Sus padres lo traicionaron, pero él cambió la historia de Hollywood: el escándalo que protegió legalmente a los niños actores

Laura Cuesta

4 de marzo de 2026 09:00 h

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Algunos lo recordarán por su papel en El chico (1921), la película muda dirigida y protagonizada por Charles Chaplin. Otros por tío Fester (Fétido), uno de los miembros de la famosa Familia Addams. Muchos ni siquiera sabrán que detrás de estos papeles estaba el mismo hombre: Jackie Coogan, actor estadounidense que falleció en 1984. 

La vida de Coogan estuvo marcada por el éxito precoz (alcanzó una enorme fama en la industria del cine siendo tan solo un niño), pero también por la traición de su familia, que lo obligó a reinventarse para no quedar en el olvido y a luchar por recuperar su independencia económica. 

Esta historia empieza con los padres de Jackie: John “Big Jack” Coogan, quien trabajaba como bailarín cuando nació su hijo, y su madre, Lillian Dolliver, la cual actuaba desde que era una niña. En este contexto, el pequeño Jackie parecía tener el destino profesional escrito: se acabaría dedicando al mundo del entretenimiento. 

Su primer papel lo interpretó cuando apenas tenía 18 meses de edad. Con siete años, Charles Chaplin quedó impresionado con sus cualidades al verlo actuar en una de las presentaciones de su padre, y lo fichó para El chico, película que se estrenó en 1921 y que fue la que catapultó la fama de Coogan.

La industria cinematográfica quedó cautivada con él y no pararon de llegarle proyectos. Jackie protagonizó películas como Oliver Twist (1922), Chiquilín, el artista de circo (1923), El pequeño Robison (1924), Las aventuras de Tom Sawyer (1930) y Huckleberry Finn (1931), entre otras. Con 21 años, Coogan había ganado más de cuatro millones de dólares con sus papeles.

La traición y la ley

Al alcanzar la mayoría de edad y reclamar lo que era suyo, Jackie descubrió que su fortuna acumulada había sido prácticamente despilfarrada por su madre y su padrastro. Cuando intentó recuperar el dinero mediante acciones judiciales, se encontró con que la legislación vigente reconocía a los padres un amplio control sobre los ingresos de sus hijos menores.

Coogan nunca recuperó la fortuna que había perdido, pero su caso fue decisivo para cambiar la forma en que las familias pueden gestionar el dinero que generan las estrellas infantiles en Hollywood. Conocida como “Ley Coogan”, esta norma establece la obligación de guardar al menos el 15% de las ganancias de los actores menores de edad en un fondo fiduciario.

Obligado a reconstruir su trayectoria profesional, atravesó años de inestabilidad, llegando incluso a servir en la Segunda Guerra Mundial. Todo cambió para Coogan al conseguir el papel del tío Fester en la serie de televisión de La familia Addams, que volvió a darle el reconocimiento del público que había perdido y la independencia económica que ansiaba.