Llegó a ser el gángster más buscado del FBI, pero su muerte sigue llena de misterios 90 años después

Lo cierto es que John Dillinger se ganó a pulso la fama del criminal más peligroso y amenazante de Estados Unidos en la década de 1930. Sus crímenes sirvieron para que John Edgar Hoover, el primer director de la historia del FBI, incluso lo incluyera en la lista de la agencia como “el enemigo público número uno” del país.

La historia del gángster podría haber acabado el 22 de julio de 1934, cuando este fue abatido a tiros por el FBI cuando salía del Biograph Theatre de Chicago junto a dos mujeres. Una de ellas era Anna Sage, migrante checoslovaca que, a cambio de impedir su deportación, accedió a traicionar a Dillinger y facilitar su ubicación a las autoridades.

Pero aunque la lápida del cementerio en el que se enterró aquel cuerpo abatido dice que allí yace John Dillinger, su familia siempre defendió que el hombre no murió aquel día. La teoría continuó hasta 2019, cuando la sobrina de Dillinger solicitó la exhumación del cuerpo para confirmar su identidad mediante pruebas de ADN. 

El FBI respondió entonces calificando la petición como una auténtica “teoría de la conspiración”. ¿Cómo no iba a ser Dillinger el que salió del cine aquel día de 1934 y acabó muerto? Aunque la autorización fue finalmente concedida por el Departamento de Salud del Estado de Indiana, la exhumación no se llevó a cabo. La familia de Dillinger dejó el tema, y el “misterio” sobre su muerte sigue alimentando teorías hoy. 

El historial delictivo de Dillinger

John Dillinger nació en Indianápolis en 1903 y, desde joven, estuvo metido en líos. Abandonó la escuela, empezó a robar coches y más tarde se alistó en la Marina de Estados Unidos, aunque desertó meses después. Condenado por robo, pasó años en prisión antes de quedar en libertad condicional en 1933, momento en el que volvió rápidamente a la delincuencia.

Tras su salida, Dillinger protagonizó varios robos a bancos y se convirtió en uno de los criminales más buscados por el FBI. Volvió a ser arrestado en 1933, pero logró escapar de la cárcel con la ayuda de cuatro amigos que se hicieron pasar por agentes de la policía. Un año después, volvió a entrar a prisión y su salida fue digna de película: utilizó una pistola de madera para engañar a los guardias y que lo liberaran.

“Investigar cada pista sobre Dillinger fue un esfuerzo exhaustivo”, recuerda la Oficina del Censo de los Estados Unidos en su página web. De no ser por Sage, que contactó con el FBI dispuesta a acompañar al gángster al cine y ponérselo en bandeja a la policía, no sabemos cómo se habría desarrollado el enorme historial delictivo del “enemigo número uno”.