En el castillo medieval de este pequeño pueblo vivió un organista de la catedral de Notre Dame, que fue propietario de la fortaleza

Alberto Gómez

2 de enero de 2026 10:00 h

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Aunque la idea de vivir dentro de una fortaleza medieval pueda parecer una fantasía de otros tiempos, en la Comunitat Valenciana existe una joya patrimonial que desafía esta percepción. Se trata del castillo de Todolella, situado en la provincia de Castellón, que destaca no solo por su imponente arquitectura, sino por ser la única construcción de este tipo en toda la región que estuvo habitada hasta bien entrado el siglo XXI. Esta fortificación, que corona una loma cercana al municipio, ha logrado preservar su esencia señorial y defensiva a través de los siglos. Y el nombre del afortunado morador y responsable de que este monumento se mantenga con vida es Ricardo Miravet, un distinguido organista de la catedral de Notre Dame de París que vivió en él hasta 2024, año en el que murió. Antes de fallecer, Miravet donó el castillo a la Generalitat Valenciana.

Miravet, de origen argentino, adquirió la propiedad junto a su esposa, la investigadora Livia Fergola, cuando el edificio se encontraba en un estado de abandono. A pesar del fallecimiento de Livia en 2017, el músico continuó unos años residiendo en soledad entre los gruesos muros de piedra de la fortaleza hasta su muerte. La historia del edificio es tan fascinante como la de su último ocupante, ya que se asienta sobre las raíces de una antigua alquería musulmana del siglo XI. Una parte del castillo fue levantada en el siglo XVI, aprovechando las estructuras de una fortaleza previa del siglo XIII que fue clave durante la reconquista. Tras ser tomado por Blasco de Alagón en 1238, el castillo pasó a manos cristianas, iniciando una larga sucesión de propietarios que incluyó a familias nobles como los Calvera o los Duques de Lésera.

Arquitectónicamente, la fortaleza se define como un castillo palacio de trazas góticas con una configuración de planta rectangular. Su estructura se organiza de manera armónica mediante cuatro cuerpos que se disponen alrededor de un patio de armas central, que cuenta con una arquería gótica y un pozo de sillería. Este diseño permitía combinar las funciones de defensa militar con las comodidades propias de una vivienda para los señores de la época. La parte más antigua y elevada de la fortaleza es conocida como Torre Vella, de origen islámico.

La fachada se distingue por sus tres ventanas ojivales con tracería vegetal, complementadas por otras aberturas más pequeñas con arcos apuntados. Los otros cuerpos del edificio estaban tradicionalmente destinados a las labores de servicio y mantenimiento de la casa fuerte. En estos espacios se distribuían las caballerizas, el pajar y otras dependencias auxiliares necesarias para la vida diaria. En la parte posterior del recinto sobresalen dos potentes torreones con tejados a dos aguas que flanquean una pequeña muralla. Uno de los elementos interiores más valorados es el corredor porticado situado en la primera planta, que aún conserva una estructura de madera original del siglo XVI. 

Los forjados del castillo están compuestos por viguetas de madera con revoltón de yeso, mientras que las cubiertas emplean la teja curva tradicional sobre una armadura de rollizos y tablones. Gracias a una restauración llevada a cabo a mediados del siglo XX, los muros de mampostería lucen hoy sus almenas en perfecto estado. Respecto al interior de la vivienda, este fue transformado por Miravet en un auténtico museo que rinde homenaje a la historia local y al arte. Las habitaciones están decoradas con mobiliario de época y objetos antiguos procedentes de la zona, además de conservar pinturas murales de gran valor histórico. Esta cuidadosa ambientación permite que el visitante se sienta transportado a otra era, rodeado de acabados y carpinterías de gran interés artístico.

Visitas permitidas

A pesar de que durante un buen tiempo fue una propiedad privada y sirvió como residencia particular, el castillo no fue un lugar cerrado al mundo exterior. Su propietario facilitaba el acceso a los interesados en conocer el patrimonio valenciano, permitiendo visitas bajo cita concertada con antelación. Para coordinar estas estancias, los turistas solían contactar con el ayuntamiento de Todolella, que gestionaba la información necesaria para el acceso controlado a esta fortaleza, un caso singular entre los castillos de nuestra geografía. La localidad de Todolella, además, ofrece otros atractivos que complementan la visita a su castillo, destacando un núcleo histórico que ya era mencionado en crónicas del siglo IX. Caminar por sus calles empedradas permite descubrir el extenso patrimonio de la comarca de Els Ports, que incluye monumentos como la iglesia parroquial de San Bartolomé.

El entorno natural también invita a la exploración, con rutas que llevan a parajes como la Mola del Roc o la aldea abandonada de Saranyana, situada a pocos kilómetros del pueblo, un conjunto de casas y monumentos que permanecen deshabitados, ofreciendo un paisaje melancólico ideal para los amantes de la fotografía. Asimismo, la gastronomía local basada en productos frescos como el queso de cabra o las carnes de cordero redondea la experiencia cultural en este rincón de Castellón. En definitiva, el castillo de Todolella representa un vínculo vivo entre el pasado medieval de la región y la sensibilidad artística del que fuera un organista internacional. La dedicación de Ricardo Miravet ha permitido que este emblema de Els Ports no solo se mantenga en pie, sino que conserve su función original como hogar.