El efecto patinador entra en juego: la Tierra gira más despacio y deja en pausa el temido segundo negativo: “Puede causar problemas enormes”
El movimiento de la Tierra nunca es uniforme y responde a varias fuerzas que actúan al mismo tiempo y con efectos distintos. La rotación del planeta depende de la gravedad de la Luna, del comportamiento del núcleo interno y de cómo se distribuye el agua sobre la superficie, factores que alteran la velocidad con la que completa cada día.
Ese giro puede acelerarse o frenarse en función de cambios muy concretos, como la transferencia de masa desde los polos hacia otras zonas o la interacción continua con las mareas. En este contexto entra el calentamiento global, ya que el deshielo en Groenlandia y la Antártida desplaza grandes cantidades de agua hacia el ecuador y modifica el equilibrio del planeta.
Ese desplazamiento hace que la Tierra gire ligeramente más despacio porque la masa se aleja de su eje, igual que ocurre cuando un patinador abre los brazos. Aun así, ese freno no actúa solo, ya que convive con otros procesos internos que empujan en sentido contrario y explican por qué el ritmo del planeta cambia con el paso del tiempo.
Un estudio de 2024 retrasó el ajuste del reloj mundial
Un estudio publicado en Nature en 2024 concluyó que el deshielo polar ha retrasado la necesidad de aplicar un segundo intercalar negativo, una medida que ajusta el tiempo oficial cuando la rotación real de la Tierra se adelanta al estándar.
Este trabajo, firmado por Duncan Agnew, indica que ese ajuste, previsto para este 2026, se pospone hasta 2029 debido a la redistribución de masa causada por el calentamiento global. El propio Agnew explicó que “un segundo no parece mucho, pero en el mundo actual puede causar problemas enormes si el tiempo no coincide”.
La posibilidad de eliminar un segundo del reloj mundial surge porque la Tierra, en los últimos años, había mostrado una ligera aceleración en su giro. Esa tendencia hizo pensar que el sistema de medición necesitaría recortar tiempo por primera vez en la historia, lo que implicaría minutos de 59 segundos.
Sin embargo, el proceso no está probado y genera dudas técnicas, ya que muchos sistemas informáticos están preparados para añadir tiempo, pero no para restarlo. Patrizia Tavella, directora del departamento de tiempo de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, advirtió en Nature que “un segundo negativo nunca se ha aplicado ni probado”.
El sistema UTC mantiene sincronía con el giro real
El sistema que regula estos ajustes parte del Tiempo Universal Coordinado, que intenta mantener sincronizados los relojes atómicos con la rotación real del planeta. Este mecanismo nació porque el giro terrestre no es perfecto y varía con el paso de los años. Desde 1972 se han añadido 27 segundos intercalares para corregir esas diferencias, aunque en las últimas dos décadas el ritmo se ha reducido y solo se han introducido cuatro ajustes.
Durante mucho tiempo, la causa principal de la ralentización era la fricción de las mareas generadas por la Luna, que alarga ligeramente la duración del día. Ese efecto sigue presente, pero ahora comparte protagonismo con cambios derivados del clima. La interacción entre ambos procesos explica por qué el comportamiento del planeta no sigue una línea simple y obliga a revisar de forma continua las mediciones.
Los problemas no son solo científicos. La manipulación del tiempo puede afectar a infraestructuras digitales sensibles. Ingenieros de Meta señalaron que introducir estos ajustes resulta arriesgado y defendieron su eliminación. En 2012, un segundo intercalar provocó un fallo importante en servidores que no pudieron procesar el cambio correctamente, según Data Center Dynamics. Ese tipo de incidentes ha llevado a plantear el fin de este sistema.
Los datos recientes muestran días ligeramente más largos
El mecanismo físico que explica el papel del deshielo se basa en la redistribución de masa. Cuando el hielo se derrite, el agua se desplaza hacia zonas más alejadas del eje terrestre. Ese cambio altera el momento angular y reduce la velocidad de rotación. Jerry Mitrovica, geofísico de la Universidad de Harvard, señaló en Nature que ese efecto ha retrasado varios años la necesidad de aplicar el ajuste negativo.
Los datos acumulados refuerzan esta interpretación. Entre 2000 y 2020, la duración del día aumentó a un ritmo de 1,33 milisegundos por siglo, según investigaciones recientes. Ese cambio se atribuye al movimiento del agua provocado por el calentamiento global, que ahora tiene más influencia que la fricción lunar en el comportamiento del planeta.
Las mediciones actuales confirman esta evolución. Los boletines del IERS muestran valores positivos en la longitud del día, lo que indica que la aceleración detectada antes se ha frenado. Esa variación deja al planeta en una fase de desaceleración ligera, donde cada pequeño cambio en la distribución de masa modifica el ritmo con el que transcurre el tiempo medido.