De origen andalusí y rodeado de pinos, roquedos y gargantas, este castillo permitía controlar la frontera con el Reino de Granada

El elemento más formidable es la majestuosa torre del homenaje, estructura que se erige directamente sobre la roca viva

Alberto Gómez

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El Castillo de Taibilla, conocido históricamente como Castillo de Taibona, es toda una emblemática fortaleza de origen andalusí levantada en el siglo XI sobre una meseta rocosa a siete kilómetros de Nerpio, en la provincia de Albacete. Emplazado en la margen izquierda del río Taibilla y cercano a la pedanía de Pedro Andrés, este baluarte se integra en una abrupta geografía dominada por pinos, roquedos calizos y profundas gargantas. La fortaleza fue documentada por el geógrafo Al-Udri como cabeza de un distrito rural dentro de la antigua cora de Tudmir. 

Su emplazamiento estratégico permitía vigilar la vega agrícola inferior y el paso natural entre las tierras de Murcia y la Alta Andalucía. De hecho, la importancia estratégica de Taibilla alcanzó su punto culminante tras ser reconquistada en 1242 por los cabalgadores cristianos de la Orden de Santiago. Donado un año más tarde por el rey Fernando III dentro del extenso señorío de Segura, el recinto pasó a encabezar la Encomienda de Taibilla en 1245. Durante más de dos siglos, la fortaleza desempeñó un papel crucial como vanguardia militar e inexpugnable frontera defensiva de la Cristiandad frente al vecino Reino de Granada. Esta condición de confín bélico se mantuvo inalterable hasta la capitulación de Granada en 1492, momento en que el bastión perdió su función defensiva original.

Desde el punto de vista arquitectónico, la fortaleza responde al modelo de castillo roquero con una planta irregular de 240 metros de longitud adaptada a la cresta rocosa. El recinto abarca una superficie de 8.500 metros cuadrados dividida funcionalmente en tres espacios diferenciados. Al norte se extiende el albácar destinado a refugio poblacional, mientras que en el sector central se sitúa el alcázar rodeado por potentes murallas de tapial levantadas sobre zócalos de mampostería. El perímetro defensivo se completa con almenas prismáticas, saeteras rectangulares e ingeniosos elementos como su torre con doble acceso recto.

Además de su valor militar, el enclave funcionó como un centro neurálgico para la percepción de impuestos señoriales en la comarca

El elemento más formidable del conjunto es la majestuosa torre del homenaje, una estructura prismática de planta trapezoidal construida en tapial de hormigón que se erige directamente sobre la roca viva. Esta torre defensiva consta de cinco niveles superpuestos, albergando en su cuerpo inferior dos aljibes abovedados indispensables para garantizar el suministro de agua durante eventuales asedios. El acceso principal se realiza en altura mediante un vano con arco de medio punto enmarcado en sillería, al que se ascendía por una escalinata exterior. En sus pisos superiores se distribuyen saeteras orientadas, una garita de vigilancia y una salida hacia un antiguo cadalso de madera.

Además de su valor militar, el enclave funcionó como un centro neurálgico para la percepción de impuestos señoriales en la comarca. A los pies del peñón fortaleza se conserva la histórica Casa de la Tercia, lugar donde los mercaderes debían tributar la tercera parte de los productos transportados por el desfiladero. El enorme relieve estratégico del baluarte quedó refrendado en Avignon por el papa Inocencio VII mediante la expedición de una bula pontificia instando a su encendida defensa. Asimismo, la amplitud de sus murallas permitió albergar a los pobladores cristianos que repelieron las violentas sublevaciones mudéjares en 1264.

Abandono y restauración

Con la pacificación territorial posterior a 1492 y el afianzamiento del nuevo asentamiento poblacional de Nerpio, la fortaleza sufrió un paulatino despoblamiento hasta su abandono definitivo a comienzos del siglo XVI. Tras largos siglos de deterioro, el monumento fue declarado Bien de Interés Cultural y sometido a importantes campañas de restauración para consolidar sus murallas y su torre principal. En la actualidad, el recinto permite la visita pública de sus estructuras exteriores y el acceso al interior de la torre del homenaje mediante el pago de una entrada. Desde sus balconadas superiores los visitantes contemplan panorámicas sobre el valle.

La visita al Castillo de Taibilla se completa con la inmersión en un entorno natural y etnológico de excepcional valor botánico y paisajístico. Sobre las paredes verticales que flanquean la torre del homenaje nidifican imponentes colonias de buitres leonados cuyo vuelo sobrecoge a los caminantes que ascienden por el sendero medieval. Este paisaje abrupto dialoga armónicamente con la riqueza cultural de Nerpio, célebre por sus pinturas rupestres de arte levantino declaradas Patrimonio de la Humanidad. El conjunto monumental constituye un testimonio imperecedero donde la memoria de la antigua frontera hispanomusulmana perdura intacta.

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