 1990 se registraron más de quince incendios y explosiones en los hornos, obligando a amontonar más desechos a cielo abierto. La tensión estalló en 1994, cuando los vecinos de Valadares levantaron barricadas para impedir el paso de camiones, desencadenando cargas policiales con heridos y detenidos. El vertedero era frecuentado por personas que buscaban chatarra, registrándose en 1995 la trágica muerte de una mujer aplastada por una máquina, además de desprendimientos en los taludes.
El proceso de clausura arrancó entre 1994 y 1995, cuando el Concello de Vigo acordó ser el primero de Galicia en erradicar su basurero e incineradora para integrarse en el Plan Sogama. La empresa encargada ejecutó el sellado de las diez hectáreas mediante capas de piedras, plásticos y una lámina superior de polietileno diseñada para frenar la entrada de agua. Para gestionar el metano derivado de la desintegración subterránea, se instaló una estación de desgasificación equipada con una chimenea de combustión. Al mismo tiempo, se implantó el transporte de contenedores comprimidos desde la empacadora de Guixar a Cerceda, reciclando el material.
Siguiendo la normativa ambiental autonómica establecida en la Orden del 20 de julio de 2009, la fase de posclausura exigía un período mínimo de treinta años de vigilancia técnica continuada antes de autorizar cualquier uso. Durante estas tres décadas, los servicios municipales mantuvieron controles mensuales de los biogases emanados, comprobando una progresiva reducción de la actividad en el subsuelo. Con el paso del tiempo, la caseta de desgasificación dejó de emitir humo y la llama metánica se extinguió de forma definitiva al agotarse las emanaciones. La naturaleza fue colonizando paulatinamente las colinas recuperadas, convirtiendo la zona en un remanso costero.
¿Un último estudio?
La Consellería de Medio Ambiente y Calidade Ambiental ha llegado a emitir un informe favorable en el marco del Plan General de Ordenación Municipal (PGOM), confirmando que en Vigo ya no queda ningún metro de suelo contaminado. Cumplido con éxito el plazo reglamentario de tres décadas de descontaminación, la Administración gallega certificó que el terreno reúne los requisitos ambientales necesarios para su reutilización. No obstante, el órgano competente recordó al ayuntamiento que cualquier cambio de uso deberá contar con la autorización formal previa de Calidade Ambiental. El Plan General adscribe O Zondal para un futuro parque público.
El proyecto municipal contempla la creación de un gran espacio recreativo equipado con praderas naturales, miradores y campos de fútbol, dando respuesta a una reivindicación histórica de las parroquias del entorno. Sin embargo, antes de proceder a la apertura libre al público, el Concello de Vigo deberá elaborar un estudio geológico detallado para evaluar la estabilidad estructural del suelo tras el sellado. Mientras se tramita la aprobación definitiva del documento urbanístico y las licencias correspondientes, el enclave permanece acotado por una verja donde únicamente pastan caballos, aunque parece que es cuestión de tiempo que no sean los únicos que lo disfruten.
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