La influencia humana también alcanza a la rotación del planeta y está estirando la duración de cada día a un ritmo que no se había en millones de años

Héctor Farrés

18 de marzo de 2026 15:40 h

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El reparto de la masa en un cuerpo cambia la velocidad a la que ese cuerpo da vueltas sobre sí mismo. La Tierra gira sobre su eje y ese movimiento define lo que se considera un día, aunque ese ciclo no mantiene siempre la misma duración exacta. El formato de 24 horas sirve como referencia estable, pero no coincide de forma perfecta con lo que ocurre en cada momento.

Ese desfase se explica porque el planeta no es rígido ni estático, ya que su interior, sus océanos y su atmósfera cambian con el tiempo. Cada uno de esos cambios altera ligeramente el ritmo del giro. Esa variación existe desde hace millones de años y se mide con instrumentos muy precisos. La explicación detallada de ese ajuste requiere observar cómo cambia el planeta en su conjunto.

Un estudio reciente detecta un alargamiento sin precedentes en millones de años

Ese comportamiento variable del giro llevó a un equipo de la University of Vienna y ETH Zurich a estudiar el fenómeno con más detalle, y su trabajo publicado en Journal of Geophysical Research Solid Earth concluye que el calentamiento global está alargando los días a un ritmo que no se había visto en 3,6 millones de años.

Los investigadores identificaron a la actividad humana como la causa principal de ese cambio reciente. La variación es pequeña, pero medible, y alcanza unos 1,33 milisegundos por siglo en las últimas décadas. Esa cifra, aunque mínima en apariencia y parezca que no vaya a ser nunca relevante para la vida, permite comparar el presente con registros antiguos y detectar una diferencia clara frente a etapas anteriores.

Los fósiles marinos permiten reconstruir cambios antiguos del movimiento terrestre

Para reconstruir esos cambios antiguos, el equipo analizó restos fósiles de foraminíferos bentónicos, organismos marinos microscópicos que dejan conchas con información química del entorno en el que vivieron. Mostafa Kiani Shahvandi, del departamento de Meteorología y Geofísica de la University of Vienna, explicó que “a partir de la composición química de los fósiles de foraminíferos, podemos inferir las variaciones del nivel del mar y derivar los cambios en la duración del día”.

Ese método permitió traducir datos geológicos en información sobre la rotación del planeta. Además, los investigadores utilizaron un modelo de difusión basado en principios físicos para reducir la incertidumbre de los datos antiguos y ajustar los cálculos a procesos reales.

El efecto de estos cambios no se percibe en la vida cotidiana, pero afecta a sistemas que dependen de una sincronización precisa. Benedikt Soja, profesor de Geodesia Espacial en ETH Zurich, indicó que “aunque los cambios son solo de milisegundos, pueden causar problemas en áreas como la navegación espacial”.

Sistemas como el GPS o el seguimiento de satélites necesitan conocer con exactitud la posición de la Tierra en cada instante, y una variación en su giro introduce errores si no se corrige. Las previsiones apuntan a que, hacia finales del siglo XXI, el impacto del clima en la duración del día podría superar al efecto gravitatorio de la Luna.

El deshielo desplaza grandes volúmenes de agua lejos del eje terrestre

El origen físico del fenómeno se entiende a partir del movimiento del agua en el planeta. Cuando el hielo de los polos y de los glaciares se funde, el agua se desplaza hacia los océanos y se reparte más lejos del eje de rotación. Ese cambio en la distribución de la masa reduce la velocidad del giro.

Kiani Shahvandi comparó este proceso al afirmar que “la Tierra se comporta como una patinadora que gira más despacio cuando extiende los brazos”. Ese desplazamiento de masa actúa como un freno progresivo sobre la rotación terrestre.

Los registros obtenidos muestran que, durante los ciclos de hielo del Cuaternario, el planeta ya experimentó cambios en la duración del día debido al crecimiento y la desaparición de grandes capas de hielo. Sin embargo, el ritmo actual destaca frente a ese pasado.

El análisis indica que solo hace unos dos millones de años se alcanzó un cambio similar, aunque sin superar el nivel actual. La rapidez del aumento reciente sitúa este periodo fuera de los patrones habituales de los últimos 3,6 millones de años.

La duración estándar de 24 horas funciona como una referencia aproximada

La idea de un día de 24 horas funciona como una convención útil, pero la rotación real del planeta no encaja exactamente en ese valor fijo. La duración del día depende de fuerzas externas, como la atracción de la Luna, y de procesos internos que alteran la distribución de la masa.

La suma de todos esos factores produce pequeñas variaciones continuas. Por si eso fuera poco, en la actualidad, el calentamiento global introduce un cambio adicional que se suma a los mecanismos naturales y modifica el ritmo de giro en una escala mínima, aunque ya se puede detectar con mediciones actuales