Numax, la librería independiente de Santiago de Compostela premiada por su defensa de la bibliodiversidad
Una librería como excepción cultural: preocupada por la diversidad bibliográfica, atenta a las editoriales independientes, con espacio para los géneros pobres, integrada en su territorio, abierta a la conversación, un lugar para escuchar otras voces. Algo de esto ha visto el jurado del Premio Librería Cultural —lo recoge el fallo— en la cooperativa Numax, de Santiago de Compostela, cuya área dedicada a la venta de libros ha recibido el galardón otorgado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías con soporte del Ministerio de Cultura. “Una librería es la puerta de entrada a muchos mundos”, sintetiza Olaia Tubío, junto a Mariña de Toro y María Villamarín una de las tres cooperativistas libreras de Numax.
Quizás por esa condición de puerta a la multiplicidad de la experiencia, la librería hace gala de su defensa de la independencia. Que es algo más que una etiqueta o un equivalente a de-pequeño-tamaño. “El cuidado en el trabajo con las editoriales independientes” es lo que, a decir de De Toro, distingue una librería independiente. “El 80% de nuestro fondo procede de ellas”, añade. La no dependencia de grandes grupos empresariales y de sus prácticas monopolísticas, como por ejemplo, los servicios de novedades y su volumen a veces inmanejable, que impide la reflexión y el reposo de los libros. “Nosotras no trabajamos con servicios de novedades completos [generalmente ofrecidos por las distribuidoras], sino que hacemos nuestra propia selección”, explica Villamarín.
Esa opción implica los gustos literarios de las libreras -antes de nada, lectoras incasables-, una curiosidad militante, pero también una posición ideológica. “Tenemos también muy claro lo que no queremos tener en la librería”, sostiene. Y lo que quieren: hay una labor de búsqueda continua y contacto con pequeños proyectos editoriales y un esmero singular respecto al ecosistema gallego. “Intentamos apoyar iniciativas que, a lo mejor, tienen menos recursos, pero nada que envidiar a otras más grandes”, apunta. Y que, además, se centran en lo que Tubío denomina con ironía “géneros pobres”: la poesía, el teatro, la traducción al gallego. En Numax, donde hay unos 10.000 libros en depósito, editoras como Chan da Pólvora o Apiario —especializadas en poesía en gallego—, Rodolfo & Priscila —un cuidado catálogo en el que domina la traducción al gallego de narrativa contemporánea—, Irmás Cartoné o Huguín e Munín —más enfocadas hacia literatura internacional no actual en gallego— o Euseino? —narrativa y ensayo filosófico— gozan de visibilidad y respaldo.
“En los balances a final de año, siempre hay por lo menos dos editoriales gallegas entre las que más vendemos”, se enorgullece Tubío. Ese fue otro de los elementos que destacó el jurado del Premio Librería Cultural, “su compromiso cultural, su biodiversidad desde lo genérico y desde la propia cuestión idiomática, siendo muy reseñable su apuesta por la lengua gallega”. Mariña de Toro lo contextualiza. “La cultura gallega tiene menos medios que la difundan. Sus empresas editoriales son más pequeñas”, dice, “por eso nos parece importante que en nuestro espacio haya lugar para esas voces, conseguir que se hable y se discuta de esos libros”. Que en Numax no solo están a la venta, sino que también son objeto de conversación e intercambio de perspectivas.
Más allá del vendaval de las novedades
María Villamarín recuerda como ejemplo la mesa que, hace unos meses, organizó la librería con motivo de la reedición de la traducción gallega del clásico catalán A praza do Diamante (Rodolfo & Priscila, original de 1962, versión de Pilar Viaboi), de Merçè Rodoreda. Hablar sobre libros al margen del vendaval de las novedades, procurar un modo de encontrarse más allá de las presentaciones usuales (que también las hay en Numax, casi cada semana). Además de adscribirse a Afinidades Electivas -un programa del Ministerio de Cultura que busca acercar escritoras y escritores en las distintas lenguas del Estado-, la librería ha puesto en marcha sus propios ciclos. El último es Papel e prata, que explora las intersecciones entre el cine y la literatura, la imagen y la palabra. Su sesión de septiembre la protagonizaron los cineastas Luis López Carrasco, autor de la monumental El año del descubrimiento, y Alejandro Gándara Porteiro, cuyo último documental, 360 curvas, filmado junto a Ariadna Silva, trata la revuelta vecinal de 1992 en A Fonsagrada.
A la inauguración de Numax, hace 11 años, se acercó Aki Kaurismäki. La librería es una de las secciones de la cooperativa, en la que también funciona un laboratorio de vídeo y diseño gráfico o una sala de cine, ubicada en el mismo local. Los principales riesgos que enfrenta son los que ensombrecen todo el sector. “El margen del libro es el que es, al tener precio fijo. Y la subida de éste no compensa el alza de los costes”, señala Villamarín. Tubío recuerda que cada año se venden más libros, la gente lee más y, sin embargo, los beneficios no suben. Pero, más allá de la coyuntura, siguen confiando en la función social de su trabajo y en la colaboración con otros eslabones de lo que se denomina cadena del libro. Las bibliotecas públicas, por ejemplo. “Son las que garantizan que todo el mundo tenga acceso a los libros sin tener que pagar”, defiende De Toro, “y las librerías tenemos que trabajar con ellas haciendo propuestas, selecciones o tramitando los pedidos a las editoriales”.
Una ciudad de librerías
Precisamente en Santiago de Compostela se encuentra una de las más activas bibliotecas públicas de la comunidad, la Ánxel Casal —el nombre es el del alcalde galleguista asesinado por fascistas en 1936—. Tiene más de 46.000 socios en una ciudad que apenas pasa de 100.000 habitantes. Y que cuenta con una activa geografía de librerías independientes, de la que Numax es uno de sus nodos. “Sí, es cierto, hay un muchas y cada una con su personalidad”, aduce Tubío.
Es el caso de la feminista Lila de Lilith, Kómic, la históricamente centrada en libro gallego Couceiro o la nutridísima Follas Novas, de tres pisos y un local adyacente. “Esa riqueza y diversidad nos retroalimenta y es buena para todas”, concluye Villamarín. De nuevo la militancia por la bibliodiversidad.
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