Por qué las brujas llevan sombreros puntiagudos: el origen de una imagen que nació mucho después de las persecuciones

Las brujas adquirieron su vestimenta negra característica en el cine

Héctor Farrés

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Predicar en público con un sombrero de copa elevada podía traer problemas a las mujeres cuáqueras del siglo XVII, especialmente cuando sus ideas religiosas ya despertaban recelos. Aquellas predicadoras defendían su derecho a hablar de religión en una sociedad que reservaba esa autoridad principalmente a los hombres.

Sus sombreros acabaron relacionados con mujeres consideradas transgresoras, y algunos historiadores plantean que esa asociación pudo contribuir a la imagen de las brujas. La explicación tiene sentido dentro de las persecuciones de la época, aunque todavía carece de pruebas que permitan considerarla el origen definitivo del famoso accesorio.

La discriminación religiosa favoreció asociaciones entre vestimenta y brujería

La imagen tradicional de las brujas con sombrero negro y puntiagudo se formó mediante un proceso histórico en el que confluyeron prejuicios religiosos y representaciones artísticas. Mental Floss explica que buena parte de las mujeres acusadas de brujería eran cristianas bautizadas, incluidas aquellas que utilizaban plantas medicinales junto con oraciones y prácticas religiosas. La idea de que sus sombreros servían para canalizar poderes sobrenaturales, por tanto, carece de respaldo histórico.

Los sombreros de forma cónica formaban parte de la indumentaria habitual del siglo XVII y podían llevarlos tanto hombres como mujeres. Algunos tenían alas anchas y copas elevadas, características que posteriormente se identificarían con las representaciones de hechiceras. Su utilización cotidiana cuestiona que fueran prendas reservadas a personas relacionadas con la magia, especialmente en una época en la que cualquier comportamiento considerado sospechoso podía alimentar una acusación de brujería.

Las escobas voladoras se convirtieron en atributo de las brujas

La utilización de prendas para identificar a determinadas comunidades religiosas ofrece otra posible explicación de cómo surgió esta asociación. En distintas regiones de la Europa medieval, las autoridades obligaron a los judíos a utilizar elementos distintivos, entre ellos sombreros puntiagudos.

El IV Concilio de Letrán, celebrado en 1215, estableció normas sobre la diferenciación de la vestimenta de judíos y musulmanes, aunque su aplicación varió según el territorio. En Inglaterra, el regreso autorizado de los judíos en el siglo XVII coincidió temporalmente con la aparición de los cuáqueros.

Las semejanzas entre antiguos tocados alimentan varias teorías

Los castigos de la Inquisición también incorporaron tocados elevados que servían para señalar públicamente a personas condenadas por delitos religiosos. Entre ellos figuraban las corozas, utilizadas en ceremonias penitenciales y representadas en distintas obras artísticas. Su parecido con los sombreros de las brujas ha alimentado otra hipótesis, aunque tampoco existen pruebas suficientes para establecer una relación histórica entre ambos elementos.

Las ilustraciones populares y las películas difundieron la imagen de hechiceras capaces de desplazarse por el cielo

Otras teorías sitúan el origen del sombrero en las cerveceras medievales, supuestamente identificadas por sus tocados altos y su trabajo con grandes recipientes. También se han propuesto los hennins, tocados cónicos utilizados por mujeres aristocráticas, como posibles antecedentes visuales.

Incluso existen interpretaciones relacionadas con antiguas prácticas espirituales y con momias de Asia central que llevaban sombreros elevados. Ninguna de estas explicaciones demuestra una transmisión histórica hasta la iconografía europea de la brujería.

La ilustración y el cine consolidaron la apariencia de las brujas

Las representaciones medievales de las brujas tampoco muestran de forma habitual el sombrero que actualmente se considera característico de estas figuras. En muchas imágenes aparecían con el cabello descubierto, acompañadas por demonios o representadas sin ropa. Una ilustración relacionada con The Wonders of the Invisible World, obra publicada por Cotton Mather en 1693, constituye uno de los antecedentes conocidos de la asociación gráfica entre brujería y sombreros cónicos. Posteriormente, los grabados y relatos populares ingleses de las décadas de 1710 y 1720 contribuyeron a difundir esa apariencia.

Las publicaciones inglesas difundieron progresivamente los sombreros puntiagudos durante el siglo XVIII

La expansión de los folletos ilustrados durante el siglo XVIII facilitó que las brujas adquirieran una apariencia reconocible para el público. Los sombreros puntiagudos aparecían en representaciones de ancianas vinculadas con prácticas sobrenaturales y acabaron integrándose en un repertorio gráfico cada vez más extendido. Esta evolución explica por qué el accesorio adquirió importancia mucho después del periodo de mayor intensidad de las persecuciones por brujería.

El cine terminó de consolidar esa caracterización cuando El mago de Oz, estrenada en 1939, presentó a Margaret Hamilton como la Bruja Mala del Oeste. Su personaje llevaba un sombrero negro puntiagudo, vestía de oscuro, tenía la piel verde y utilizaba una escoba voladora. La popularidad de aquella película extendió esta apariencia entre generaciones de espectadores y contribuyó a convertirla en uno de los modelos más reconocibles de las brujas en la cultura popular.

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