China ha levantado una autopista de tres pisos que sube 350 metros entre las nubes y ya se ha convertido en un prodigio de ingeniería

Las maquetas de coches siempre han tenido un punto de locura que las hace irresistibles. En esos circuitos diminutos, los vehículos daban saltos imposibles, giraban en espiral y seguían trazados que solo existían en la imaginación de quien los montaba. Esa misma sensación de juego convertido en ingeniería se hace real en una carretera de China que, sin riesgo alguno, parece sacada de una pista de Hot Wheels.

Se trata de una obra que traduce en asfalto lo que antes solo se veía en plástico y velocidad de juguete. Al recorrerla, los giros y las alturas crean un efecto de vértigo que deja claro que el ingenio humano no se limita a construir, sino también a sorprender. Y con ello se abre paso una pregunta inevitable sobre cómo una infraestructura puede transformar un paisaje sin perder su sentido práctico.

El puente que se enrosca sobre el valle como una espiral de acero

La Tianlongshan Highway, levantada entre marzo de 2018 y mayo de 2019 en la provincia de Shanxi, es una carretera de 30 kilómetros que une aldeas de montaña con la ciudad de Taiyuan. El trazado supera un desnivel de 350 metros y alcanza los 1.364 metros sobre el nivel del mar. Según los datos oficiales del distrito de Jinyuan, la vía se construyó en poco más de un año, con un ritmo de obra inusual en ese tipo de terreno escarpado. El resultado es un recorrido que combina utilidad y espectáculo visual, una demostración de lo que la ingeniería puede lograr en regiones donde antes solo había caminos peligrosos y lentos.

El tramo más fotografiado es un puente circular de tres pisos que se eleva 350 metros sobre el valle. Su forma espiral, inspirada en el diseño japonés del Kawazu-Nanadaru Loop Bridge, permite ganar altura sin forzar pendientes extremas ni poner en riesgo la estabilidad. Los conductores describen una sensación similar a girar dentro de un bucle continuo que parece no tener final.

La estructura, construida con 7.000 toneladas de acero, se apoya en pilares anclados en la roca, lo que garantiza firmeza incluso con los cambios bruscos de temperatura propios de la zona. Cada vuelta ofrece una vista diferente del entorno, entre montañas y nubes bajas.

El conjunto de la carretera ocupa una zona montañosa del distrito de Jinyuan, cerca de Taiyuan, en el norte de China. Desde el aire, el trazado serpentea como un hilo plateado entre la vegetación y los acantilados, siguiendo los bordes naturales del terreno. La altitud máxima coincide con la cima del monte Tianlong, lo que le da el sobrenombre popular de carretera sobre las nubes. En los días despejados, la vista alcanza kilómetros de distancia y, cuando la niebla cubre el valle, parece que los coches flotan entre algodones grises.

En su construcción se empleó asfalto epoxi, un material especialmente resistente que soporta el desgaste del hielo y las lluvias. La obra incluye cuatro viaductos y un túnel, pensados para reducir el impacto ambiental y evitar excavaciones innecesarias. El sistema de drenaje, adaptado al relieve, impide que las lluvias intensas erosionen los bordes, una medida esencial en zonas donde los desprendimientos eran habituales antes de 2018. Con ello, la carretera mantiene su integridad pese a las condiciones extremas del invierno.

La montaña que guarda templos antiguos y reliquias

El entorno del monte Tianlong es también un enclave histórico. En sus laderas se conservan más de cien reliquias arqueológicas, entre ellas las Grutas de Tianlongshan, que albergan esculturas budistas talladas durante las dinastías Wei Oriental y Qi del Norte.

En el siglo VI, el general Gao Huan eligió ese lugar para levantar su residencia de verano por su clima templado, y poco después el emperador Gao Chang fundó el Templo Tianlong. Durante siglos, esa zona permaneció aislada, lo que limitaba el acceso a los templos y complicaba la prevención de incendios forestales. La apertura de la carretera ha cambiado por completo esa situación.

Actualmente, la Tianlongshan Highway no solo une pueblos que antes estaban apartados, sino que también beneficia al turismo y facilita el transporte de recursos hacia Taiyuan. El trayecto, que antes requería horas por caminos inseguros, se completa ahora en menos de una hora. Esa mejora ha permitido que los visitantes lleguen a las grutas y templos con facilidad, generando un flujo constante de viajeros y actividad económica. Al mismo tiempo, la carretera se ha convertido en un ejemplo de cómo una obra moderna puede cambiar una región sin estropear lo que la hace especial.