Creció como un niño salvaje criado por lobos y acabó ligado a un clásico mundial: la historia real que rodeó a Dina Sanichar

Un niño crece sin palabras humanas y aprende a orientarse por olores, sonidos y movimientos de otros animales. Mowgli describe a un niño abandonado por sus padres que vive con lobos, y esa situación obliga a adaptarse a un entorno donde nadie habla ni señala objetos, así que todo se aprende por imitación y reacción.

Ese tipo de vida implica moverse a cuatro patas, comer lo que se encuentra y responder a señales básicas como gruñidos o aullidos. También significa que el contacto con personas resulta extraño cuando aparece por primera vez, porque no hay referencias previas para entender gestos o sonidos humanos. Esa forma de crecer deja una huella difícil de borrar cuando alguien intenta cambiar ese modo de vida.

Un menor fue hallado tras convivir con lobos

Un niño encontrado en la India en 1867 vivió tras convivir con lobos y nunca llegó a hablar pese a años en un orfanato, según recoge la historia difundida en publicaciones de la época. Dina Sanichar fue llevado al Orfanato Secundra de Agra, donde los misioneros intentaron enseñarle a caminar erguido, vestirse y comunicarse. Aprendió algunas rutinas básicas, pero no desarrolló lenguaje hablado y siguió mostrando conductas propias de su vida anterior.

En el orfanato, los cuidadores observaron cambios lentos en su comportamiento. Con el paso del tiempo consiguió ponerse de pie y vestirse, aunque al principio rechazaba la ropa y la rompía. También adquirió hábitos nuevos como fumar cigarrillos, algo que los misioneros destacaron porque no formaba parte de su conducta inicial. Aun así, la comunicación siguió siendo limitada, ya que no entendía gestos simples como señalar con el dedo, y eso dificultaba cualquier intento de enseñanza.

Antes de llegar allí, los cazadores lo encontraron en una cueva en la zona de Bulandshahr. Creían seguir a un lobo, pero vieron a un niño que se movía como el animal y que entró en la cueva tras él. Para sacarlo, encendieron fuego en la entrada y obligaron a salir a los animales. El niño mordió y arañó cuando intentaron atraparlo, y reaccionó como un animal acorralado mientras lo llevaban fuera.

En ese mismo orfanato no vivía solo. Según el superintendente Erhardt Lewis, había al menos otros dos niños y una niña con historias similares. Un geógrafo llegó a escribir que la llegada de estos casos se había vuelto habitual, hasta el punto de que el personal no reaccionaba con sorpresa cuando aparecía otro menor procedente del bosque.

El comportamiento de Dina Sanichar llamó la atención por detalles muy concretos. Caminaba apoyando codos y rodillas, lo que deformó sus brazos y encorvó sus hombros. Antes de comer, olía la comida y la rechazaba si no le gustaba el olor, tal como describió Lewis en una carta donde escribió: “La facilidad con la que se desplazan sobre cuatro extremidades es sorprendente”. También emitía gruñidos y aullidos en lugar de palabras cuando quería expresar algo.

Su vida terminó sin lograr una integración completa

Su vida terminó en 1895 a los 35 años tras enfermar de tuberculosis. Pasó la mayor parte de su vida rodeado de personas, pero no llegó a integrarse del todo en ese entorno. El interés por su caso se extendió en Europa gracias al libro que publicó G.C. Ferris en 1903, basado en informes del reverendo C. S. Valentine.

En ese texto se describen tanto su captura como su vida posterior, y se insiste en que su historia no coincide con la del personaje de ficción. Ferris señala que el niño real no mostraba rasgos amables y que su comportamiento resultaba tosco y limitado.

Otros casos permiten ver situaciones parecidas con datos más claros. Oxana Malaya, nacida en 1983 en Ucrania, vivió con perros tras ser abandonada por sus padres y, cuando fue rescatada, se movía a cuatro patas y no hablaba. Con terapia aprendió ruso y ahora trabaja cuidando animales. Shamdeo, un niño indio encontrado en el bosque, tenía uñas largas y callos en manos y rodillas, y murió poco después de ser rescatado.

La obra de Kipling coincidió con relatos reales conocidos

Rudyard Kipling publicó El libro de la selva en 1894, casi diez años que que el libro de Ferris, y creó a Mowgli como un niño que vive entre lobos y luego entra en contacto con humanos. El propio autor reconoció en una carta de 1895 que había tomado elementos de muchas historias al escribir su obra, y su padre ya había mencionado relatos de niños criados por animales en un libro de 1891. Esa coincidencia sitúa la historia de Dina Sanichar dentro del contexto que rodeaba a la creación del personaje.