¿A qué sabe una cerveza perdida durante casi 50 años? Un glaciar de los Alpes acaba de devolver un barril y todavía estaba espectacular

Recuperar un barril de cerveza perdido entre las grietas de un glaciar alpino era una empresa demasiado arriesgada para los responsables de su transporte. En 1978, un helicóptero que llevaba provisiones a refugios de alta montaña perdió parte de su carga y un recipiente de 50 litros acabó precipitándose al hielo.

La profundidad de la grieta y las dificultades de acceso frustraron cualquier intento de rescate. El barril quedó allí, fuera del alcance de sus propietarios, mientras la historia de aquella entrega accidentada seguía circulando entre los habitantes de la zona.

El recipiente reapareció en octubre de 2026 en los Alpes de Zillertal, cerca de la frontera entre Italia y Austria, después de permanecer perdido durante 48 años. La sorpresa fue mayor cuando los empleados de la distribuidora Harpf, vinculada al barril original, comprobaron que todavía contenía cerveza y pudieron catarla. La bebida había conservado su sabor, su tonalidad ambarina y parte del gas carbónico, según las declaraciones recogidas por la agencia italiana ANSA y el periódico Il Dolomiti.

Las condiciones del glaciar pudieron frenar el deterioro de la cerveza

La supervivencia de aquella cerveza durante casi medio siglo se explica por varias condiciones que pudieron frenar su deterioro dentro del glaciar. Las temperaturas bajas ralentizan las reacciones químicas que modifican los aromas y sabores, mientras la oscuridad protege la bebida de la luz. El alcohol, la acidez y determinados compuestos del lúpulo también dificultan el crecimiento de numerosos microorganismos, aunque existen bacterias y levaduras capaces de alterar la cerveza.

Otro factor decisivo fue la ausencia de aire en el interior del recipiente, que habría limitado la oxidación. Los expertos consideran probable que el líquido nunca llegara a congelarse por completo, porque su expansión habría podido dañar el barril. Estas circunstancias ayudan a entender su conservación, aunque una cata favorable no equivale por sí misma a una certificación sanitaria independiente.

El estado del recipiente recuperado ofrecía indicios materiales de aquella larga permanencia bajo el hielo y de las condiciones del accidente original. El barril pesaba unos 40 kilos y presentaba numerosas abolladuras, pero su cierre hermético seguía intacto. Esa resistencia permitió que el contenido permaneciera aislado del exterior pese a los golpes sufridos.

Una inscripción grabada en el metal indicaba el año 1978 y ayudó a relacionar el hallazgo con la antigua entrega aérea. Para la empresa Harpf, el objeto tenía también interés comercial e histórico, ya que probablemente había salido de sus propios almacenes.

La distribuidora Harpf comprobó el estado de la cerveza

La posibilidad de abrir el barril sin encontrar una bebida completamente deteriorada llevó a los responsables de Harpf a organizar una cata en sus instalaciones. Lukas Harpf, propietario de la distribuidora y experto cervecero, declaró a ANSA que “la cerveza estaba impecable”. También destacó que conservaba un color ambarino y una carbonatación satisfactorios, características que normalmente se ven perjudicadas por una conservación prolongada en condiciones desfavorables.

Los participantes en la degustación transmitieron una impresión similar al periódico Il Gazzettino. El resultado despertó interés porque las cervezas envejecidas durante décadas suelen perder sus propiedades originales, incluso cuando permanecen protegidas de la contaminación.

El responsable de sacar aquel recipiente de la montaña fue Daniel Oberlechner, un corredor de 42 años que trabajaba precisamente para la distribuidora Harpf. Encontró el barril mientras entrenaba en una ruta de alta montaña del valle de Aurina, a unos 3.000 metros de altitud. Su recorrido habitual acumulaba aproximadamente 2.000 metros de desnivel desde San Giovanni. Tras descubrir el cilindro metálico entre las rocas y el hielo, decidió trasladarlo hasta el valle con ayuda de un carrito de carga. El destino quiso que, casi medio siglo después, el barril regresara a la misma empresa de la que había salido, cerrando así el círculo de una historia que comenzó entre las montañas.

Los glaciares austriacos perdieron el 31% de su superficie

La aparición de objetos antiguos en los Alpes también está relacionada con la transformación acelerada de sus glaciares, aunque el mecanismo exacto de este hallazgo permanece sin determinar. Una investigación publicada en The Cryosphere calculó que los glaciares austriacos perdieron aproximadamente el 31% de su superficie entre los inventarios centrados en 2007 y 2022.

Los investigadores identificaron además 95 glaciares desaparecidos o que ya no podían cartografiarse como tales. En el caso del barril, también se ha mencionado la exposición del terreno tras un temporal, por lo que todavía no puede establecerse qué papel desempeñó el deshielo en su recuperación.