Construido a finales del siglo XII, este castillo conserva grafitis islámicos y cristianos realizados por prisioneros
Construido a finales del siglo XII por el imperio almohade, el Castillo de la Atalaya, en la localidad alicantina de Villena, nació como un refugio estratégico para proteger a la población musulmana de la antigua Bilyana. Su ubicación estratégica le permitió dominar el paso natural entre la Meseta y la costa mediterránea, convirtiéndola en un enclave codiciado. En su interior conserva bóvedas almohades singulares. Sin embargo, más allá de su imponente monumentalidad, la fortaleza alberga un interesante tesoro humano: grafitis tallados por prisioneros islámicos y cristianos.
El origen del recinto se remonta a la dominación musulmana, cuando los almohades levantaron la muralla interior y los dos primeros pisos de la majestuosa torre del Homenaje. En estas estancias inferiores se construyeron dos impresionantes bóvedas de tapial con arcos entrecruzados, que representan una joya de la ingeniería militar medieval. Junto con las del cercano castillo de Biar, constituyen las únicas muestras conservadas de este estilo almohade en la península ibérica. La fortaleza fue concebida para resistir asedios prolongados y resguardar a la población durante contiendas. Las primeras referencias documentales datan de 1172, consolidando su relevancia defensiva en el estratégico valle del Vinalopó.
En el año 1240, el rey Jaime I de Aragón conquistó la fortaleza tras pactar la capitulación de los musulmanes, quienes entregaron el recinto a cambio de mantener ciertas prerrogativas. Tras el Tratado de Almizra, el castillo pasó al Señorío de Villena bajo el dominio de la familia Manuel, sirviendo de residencia a don Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor”. Durante el siglo XV, el bastión quedó en manos de la familia Pacheco, marqueses de Villena, quienes ejecutaron reformas clave. Don Juan Pacheco ordenó edificar los dos cuerpos superiores de sillería de la torre del Homenaje, alcanzando 25 metros de altura, y levantó la muralla exterior con doce torreones. En 1476, los Reyes Católicos tomaron el recinto tras un duro asedio.
A lo largo de los siglos posteriores, la fortaleza se vio envuelta en los principales conflictos bélicos que marcaron la historia de España. Durante las Germanías, a principios del siglo XVI, el edificio funcionó como un fortín decisivo para la defensa de los intereses de Carlos I frente a los agermanados. Posteriormente, en el siglo XVIII, la Guerra de Sucesión convirtió a Villena en escenario de intensos combates entre borbones y austrias. Durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX, las tropas francesas ocuparon el baluarte y, al retirarse, volaron las dos históricas bóvedas almohades de la torre. Esta sucesión de contiendas transformó las estancias del castillo en calabozos improvisados para prisioneros de guerra.
En el silencio de las salas de la torre del Homenaje, los prisioneros musulmanes dejaron una impronta indeleble grabada sobre los muros. Los grafitis islámicos, trazados en contienda medieval, reflejan la angustia y la devoción de los cautivos recluidos en la fortaleza. Estas manifestaciones murales incluyen caligrafías religiosas, versos, diseños geométricos e inscripciones personales que funcionaron como plegarias de fe frente a la adversidad del encierro. Elaboradas con instrumentos punzantes rudimentarios, las marcas plasman la identidad cultural de quienes se vieron privados de libertad en un entorno hostil.
Junto a los trazos árabes, las paredes de la fortaleza albergan un amplio repertorio de grafitis cristianos ejecutados por detenidos en épocas posteriores. Estas grabaciones abarcan cruces de diversos estilos, fechas precisas, nombres propios, escudos heráldicos y representaciones simbólicas talladas por los prisioneros. Cautivos de las Germanías, de la Guerra de Sucesión y del conflicto napoleónico, dejaron testimonio de su estancia en las salas del recinto. Varios dibujos muestran marcas de recuento de días y figuras militares, evidenciando la dura experiencia del confinamiento. La coexistencia de grafitis islámicos y cristianos convierte a la fortaleza en un legado histórico excepcional.
Investigación y recuperación
Tras los devastadores efectos de la Guerra de la Independencia, el Castillo de la Atalaya sufrió durante el siglo XIX un proceso de abandono y expolio. Su salvaguarda definitiva comenzó en el año 1931, fecha en la que fue declarado Monumento Histórico Artístico por su incalculable valor patrimonial. Sin embargo, las intervenciones de investigación y recuperación arrancaron en 1958, impulsadas por la determinación del reconocido arqueólogo José María Soler García. Gracias a su trabajo, se iniciaron excavaciones arqueológicas y obras de consolidación que salvaron la estructura de la ruina. Los restauradores reconstruyeron con rigor técnico las dañadas bóvedas almohades de la torre del Homenaje, devolviéndoles su esplendor original.
En la actualidad, el Castillo de la Atalaya constituye una de las fortalezas mejor conservadas de la Comunitat Valenciana y el gran emblema de Villena. Convertido en el eje de la Ruta de los Castillos del Vinalopó, el monumento recibe miles de visitantes que recorren sus murallas, su patio de armas y la majestuosa torre del Homenaje. Las visitas guiadas organizadas por la oficina de turismo local permiten al público contemplar de cerca los grafitis originales, descubriendo la faceta humana que oculta la piedra.