Gef, la supuesta mangosta parlante que aterrorizó a una familia de la isla de Man

Gef insultaba a las visitas y robaba comida

Héctor Farrés

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En una finca aislada, los perros pueden reaccionar a ruidos cuyo origen sus dueños todavía desconocen. En las zonas rurales de la isla de Man, donde algunas viviendas se encuentran lejos de sus vecinos y expuestas al viento, identificar lo que sucede al otro lado de una pared puede resultar especialmente difícil.

Los golpes y arañazos que llegan desde el interior de los tabiques pueden atribuirse a pequeños animales, aunque su procedencia no siempre resulta fácil de localizar. En esas circunstancias, un sonido que inicialmente parece insignificante puede adquirir otro significado cuando comienza a repetirse y nadie consigue descubrir qué lo produce.

Los relatos familiares alimentaron la fama del fantasma de Dalby

Esa incertidumbre adquirió una dimensión extraordinaria en septiembre de 1931, cuando la familia Irving comenzó a escuchar ruidos en Doarlish Cashen, una granja apartada cerca de Dalby, en la isla de Man. James Irving, su esposa Margaret y su hija Voirrey oían arañazos y golpes detrás de los paneles de la vivienda.

Primero sospecharon de los roedores, aunque las trampas no dieron resultado. Según recoge National Geographic, aquellos sonidos terminaron convirtiéndose, de acuerdo con los testimonios familiares, en palabras pronunciadas por una criatura invisible.

Los ruidos de una granja desconcertaron a los Irving

La supuesta responsable de las voces acabó presentándose como Gef, una mangosta que afirmaba haber nacido en Nueva Delhi en 1852. La edad que decía tener resultaba extraordinaria para ese animal, cuya esperanza de vida máxima ronda los 20 años. También rechazaba que la trataran como una mascota.

Según la documentación conservada por la Universidad de Maryland, condado de Baltimore, Gef proclamó: “Soy la octava maravilla del mundo”. La familia aseguraba que vivía entre las vigas y que había convertido aquel espacio oculto en su refugio.

Las hipótesis psicológicas y las pruebas materiales dejaron dudas

Las conversaciones atribuidas a Gef transformaron la convivencia familiar en una sucesión de episodios difíciles de comprobar desde fuera. Según los Irving, cantaba, insultaba a las visitas y repetía conversaciones ajenas. También lanzaba objetos, robaba comida y presumía de haber matado numerosos conejos.

Las supuestas huellas de Gef parecían artificiales

Voirrey mantenía una relación especialmente estrecha con la criatura, que supuestamente la seguía por la casa. Atlas Obscura recoge cómo aquella presencia pasó de producir sonidos animales a hablar después de escuchar las palabras que James repetía.

La fama de la granja creció cuando los periódicos británicos comenzaron a publicar las historias sobre aquel animal que nadie conseguía examinar. En los alrededores recibió el apodo de “fantasma de Dalby”. LightSailed recoge el interés que despertó una familia rural que afirmaba convivir con una criatura capaz de espiar a los vecinos. Algunos visitantes dijeron haber oído una voz, pero los encuentros dependían casi siempre de la presencia de los Irving. Gef raramente se dejaba ver ante desconocidos.

Las explicaciones propuestas para aquella historia abarcaron desde un engaño familiar hasta una experiencia psicológica compartida durante años de aislamiento. El investigador húngaro-británico de fenómenos psíquicos Nandor Fodor llegó a considerar que la criatura podía ser una proyección de la mente de James Irving.

La familia tenía una perra y las muestras pertenecían a un perro

Otras interpretaciones apuntaban a Voirrey como origen de la voz. Mysterious Britain recoge incluso la posibilidad de que algunas mangostas liberadas anteriormente en la zona hubieran sobrevivido, aunque eso no explicaría las conversaciones atribuidas al animal.

Las pruebas físicas tampoco consiguieron demostrar que Gef existiera, pese a las fotografías que sacó Voirrey, las muestras de pelo y las huellas presentadas. Mental Floss recoge que el pelo examinado correspondía a un perro, posiblemente de la perra de la familia, mientras que las marcas atribuidas a sus patas despertaron dudas por su aspecto artificial.

El investigador paranormal Harry Price y R. S. Lambert, asimismo, cuestionaron la solidez de las evidencias. Fodor incluso llegó a visitar la granja durante una semana, entrevistó a testigos y trató de comunicarse con Gef, pero nunca consiguió verlo ni hablar con él.

Gef desapareció hacia 1938 o 1939 sin dejar pruebas

La desaparición de Gef hacia 1938 o 1939 dejó a los Irving sin aquella presencia que había condicionado su vida cotidiana. Años después, Voirrey contó al periodista Walter McGraw que sus ausencias se habían vuelto cada vez más prolongadas. Según su recuerdo, “parecía marcharse durante periodos cada vez más largos, hasta que dejó de aparecer”.

Ninguna investigación posterior logró verificar la existencia de una mangosta parlante. De aquella historia únicamente quedaron las declaraciones de la familia Irving, unas fotografías discutidas y numerosos relatos sobre golpes y voces que nadie consiguió atribuir de forma concluyente a una criatura real.

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