Una línea ferroviaria deja al descubierto dioses romanos y marcas contra brujas enterradas bajo Reino Unido

La fiebre de un niño podía cambiar la paz de una aldea cuando nadie encontraba una causa capaz de explicar el deterioro. Esa enfermedad no se veía como un fallo del cuerpo, sino como la señal de que alguna fuerza dañina actuaba cerca y alteraba la vida diaria.

Para muchos aldeanos de hace cientos de años, lo maligno no era solo una figura con nombre propio, sino aquello que estropeaba la cosecha, enfermaba a los animales, rompía la convivencia o convertía una desgracia en sospecha. También dejaba señales materiales que, siglos después, permiten reconstruir cómo se percibían los riesgos y los temores de cada época.

Una gran excavación sacó siglos de historia británica

Según recoge ZME Science, las obras de la línea ferroviaria HS2 han dado lugar al mayor programa arqueológico realizado hasta ahora en Reino Unido. Antes de construir vías, estaciones, puentes y túneles, los equipos de excavación han sacado a la luz restos que abarcan desde la Edad del Hierro hasta la época moderna, lo que ha permitido documentar asentamientos, enterramientos, edificios religiosos y objetos de enorme valor histórico.

Uno de los hallazgos más llamativos apareció en Stoke Mandeville. Los arqueólogos excavaban una iglesia medieval levantada en 1080 y reformada varias veces antes de su abandono definitivo cuando descubrieron que el edificio se encontraba sobre un mausoleo romano.

La excavación reveló esculturas de gran calidad y una jarra romana hexagonal de vidrio que conservaba amplias partes intactas pese a haber permanecido enterrada durante más de un milenio. Rachel Wood, arqueóloga principal del yacimiento, destacó la rareza de las piezas encontradas: “Son hallazgos realmente poco frecuentes en Reino Unido”.

Otro descubrimiento destacado fue una figura humana de madera fechada en los primeros momentos de la presencia romana en Britania. La pieza sobrevivió cerca de 2.000 años gracias a la falta de oxígeno en la capa de arcilla donde permaneció enterrada. Los detalles del cabello y de la túnica siguen siendo evidentes.

Su conservación exigió mantener la madera húmeda, tratarla con polietilenglicol y someterla después a un proceso de secado por congelación a menos 40 grados bajo cero. El arqueólogo de Fusion JV Iain Williamson subrayó la importancia de la pieza porque abre nuevas preguntas sobre la identidad y el significado de la figura representada: “La supervivencia de una figura de madera como esta es extremadamente rara para el periodo romano en Gran Bretaña”.

Un conjunto monetario abrió nuevas dudas sobre su uso

La ruta de HS2 también permitió localizar el llamado Tesoro de Hillingdon, formado por unas 300 monedas de la Edad del Hierro acuñadas hace unos 2.175 años en la actual Francia. Las piezas muestran la cabeza del dios Apolo por una cara y un toro por la otra. Los especialistas aún discuten si se utilizaron como ofrenda, como marcador territorial o como reserva guardada para tiempos difíciles.

Las excavaciones revelaron además una próspera localidad comercial romana conocida como Blackgrounds. El asentamiento apareció apenas medio metro bajo la superficie y conservaba edificios residenciales e industriales, pozos, monedas y una calzada de diez metros de ancho.

La presencia de joyas, cerámica de calidad y objetos de uso cotidiano apunta a una comunidad acomodada. James West, responsable del yacimiento para MOLA, considera que el enclave puede cambiar la visión sobre la presencia romana en la región: “El lugar tiene potencial para transformar nuestra comprensión del paisaje romano de esta zona y de áreas más amplias”.

Unas inscripciones buscaron alejar amenazas invisibles

Los investigadores encontraron igualmente rastros de antiguas creencias relacionadas con la protección frente al mal. En la iglesia medieval aparecieron varios grabados interpretados como posibles marcas destinadas a alejar espíritus malignos, aunque algunos expertos también contemplan que sirvieran como relojes solares.

Estas inscripciones encajan con otros ejemplos conocidos en distintos puntos de Reino Unido y muestran cómo ciertas comunidades intentaban defenderse de amenazas que consideraban reales aunque no pudieran verlas.

A lo largo del recorrido también surgieron cementerios anglosajones y romanos. En uno de ellos, datado entre los siglos V y VI, cerca de tres cuartas partes de las tumbas contenían objetos de gran calidad que sugieren la existencia de una comunidad acomodada.

El material recuperado seguirá ofreciendo nuevos datos

Las investigaciones no se limitan a la Antigüedad. Las fotografías aéreas permitieron identificar los restos de Coleshill Manor y un gran foso octogonal asociado a la propiedad. Las excavaciones sacaron a la luz un jardín de alrededor de 1600 que había permanecido olvidado. El especialista en historia del paisaje Paul Stamper destacó la relevancia del conjunto: “Este es uno de los jardines isabelinos más emocionantes que se han descubierto en este país”.

La fase actual del proyecto se centra en estudiar y difundir todo el material recuperado. Un consorcio denominado Access+ prepara un archivo digital que será gestionado por Archaeology Data Service y que pondrá la información a disposición de investigadores y público.

Además de bases de datos, el programa prevé publicaciones, exposiciones y actividades divulgativas. Duncan Wilson, director ejecutivo de Historic England, señaló que el análisis detallado permitirá comparar y relacionar numerosos yacimientos surgidos a lo largo del recorrido.

De ese modo, los restos encontrados bajo el trazado ferroviario seguirán aportando información durante años sobre las personas que habitaron esos lugares y sobre los temores, creencias y formas de vida que dejaron grabadas en el terreno.