Levantado durante el Imperio Romano para albergar a unas 6.000 personas, este impresionante teatro estuvo cubierto de escombros durante siglos

Laura Cuesta

29 de mayo de 2026 09:00 h

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En Mérida hay varias visitas obligatorias. Hablamos de una de las ciudades más importantes de la Hispania romana, cuyo nombre original era Emerita Augusta. Fundada en el año 25 a. C. por orden del emperador Octavio Augusto, esta se convirtió rápidamente en la capital de la provincia romana de Lusitania. Todo esto favoreció la construcción de infraestructuras que hoy, dos mil años después, se pueden seguir visitando.

Entre ellas, encontramos el impresionante Teatro Romano de Mérida. A los romanos les gustaban las peleas de gladiadores en el anfiteatro y las carreras de cuadrigas en el circo, pero también el teatro, y una ciudad tan importante como Emerita Augusta no podía dejar de contar con un edificio dedicado a este tipo de representaciones. 

Según consta en una inscripción realizada en el propio teatro, este fue construido bajo el patrocinio del cónsul Marco Agripa, yerno de Augusto, entre los años 16 y 15 a.C. Se trata de un lugar que llegó a tener un aforo de hasta seis mil espectadores, distribuidos de abajo a arriba según su clase social en tres sectores de gradas, caveas summa, media e ima, separadas a su vez por pasillos y barreras.

Pero la edad dorada de este teatro llegó a su fin tras la llegada y consolidación del cristianismo. A partir del siglo IV d. C., este fue ganando influencia y los espectáculos teatrales comenzaron a considerarse inmorales o paganos por parte de las autoridades eclesiásticas. Como resultado, muchos teatros del Imperio, incluido el de Mérida, fueron abandonados.

Recuperación de un edificio de hace miles de años

Con el paso del tiempo, el edificio quedó en desuso, pero lo más impactante es que gran parte de la estructura quedó cubierta por tierra y arena hasta el punto que, durante siglos, solo se veía una parte de las gradas superiores. Los emeritenses tuvieron que esperar hasta el año 1910 para que empezaran las excavaciones arqueológicas en el recinto.

Así, no fue hasta pleno siglo XX cuando el teatro de una de las ciudades más importantes del Imperio Romano fue recuperado y restaurado. Hoy en día, este lugar acoge todo tipo de actividades, siendo una de las más importantes el Festival Internacional de Teatro Clásico, que se inauguró en 1933 y se celebra cada año en los meses de julio y agosto.

Algunos de los espacios que más destacan de este particular teatro son la orchestra, espacio semicircular con suelo de mármol reservado para el coro, y el frons scaenae, espectacular muro frontal que alcanza casi 30 metros de altura, estructurado en dos cuerpos de columnas entre las que podemos ver estatuas de emperadores divinizados y de dioses como Ceres o Plutón.