Centros sin datos
La legislación del gob central sobre centros de datos llega tarde y se arriesga a una lluvia de demandas e indemnizaciones como pasó con las renovables. Aragón ya dio permisos y facilidades, excesivas, a esta nueva industria y se encuentra en medio del huracán. Los centros de datos que no obtengan permiso, para pisos.
Esquema de centro de datos en arena de playa. O el nuevo Pentágono del Libro de Arena de Borges.
La panacea podría quedarse en nada o en poco, una vez vendida la burra no hay energía ni agua para tanto trasiego de bits… ni tantas renovables para el cupo que exige la reciente ley.
Todo eco menos las expropiaciones. Los permisos a las big data son tan amplias que incurren en la manga ancha total y abarcan mover tierras más o menos contaminadas en el borde del casco viejo, que ahora llega hasta Puerto Venecia y los nuevos barrios que aplazó el crack del 2008, en el que aún estamos en modo agua al cuello, sol que además han ocurrido tantos cataclismos que ya no es posible distinguir de dónde vienen los golpes.
Haciendo una foto veloz, como todas, al alegre albur (frase inigualable de Roberto Miranda), aparece un patinador eléctrico en el cuadro. Al fondo, una boda en Escolapios, en Cesaraugusto Avenue, y los raíles del bendito tranvía… norte sur, línea única.
Tres cosas leves o cuatro:
Los asientos abatibles del tranvía pegan un estacazo que asusta como un tiro de rifle. Podrían tener un tope de goma… o el usuario/a acompañarlo. Aunque bien pensado también ayudan a despertarse y sacudirse el muermo viajero.
Ayto de Zgz: haga el favor de instalar fuentes por la ciudad, barrios y centros.
Los mupis o anuncios que meten vídeo hacen una ruidera que espanta y anula el lesmo. Los de la plaza de España se oyen desde el Coso a la altura de la calle Alfonso I. El rudio de esos armarios de Decaux es brutal e incumple las normas del propio ayto.
Por lo demás la ciudad se ha llenado este finde de gente de manera que ya se vive un anticipo del Pilar, aunque siempre estamos en fiestas. Que dejen de disparar los precios de agua, basura, transporte y que las máquinas infernales del siglo pasado o el otro, ya tan amortizadas, se sustituyan por algo menos agresivo.
Los incendios de los polígonos de reciclado (es un decir) son ya un evento ritual, pura rutina.
Buena semana y mejor mes, prosperidad y búsqueda de la felicidad mientras haya un coscurro seco iremos tirando. Que la IA sin control reparta chuches al vecindario donde se instalen sus megachollos y que pongan ya la renta básica universal y el streaming gratuito.
Y concurso de ideas para ver cómo se pueden aprovechar los centros de datos sin datos ni agua y ni luz, quizá como centros cívicos monstruosos donde hacer manualidades y dar rienda suelta a la creatividad y el solaz tanto tiempo aplazados. ¡Y apartamentos!
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