La dolce vita urgente
Inmensas inversiones de quita y pon requieren ignorar las leyes que también eran de quita y pon, solo para nativos pequeños, millones de miles de cosas, containers, trasiego global, estrés de estrechos, Bab el Mandeb, Malaca, Ormuz, Gibraltar. Hombres pensando cómo llenar mejor un container que daría para un piso.
La dolce vita en agosto consiste en un milisegundo sin pensar en nada, o sea sin pensar en el futuro ni en el pasado, o sea, en nada. El vacío polariza, lo acaba de confirmar un experimento. La luz, el gas, el gasofón… disparados. La Cruzada de los niños reloaded.
A ratos salen bombas atómicas ideales, hongos putinianos, chifladuras de los cielos. Grandes obras ciclópeas requieren suspensión de las leyes de relleno (inflación legislativa), la eco bio era solo para los tiempos ordinarios, cuando no pasa nada, o sea, los tiempos. El cambio de ciclogénesis ha traído monstruos incomprensibles, almacenes de quita y pon que todavía, a pesar de tanto decirlo, no van solos por IA, no hay androides y aún se requieren mozos de almacén humanos y mozas humanas.
La dolce vita va y viene mientras dura el hielo del los polos y del gin-tonic. Las piscinas, cuando tienen agua, sirven para cargar los helicópteros que rugían los incendios, el azul de David Hockney lleva turbidez de cuerpos, ceniza, urgencia por vivir algo.
La dolce vita, La gran belleza (Sorrentino), Pasolini, Buñueloni… Mientras llegue la enfermera a los pueblos… Mientras llega la médica un rato…
La dolce vita pende de dos hilos, la inflación trumpiana y la urgencia precaria, concepto nuevo… para otro día.
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