Escándalo arbitral en la Copa África: la campeona Senegal se marchó del campo ante el doble 'robo' de Marruecos

La rivalidad entre selecciones africanas siempre deja partidos intensos y situaciones difíciles de olvidar. Cada edición de la Copa de África muestra hasta qué punto la competición se vive como una cuestión de orgullo nacional. Esa pasión desbordada fue la antesala de la final más controvertida de los últimos años.

Senegal y Marruecos llegaron a Rabat con trayectorias sólidas y la expectativa de un duelo equilibrado, pero el desenlace no se ciñó a ninguna previsión. El título terminó en manos senegalesas, en medio de decisiones arbitrales discutidas y un ambiente que rozó el caos. Nada de lo ocurrido encajó con la idea de una final ejemplar, y las exatrañas decisiones arbitrales convirtieron la gran final en un episodio que será por su tensión más que por el juego.

Senegal gana el título en una final al límite

Senegal conquistó su segunda Copa de África tras imponerse en la prórroga a Marruecos en una final que estuvo cerca de suspenderse. Durante el partido se produjeron imágenes insólitas, con Senegal ganando en casa del rival, en un partido que tuvo de todo y en el que los finalmente campeones estuvieron a punto de retirarse del campo al sentirse doblemente robados por las decisiones del árbitro.

El partido terminó con victoria por 1-0 gracias al gol de Pape Gueye, atacante del Villarreal, en un disparo que superó a Bono en el minuto 93. Antes de esa jugada, en lo que podría ser la última acción de la final al estar por encima del añadido, un dudoso penalti señalado a favor de Marruecos en el descuento encendió los ánimos, y el fallo de Brahim Díaz evitó que la selección anfitriona se proclamara campeona.

El arbitraje provocó un estallido de indignación

La tensión se había acumulado desde los días previos. La delegación senegalesa había denunciado trato desigual a su llegada a Rabat, con problemas de alojamiento y limitaciones para entrenar en campos adecuados. También criticó el reparto de entradas, que consideró injusto. Ese malestar alimentó la sensación de agravio que estalló durante el partido.

La primera gran polémica llegó cuando el árbitro anuló un gol de Senegal por una presunta falta sobre Achraf Hakimi. Pocos minutos después, tras esa primera decisión incomprensible, el colegiado congolés Ndala Ngambo señaló un penalti a favor de Marruecos por un leve contacto sobre Brahim Díaz.

El VAR intervino, pero ratificó la decisión, y el enfado senegalés fue inmediato al entender que el toque no era punible. El seleccionador Pape Thiaw pidió a sus jugadores que abandonaran el campo y casi todos le siguieron, salvo Sadio Mané, que permaneció en el césped intentando convencerlos de volver.

Brahim Díaz, jugador del Real Madrid que prefirió defender el país de sus padres en vez de la Selección española, asumió la responsabilidad de lanzar el penalti. Eligió un golpeo a lo Panenka que detuvo Edouard Mendy con facilidad. Aquella acción cambió el rumbo del partido y devolvió la confianza a Senegal.

Durante la prórroga, cuando Senegal ya ganaba y una fuerte tromba de agua caía sobre el estadio, se produjo una escena bochornosa que ha seguido circulando horas después de la final. En un vídeo viral se observa cómo varios recogepelotas intentan impedir que el portero senegalés pudiera recibir una toalla seca para limpiarse los guantes.

El suplente Yehvan Diouf, situado detrás de la portería, trató de alcanzársela, pero varios jóvenes forcejearon con él para quitársela. En otra imagen se aprecia incluso a un jugador suplente de Marruecos colocándose delante del guardameta para obstaculizar el gesto. El incidente reflejó el nivel de tensión que rodeó todo el encuentro, con un clima hostil que fue más allá del terreno de juego.

Marruecos se queda sin título y Senegal celebra bajo la lluvia

En la misma prórroga, Pape Gueye resolvió la final con un potente disparo tras recibir el pase de Idrissa Gueye. El tanto dio a Senegal su segundo título continental, después del conseguido en 2021. Marruecos, anfitriona y favorita, tendrá que seguir esperando de más de medio siglo sin conquistar el torneo. No obstante, sí ha ganado, pese a las dantescas imágenes, el premio al Fair Play.

El encuentro había sido irregular desde el inicio. Senegal dominó el primer tramo, pero Bono, guardameta marroquí del Al Hilal, evitó el gol en varias ocasiones. Detuvo un cabezazo de Pape Gueye y un disparo de Ilman Ndiaye tras un pase de Nicolas Jackson. Marruecos reaccionó después del descanso, aunque sus principales figuras, como Achraf Hakimi o Abde, apenas lograron generar peligro.

Las interrupciones fueron constantes. Un choque entre Neil El Aynaoui y Malick Diouf detuvo el partido más de diez minutos y enfrió el ritmo. Cuando parecía encaminado a los penaltis, llegaron las decisiones arbitrales que transformaron el ambiente en tensión pura.

El tiempo extra fue un ejercicio de resistencia física y orgullo. Marruecos tuvo ocasiones para empatar con remates de En Nesyri y Aguerd, pero el larguero y la falta de precisión sellaron su derrota. Senegal celebró con sus jugadores exhaustos en el césped, bajo la lluvia, y con un público dividido entre la frustración y el asombro de lo que acababan de ver. La final de Rabat sin duda quedará como una de las más tensas y controvertidas en la historia reciente del fútbol africano y, posiblemente, mundial.