El casco romano de 2.000 años que parecía un cubo oxidado y escondía una extraordinaria obra de orfebrería
Las armas depositadas como ofrenda en santuarios podían sobrevivir separadas de cualquier enterramiento humano. Los guerreros morían, sus armaduras cambiaban de dueño, se fundían para fabricar otros objetos o terminaban abandonadas bajo tierra, lejos de los hombres que las habían llevado. En ocasiones, una pieza de armamento acababa en un lugar sagrado como presente para los dioses, sin que su propietario tuviera que estar enterrado allí.
El paso de los siglos hacía el resto y podía transformar un equipo militar de gran valor en un montón de metal corroído. Precisamente esa posibilidad ayuda a entender la historia de un extraordinario casco romano descubierto en Inglaterra.
El casco de Hallaton perteneció posiblemente a un oficial romano
La recuperación del casco de Hallaton, una pieza de caballería romana de unos 2.000 años de antigüedad, ha permitido conocer parte de su antigua riqueza ornamental. Su estructura de hierro estaba recubierta de plata y presentaba elementos dorados, características que apuntan a un propietario de elevada posición militar. Los trabajos de conservación y la fabricación de dos réplicas han permitido reconstruir distintas posibilidades de su aspecto original, aunque algunas partes siguen siendo difíciles de interpretar.
El lugar donde apareció esta pieza contenía indicios de actividades rituales desarrolladas alrededor del comienzo de la conquista romana de Britania. Los arqueólogos recuperaron más de 5.000 monedas de la Edad del Hierro y de época romana, recipientes de plata y numerosos huesos de cerdo.
Entre los restos recuperados también aparecieron varias carrilleras pertenecientes a otros cascos, indicio de que el depósito ritual contenía armamento de distintas procedencias. La acumulación de estos objetos llevó a interpretar el emplazamiento como un santuario donde pudieron celebrarse banquetes ceremoniales y depositarse ofrendas.
La excavación realizada en 2001 por el Hallaton Fieldwork Group y los servicios arqueológicos de la Universidad de Leicester permitió recuperar el casco en un estado verdaderamente complicado. Sus fragmentos estaban tan cubiertos de tierra y óxido que inicialmente recibió el apodo humorístico de “cubo oxidado”. Los especialistas del British Museum identificaron posteriormente su naturaleza militar y comenzaron a estudiar las piezas conservadas.
Las imágenes del casco representaban victorias militares romanas
El enterramiento del objeto coincide aproximadamente con una etapa de enfrentamientos entre Roma y las poblaciones britanas. El emperador Claudio inició la invasión en el año 43 d. C., cuando las tropas romanas comenzaron a extender su dominio por la isla. El casco pudo pertenecer a un oficial que lo entregó como ofrenda, constituir un regalo diplomático o haber sido capturado como botín de guerra. Ninguna de estas hipótesis ha podido confirmarse.
La decoración del casco ofrece información sobre la imagen del poder militar romano y sobre la destreza de sus artesanos. Una corona de laurel evocaba la victoria, mientras que la protección frontal mostraba una figura femenina acompañada de animales. En una de las carrilleras aparecía un emperador a caballo, seguido por la diosa Victoria. Bajo las patas del animal se distinguía una figura agachada, interpretada posiblemente como un habitante de Britania sometido.
La recuperación de aquella ornamentación exigió estudiar fragmentos cuya disposición original resultaba difícil de establecer después de tantos siglos enterrados. Los conservadores terminaron su intervención en 2020, pero el deterioro impedía devolver al objeto toda su apariencia antigua.
Las dos réplicas proponen interpretaciones distintas del armamento antiguo
Para reconstruir las partes desaparecidas recurrieron a escaneados tridimensionales, ilustraciones arqueológicas y representaciones conservadas del arte romano. Incluso la posible presencia de dos grifos enfrentados a un ánfora en la parte posterior continúa siendo una interpretación provisional.
Una de las reconstrucciones fue realizada por Rajesh Gogna, orfebre y profesor de la Universidad De Montfort, mediante procedimientos tecnológicos actuales. Su equipo elaboró un modelo digital a partir de los fragmentos originales y produjo una reproducción de resina sobre la que aplicó acabados plateados y dorados. Gogna explicó a Ancient Origins que el proyecto requirió seis meses de trabajo y numerosos retoques manuales para reproducir los detalles.
La segunda reproducción corrió a cargo del arqueólogo italiano Francesco Galluccio, que recurrió a procedimientos próximos a los utilizados por los antiguos artesanos romanos. Fabricó una estructura de hierro y trabajó láminas de latón a martillo para reproducir los motivos ornamentales. Sus interpretaciones difieren en algunos detalles de las de Gogna, especialmente allí donde faltaban fragmentos originales.