Descubren en Marruecos un tablero de juego de más de 1.000 años que reescribe la historia del ocio medieval
Los juegos de mesa formaban parte de la vida cotidiana en las sociedades islámicas medievales, pero las pruebas arqueológicas que permiten reconstruir cómo, dónde y cuándo se practicaban siguen siendo escasas. Un estudio publicado en la revista Libyan Studies aporta ahora una pieza clave para llenar ese vacío: un tablero de juego tallado hace más de mil años en un baño público de la ciudad de Walila, la antigua Volubilis romana, en Marruecos. Los investigadores consideran que podría tratarse de la evidencia más antigua conocida en el norte de África de un juego denominado hoy tab o sig, una práctica que aún sobrevive en algunas regiones del Magreb.
Un hallazgo con una cronología excepcional
La importancia del descubrimiento no radica únicamente en el objeto en sí, sino en el contexto arqueológico en el que apareció. Uno de los principales problemas para estudiar los juegos medievales es que la mayoría de tableros grabados en piedra carecen de una datación precisa. En este caso, sin embargo, el tablero fue localizado en un hammam construido entre finales del siglo VIII y el siglo IX, durante el periodo idrisí, y que dejó de utilizarse entre los siglos X y XI. Esa cronología proporciona una referencia excepcionalmente sólida para situar el uso del tablero en los primeros siglos del mundo islámico occidental.
El hallazgo se produjo en Walila, una ciudad que desempeñó un papel destacado en los inicios del islam en el Magreb. Tras la llegada de Idrís I a finales del siglo VIII, la localidad se convirtió en uno de los centros políticos de uno de los primeros estados islámicos del norte de África. Durante esa etapa experimentó un importante crecimiento urbano y se levantaron nuevos complejos residenciales e infraestructuras, entre ellas el hammam donde apareció el tablero. Los investigadores consideran que el contexto del descubrimiento ofrece una oportunidad poco habitual para estudiar aspectos cotidianos de la vida social que rara vez dejan huella en el registro arqueológico.
Un tablero grabado en los escalones del baño
El tablero fue grabado sobre uno de los escalones que daban acceso a una pequeña piscina de agua fría. Está formado por tres filas paralelas de al menos trece cavidades cada una, distribuidas en una superficie de unos 34 centímetros de largo. Los agujeros probablemente fueron tallados con herramientas manuales y ocupan una posición muy visible dentro del edificio, lo que lleva a los autores a pensar que no se trató de una intervención improvisada. Por el contrario, consideran que fue una incorporación deliberada realizada durante el periodo de uso del hammam y probablemente con la autorización de quienes controlaban el espacio.
La ubicación del tablero resulta especialmente reveladora. Los arqueólogos señalan que el diseño permitía que dos personas se sentaran frente a frente mientras jugaban, sin impedir el acceso de otros usuarios a la piscina. Esa disposición sugiere que el juego formaba parte de la actividad social desarrollada en el baño público. Más allá de su función higiénica, los hammams actuaban como espacios de encuentro y convivencia, y el hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre las actividades que podían desarrollarse en este tipo de espacios comunitarios.
¿Qué juego se practicaba en Volubilis?
Uno de los aspectos centrales del estudio consiste en identificar qué juego se practicaba sobre ese tablero. Los investigadores analizaron varias posibilidades, entre ellas los juegos de tipo mancala, muy extendidos en África y Oriente Próximo. Sin embargo, las características físicas del tablero no encajan bien con esa familia de juegos, cuyos tableros suelen presentar cavidades más profundas y configuraciones diferentes. Por ello, la interpretación que consideran más plausible es que estuviera destinado al tab o sig, un juego de estrategia y movimiento que enfrenta a dos jugadores y que todavía se conserva en distintas variantes regionales.
La conclusión tiene implicaciones que van mucho más allá de Marruecos. Hasta ahora, los tableros más antiguos relacionados con este tipo de juego se habían documentado principalmente en Oriente Próximo y Arabia, además de algunos ejemplos en Portugal. La pieza de Walila amplía significativamente el mapa de distribución conocido y apunta a que estas prácticas lúdicas ya habían llegado al extremo occidental del mundo islámico durante la Alta Edad Media. Según los autores, el hallazgo sugiere que la historia de este juego en el norte de África podría ser mucho más antigua de lo que se creía.
El ocio como objeto de estudio arqueológico
El estudio también contribuye a replantear la forma en que se entiende el ocio en las sociedades islámicas medievales. Las fuentes escritas de la época mencionan con frecuencia juegos de mesa, apuestas y actividades recreativas, pero las evidencias materiales son mucho más difíciles de localizar y datar. El tablero de Walila aporta una prueba excepcionalmente bien contextualizada para analizar la presencia de estas prácticas en espacios comunitarios del Magreb medieval.
Más de un milenio después de que alguien tallara aquellas pequeñas cavidades en la piedra de un hammam marroquí, el descubrimiento permite asomarse a una dimensión poco conocida de la vida cotidiana medieval. Frente a las grandes narraciones centradas en gobernantes, conquistas o transformaciones religiosas, el tablero ofrece una rara evidencia material de actividades vinculadas al tiempo libre y a la sociabilidad en uno de los primeros estados islámicos del norte de África, además de abrir nuevas vías para estudiar la difusión de los juegos de mesa en el mundo medieval.