El deshielo en las montañas de Noruega deja al descubierto artefactos intactos y acelera una carrera arqueológica urgente

Héctor Farrés

26 de mayo de 2026 15:30 h

0

El hielo de alta montaña puede convertir una excursión corriente en una investigación forense. Dos senderistas que avanzaban por una ladera de los Alpes se toparon hace décadas con un cuerpo semienterrado que parecía pertenecer a un montañista muerto poco antes. La ropa conservaba su forma, la piel seguía adherida al cadáver y el paisaje no mostraba señales de una tumba antigua.

Aquella impresión inicial resultó equivocada cuando los análisis revelaron que el hombre llevaba miles de años atrapado bajo el hielo. El descubrimiento alteró la manera de entender los glaciares y abrió una vía nueva para estudiar sociedades desaparecidas. Desde entonces, cada verano cálido multiplica el temor de arqueólogos y rescatistas ante la posibilidad de que aparezcan restos humanos y objetos expuestos durante demasiado tiempo al aire libre.

Reidar Marstein descubrió un calzado prehistórico noruego

Smithsonian Magazine informa de que un zapato de cuero hallado en 2006 en las montañas noruegas de Innlandet cambió la arqueología glaciar moderna. El excursionista Reidar Marstein encontró la pieza sobre una placa de hielo durante un septiembre especialmente cálido y avisó al arqueólogo Espen Finstad.

Las pruebas situaron aquel calzado hace 3.400 años y el hallazgo dio origen a Secrets of the Ice, un proyecto impulsado junto al Consejo del Condado de Innlandet y el Museo de Historia Cultural de Oslo. Desde entonces, el equipo ha recuperado unos 4.500 objetos, entre ellos esquís de madera, túnicas, trampas y puntas de flecha usadas por cazadores de renos.

El trabajo en estas montañas exige algo más que experiencia arqueológica. Julian Post-Melbye, investigador de Secrets of the Ice, explicó que el deshielo vuelve el terreno más inestable y peligroso cada temporada. “Me caí en una grieta el año pasado sin equipo de seguridad”, afirmó. Otro compañero recibió el impacto de una caída de rocas mientras trabajaba cerca de una placa de hielo que empezaba a desprenderse.

El problema se agrava porque el permafrost pierde firmeza a medida que aumentan las temperaturas y las pendientes quedan más expuestas. Según el Stockholm Environment Institute, la producción mundial de combustibles fósiles seguirá creciendo durante esta década pese a los compromisos del Acuerdo de París. En Noruega, hasta el 80% del hielo de montaña podría desaparecer antes de acabar el siglo.

El hallazgo de Ötzi impulsó nuevas excavaciones heladas

La arqueología glaciar apenas tiene unas décadas de historia, aunque ahora atraviesa un periodo de expansión acelerada. El hallazgo de Ötzi en 1991, localizado por una pareja alemana entre Austria e Italia, impulsó excavaciones sistemáticas en regiones heladas de Europa, América y Asia.

William Taylor, conservador de arqueología del Museo de Historia Natural de la Universidad de Colorado, lleva años excavando en Mongolia y observa el mismo deterioro en distintos continentes. “La ventana se está cerrando para aprender lo que podamos de estos extraordinarios congeladores arqueológicos”, dijo. En las montañas de Altái y en zonas del estado de Montana, muchos restos orgánicos ya muestran señales de degradación por la exposición al oxígeno y a los cambios bruscos de temperatura.

Las nuevas técnicas de secuenciación genética han permitido estudiar fragmentos diminutos de ADN antiguo y reconstruir detalles sobre migraciones, enfermedades y parentescos. Los objetos recuperados por Secrets of the Ice pasan primero por análisis genéticos y dataciones por carbono antes de entrar en una investigación minuciosa sobre la vida cotidiana en las montañas.

Post-Melbye explicó que el equipo analiza incluso el polen adherido a los restos de animales y los parásitos presentes en estiércol conservado por el frío. En algunos casos, arqueólogos europeos han obtenido ADN humano a partir de resinas de corteza mascadas hace miles de años para fabricar herramientas.

Klimapark 2469 abrió una gruta bajo una placa helada

A unos 45 minutos de Lom, en el parque nacional de Jotunheimen, un túnel excavado en hielo antiguo se ha convertido en una de las muestras más llamativas de esta fiebre arqueológica. La gruta de Klimapark 2469 atraviesa una placa helada de unos 7.600 años y expone reproducciones de lanzas, bastones y otros utensilios descubiertos en la zona.

El proyecto nació después de que vecinos de la región decidieran excavar un nuevo corredor cuando el anterior se derritió y el artista noruego Peder Istad diseñó esculturas inspiradas en la mitología nórdica para acompañar el recorrido. Post-Melbye explicó que muchas familias de la comarca conservan registros genealógicos que se remontan siglos atrás y que algunos pasos de montaña todavía permiten rastrear antiguas rutas de tránsito.

Las placas conservaron madera y cuero durante milenios

Las placas de hielo inmóviles funcionan como cápsulas de conservación extraordinarias. A diferencia de los glaciares en movimiento, que terminan aplastando los objetos atrapados en su interior, estas masas heladas mantienen temperaturas bajas y reducen la actividad microbiana. Gracias a esas condiciones han sobrevivido textiles, madera y cuero en un estado casi intacto durante milenios.

Rune Strand Ødegård, ingeniero de la Norwegian University of Science and Technology, explicó que Noruega ofrece unas condiciones especialmente favorables para este tipo de conservación. “Necesitamos recoger y comprender todo lo posible durante la ventana de tiempo que queda antes de que desaparezca el hielo”, señaló.

Cinco arqueólogos intentan rescatar materiales antes del deshielo

La urgencia, sin embargo, supera la capacidad de respuesta de muchos equipos científicos. Secrets of the Ice trabaja con solo cinco arqueólogos para revisar más de 70 zonas donde aparecen restos cada verano. Algunos materiales empiezan a deshacerse apenas unos minutos después de salir del hielo. En el Norwegian Mountain Center, Post-Melbye mostró una cesta vikinga de cuero que comenzó a agrietarse casi al instante cuando salió de una bolsa de conservación.

El deshielo deja al descubierto piezas intactas, pero también acelera su destrucción en cuestión de horas. Ese ritmo vertiginoso marca una disciplina que intenta rescatar miles de años de historia antes de que el hielo desaparezca definitivamente.