Un “jardín geológico” se convierte en el primer museo al aire libre que se inaugura en Barcelona
La ciudad de Barcelona ha dado otro gran paso en su oferta cultural con la apertura del Jardín Geológico, situado en el distrito de Les Corts, un innovador espacio que es considerado el primer museo de la ciudad ubicado íntegramente en la calle. Inaugurado frente a la Facultad de Ciencias de la Tierra, el museo ocupa un tramo estratégico de la calle Menéndez y Pelayo. Con una superficie de 1.830 metros cuadrados, este jardín invita a los transeúntes a descubrir los secretos del planeta. El proyecto busca acercar el conocimiento científico a la ciudadanía de una forma amable y totalmente accesible para todos. La iniciativa representa una apuesta clara por la divulgación de la ciencia en un entorno cotidiano. Este nuevo pulmón de conocimiento se integra perfectamente en la trama urbana de la conocida Zona Universitaria barcelonesa.
La realización de este complejo museístico ha requerido una inversión total de 1,3 millones de euros. Gracias a la colaboración institucional entre la universidad y el consistorio se ha logrado materializar una infraestructura pedagógica única. El espacio, aunque es de titularidad privada por pertenecer a la UB, mantiene un uso público constante para los vecinos. Además, el proyecto aprovecha áreas exteriores al recinto de la facultad para dar continuidad a la labor de investigación. De esta manera, el presupuesto invertido se traduce en un recurso educativo permanente que beneficia a toda la sociedad.
El camino para ver este sueño convertido en realidad no ha sido corto, pues el proyecto se inició hace veinte años. La idea original nació durante el decanato de Miquel Àngel Cuevas, quien impulsó las primeras propuestas temáticas y visuales. Fue en el año 2008 cuando se consolidó un equipo multidisciplinar encargado de desarrollar detalladamente la museografía del jardín. Tras dos décadas de planificación y esfuerzos constantes, la Facultad de Ciencias de la Tierra celebra finalmente este hito científico. Albert Soler, actual decano, recordó con emoción el día de la inauguración los comienzos de esta iniciativa que hoy se abre paso entre el asfalto.
El diseño final ha corrido a cargo del estudio RFArq Arquitectos, bajo la autoría de la arquitecta Eliana Crubellati. La rigurosidad científica ha sido supervisada por el experto Jordi Vives Arumí y por el propio profesorado de la facultad. El flamante Jardín Geológico de Barcelona se ha diseñado con un triple objetivo fundamental que guía su función didáctica y su integración social. En primer lugar, pretende ser un espacio docente de referencia para escuelas e institutos que visiten la Zona Universitaria. Asimismo, busca estrechar los vínculos entre la institución académica y el vecindario del distrito de Les Corts diariamente. Como tercer pilar, la iniciativa ofrece una alternativa de turismo descentralizado, alejando a los visitantes del centro saturado.
El museo permite conocer la evolución geológica de nuestro planeta a lo largo de sus 4.567 millones de años. Esta vocación divulgativa convierte un simple paseo por la calle en una lección magistral de historia natural viva. Los paneles informativos y las piezas expuestas están pensados para captar el interés tanto de expertos como de curiosos. La estructura del museo se divide en cuatro ámbitos diferenciados, siendo el primero de ellos el dedicado al tiempo geológico. Este sector propone un recorrido de 60 metros lineales donde el propio pavimento de la calle es el gran protagonista. El suelo está compuesto por rocas reales extraídas de Catalunya que representan los últimos 600 millones de años. Al caminar sobre ellas, el visitante recorre la historia de la vida y la lenta pero constante evolución de los continentes.
Junto a los parterres, se han instalado grandes bloques de roca en estado bruto que marcan hitos geológicos muy relevantes. Este “hilo integrador” permite entender visualmente cómo se ha formado el paisaje que hoy pisamos de forma habitual. Es una experiencia inmersiva que utiliza materiales naturales para narrar cronológicamente los cambios drásticos del entorno terrestre. La disposición de los elementos facilita una comprensión intuitiva de las magnitudes temporales que maneja la geología moderna.
El segundo espacio, titulado La tierra, se localiza en una de las escaleras de acceso a la facultad mencionada. Aquí, los visitantes atraviesan una “puerta al conocimiento” que revela la compleja estructura interna del globo terráqueo actual. Se exhiben las diferentes capas del planeta mediante materiales que representan fielmente su composición química y física real. Además, este tramo ofrece información detallada sobre el campo magnético terrestre y la fascinante dinámica de la litosfera.
El factor humano
Justo enfrente, se sitúa el tercer ámbito conocido como el corte geológico, representado por un imponente muro exterior. Este muro muestra una sección transversal del territorio fabricada con rocas auténticas para mostrar qué hay bajo la superficie. Es una herramienta visual potente para comprender cómo las estructuras subterráneas definen el relieve y el paisaje superficial. Ambos espacios logran sintetizar conceptos geológicos abstractos en elementos tangibles que el ciudadano puede tocar y observar.
La última sección del jardín está dedicada a los recursos geológicos, un tema de vital importancia para la sociedad actual. En esta área se explica la dependencia crítica que el ser humano tiene de los materiales que extrae de la tierra. Se muestra la procedencia de elementos cotidianos, desde el agua potable hasta los metales utilizados en grandes infraestructuras. También se hace hincapié en minerales estratégicos como el litio para baterías o los componentes de los teléfonos móviles. El objetivo es concienciar al público sobre cómo los procesos geológicos sostienen el estilo de vida y la tecnología moderna. Al visibilizar esta conexión, el museo fomenta una reflexión necesaria sobre el uso responsable de los recursos naturales limitados. Esta parte del recorrido cierra el círculo entre la historia antigua del planeta y los desafíos de la actualidad, una manera de recordar que la geología no es solo el estudio del pasado, sino una ciencia clave del presente.