En este centro sevillano todavía se puede ver la primera exposición de la artista Virginia Chihota en un museo europeo
El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla sigue siendo el escenario de una exposición sin precedentes en el continente europeo. Y es que hasta el próximo 6 de septiembre este museo acoge la primera gran exposición individual de Virginia Chihota en una institución de Europa. Chihota, nacida en Zimbabue en 1983, es reconocida hoy como una de las voces más singulares y potentes del arte contemporáneo africano actual. Su llegada a Sevilla marca un punto de inflexión en su trayectoria, permitiendo al público descubrir una obra cargada de introspección. La muestra, titulada Kupinduka, transforma las salas monumentales del antiguo monasterio en un espacio de profunda transición espiritual y humana.
Se trata de una oportunidad única para observar cómo la artista despliega un universo visual donde la intimidad y lo universal se entrelazan. La relevancia de este evento posiciona al CAAC como un referente en la difusión de narrativas artísticas globales y contemporáneas. El eje central sobre el que pivota toda la exposición es el sugerente concepto de Kupinduka, un término extraído de la lengua shona. En su acepción original, esta palabra hace referencia a un giro o a una transición hacia otro estado, vinculado frecuentemente al ámbito de lo espiritual. Chihota utiliza esta idea para construir un lenguaje visual de umbrales donde el cuerpo femenino se convierte en el mensajero principal.
No se trata simplemente de un cambio superficial, sino de un pasaje donde el yo se desestabiliza y se transforma para hablar desde otro registro. A través de sus figuras, la artista muestra cómo la fragilidad puede convertirse en una fuente inagotable de renovación y resistencia. La noción de giro se manifiesta físicamente en la forma en que sus siluetas se pliegan, se duplican o parecen disolverse sobre el soporte. Este acto de girar permite que la ausencia misma adquiera una presencia poderosa y palpable dentro de la composición pictórica. Así, Kupinduka otorga a su arte visual una fuerza que habita siempre en el umbral de lo invisible y lo cotidiano.
La comisaria de la muestra, Jimena Blázquez, ha diseñado un recorrido que dialoga de forma directa con los espacios históricos de la Zona Monumental. Las obras han sido producidas específicamente para este proyecto en el CAAC, asegurando una integración total con la arquitectura del museo. Blázquez señala que la propuesta de Chihota crea un territorio en constante transformación donde conviven la vulnerabilidad y la tensión. El conjunto expositivo incluye nueve lienzos de gran formato que dominan las paredes con sus dimensiones y su carga emocional. Además, se presentan veinticuatro obras sobre papel de algodón que revelan el carácter más íntimo y reflexivo de la práctica de la artista.
Destaca especialmente una impresionante instalación textil de catorce metros que ha sido concebida para ocupar la emblemática Capilla de Colón. Este despliegue de medios permite que el espectador se sumerja en un viaje sensorial que atraviesa las fronteras de lo personal. El diálogo entre las piezas y el entorno monumental potencia la sensación de estar ante una obra que trasciende el tiempo y el espacio.
En cuanto a la técnica, Virginia Chihota demuestra un dominio excepcional de diversos medios que fusiona con una gran destreza y sensibilidad. Sus creaciones entrelazan la serigrafía, la tinta china, el óleo y el acrílico en intrincadas capas de patrones, colores y líneas. Cada pieza es el resultado de un proceso acumulativo donde la transparencia juega un papel fundamental para generar profundidad visual. El uso del papel de algodón para sus dibujos subraya la delicadeza de su trazo, contrastando con la rotundidad de sus lienzos. Los motivos vegetales y los signos espirituales aparecen de forma recurrente, flotando entre la interioridad del ser y la trascendencia. La repetición de las líneas funciona como ecos que resuenan en la superficie, sugiriendo un ritmo vital constante y fluido.
Experiencias vitales
Chihota no presenta el cuerpo como algo fijo, sino como un lugar de tránsito cargado de simbolismo y de nuevas posibilidades. Esta complejidad técnica es la que permite que sus figuras habiten ese vaivén entre la desaparición y el retorno constante. La temática de la exposición es profundamente introspectiva y está moldeada por las experiencias vitales fundamentales de la propia artista africana. Temas como la maternidad, la familia, la pérdida, el desplazamiento y la fe son los pilares que sostienen su narrativa visual. El cuerpo femenino, que a menudo es el suyo propio, reaparece constantemente como un fragmento, una silueta o una sombra. Estas figuras contienen vulnerabilidad y resistencia en igual medida, actuando como territorios donde se resguarda la memoria colectiva e individual.
La artista explora cómo la identidad puede fragmentarse bajo el peso del desasosiego para luego reconstituirse en nuevas formas. La memoria se entrelaza con lo cotidiano, convirtiendo vivencias ordinarias en meditaciones visuales de una gran carga poética y espiritual. El cuerpo íntimo se abre así a la transformación, funcionando como un terreno cambiante, generativo y siempre abierto a la renovación. Es una invitación a ver la pintura como un refugio donde el ser humano puede soñar lo que aún podría llegar a ser.