¿De dónde venían realmente los hunos de Atila? El ADN antiguo revela una conexión con un imperio desaparecido

El ADN relacionó a algunos hunos con la aristocracia mongola

Héctor Farrés

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El desplazamiento a caballo permitió a los hunos extender sus campañas por amplias regiones europeas durante el siglo V. Esa movilidad convirtió a los hunos en adversarios temibles para el Imperio romano, especialmente durante el gobierno de Atila, conocido como el Azote de Dios.

Sus incursiones provocaron destrucción y sometieron a numerosas poblaciones, aunque su historia fue mucho más amplia que la guerra. Películas como Mulán han popularizado una imagen de invasores salvajes y despiadados, caracterizados por su violencia y su aspecto amenazador. Aquella representación cinematográfica reduce a un estereotipo una sociedad formada por pueblos de procedencias diversas.

Un estudio genético encontró parentescos con las élites mongolas

El origen de esos guerreros ha adquirido una nueva dimensión gracias a una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences. El equipo del proyecto HistoGenes, encabezado por investigadores como Guido Alberto Gnecchi-Ruscone, Zsófia Rácz y Zuzana Hofmanová, analizó el ADN de 370 individuos de Eurasia. Sus resultados identificaron vínculos familiares entre determinados hunos europeos y miembros de la aristocracia xiongnu, una antigua potencia de Mongolia.

La posible relación entre ambas poblaciones ya había sido planteada en el siglo XVIII por el orientalista francés Joseph de Guignes, que relacionó a los hunos con los xiongnu. Aquella confederación había dominado las estepas mongolas y combatido contra la dinastía Han, aunque varios siglos separaban ambos imperios.

La expansión que llevó a los hunos hasta Europa comenzó alrededor del año 370. Tras cruzar el Volga, derrotaron a los alanos y atacaron a los godos establecidos cerca del mar Negro. Su procedencia oriental alimentó aquella hipótesis sobre sus posibles antepasados.

Las campañas de Atila extendieron el dominio huno por amplias regiones europeas

Las investigaciones genéticas anteriores ya habían identificado ascendencias asiáticas y europeas entre individuos enterrados en territorios relacionados con los hunos. Por su parte, Explore Your DNA realizó un análisis independiente de datos genéticos antiguos mediante Global25, una herramienta que permite estimar y comparar la ascendencia de distintas poblaciones. Sus autores examinaron 49 genomas del periodo huno en la cuenca de los Cárpatos y calcularon que 36 individuos tenían menos del 5% de ascendencia del noreste asiático, mientras otros cinco superaban el 20%. Cuatro presentaban proporciones comprendidas entre el 73% y el 84%. Estos resultados son compatibles con los de PNAS, aunque Global25 no permite demostrar por sí mismo parentescos familiares.

La diferencia en la ascendencia genética resulta todavía más significativa al comparar a los hunos con los ávaros, establecidos en la cuenca de los Cárpatos desde 568. Según el análisis de Explore Your DNA, 75 de los 106 individuos ávaros examinados superaban el 20% de ascendencia del noreste asiático, una proporción mucho más frecuente que entre los hunos. Esta diferencia refleja dos procesos migratorios distintos, ya que los ávaros llegaron a Europa conservando una ascendencia oriental más elevada, mientras que el dominio huno se había formado sobre poblaciones de procedencias diversas.

Uno de los parentescos descubiertos por el equipo de HistoGenes conecta a determinados hunos europeos con una persona enterrada en la mayor tumba escalonada conocida de la civilización xiongnu, en Mongolia. El investigador Guido Alberto Gnecchi-Ruscone explicó a ZME Science que “el mecanismo que llevó a estos descendientes genéticos hasta Europa sigue siendo desconocido”. Estos vínculos familiares indican que algunos descendientes de la aristocracia xiongnu llegaron a Europa, aunque no demuestran que toda aquella población emigrase hacia Occidente.

La diversidad del imperio acompañó su fragmentación política

La posible continuidad entre estas poblaciones también ha despertado interés entre especialistas dedicados a reconstruir sus lenguas antiguas. En junio de 2025, Svenja Bonmann, de la Universidad de Colonia, y Simon Fries, de la Universidad de Oxford, propusieron que ambas comunidades pudieron hablar una forma temprana del arin, perteneciente a la familia yeniseica. Su hipótesis utiliza nombres personales, topónimos, préstamos lingüísticos y fragmentos conservados en textos chinos. La escasez de testimonios escritos mantiene abierta la discusión.

La muerte de Atila precipitó la desintegración de su imperio

El imperio huno perdió rápidamente su cohesión tras la muerte de Atila en 453, aunque su diversidad étnica no basta para explicar las causas de aquella desintegración. Sus hijos fueron derrotados en la batalla de Nedao al año siguiente, mientras distintos pueblos sometidos recuperaban su autonomía. Entre los habitantes del territorio huno había godos, gépidos, sármatas y antiguos provinciales romanos.

Sin ir más lejos, el escritor Prisco, que visitó la corte de Atila, describió una población en la que convivían hablantes de griego, gótico y latín. Sin embargo, la desaparición del imperio no supuso la marcha de todos sus habitantes. Algunas familias de ascendencia oriental permanecieron en la región incluso bajo dominio gépido, cuando el poder político que las había reunido ya se había desintegrado.

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