Más de 12 minutos de aplausos: el día que Chaplin se llevó la ovación más larga en la historia de los Oscar
Hay ovaciones que ya forman parte de la historia del cine. Los 22 minutos de aplausos que se llevó El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro en el Festival de Cannes en 2006 batieron el récord del certamen. Aunque otros títulos como Fahrenheit 9/11 de Michael Moore, o Mud con Matthew McConaughey, consiguieron 20 y 18 minutos de aplausos respectivamente, ninguna película ha conseguido en estos 20 años superar al filme del director y guionista mexicano.
El resto de galas de premios, como no podía ser de otra forma, tienen su propio ranking de ovaciones y, en el caso de los galardones que entrega la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, el primer puesto se lo lleva Charles Chaplin. A sus 88 años, el actor recibió el Oscar honorífico en 1972, en una ceremonia que será recordada por el enorme cariño que la sala le brindó al cómico que alcanzó la fama en la era del cine mudo.
El actor, que ya había sido nominado a cuatro premios Oscar en 1941 por su película El gran dictador, consiguió entonces el reconocimiento que merecía: fue ovacionado por nada más y nada menos que 12 minutos, marcando el récord de tiempo de aplausos en la historia de estos prestigiosos galardones.
Una disculpa por parte de Estados Unidos
En cierto modo, aquella ovación puede entenderse como una disculpa de Estados Unidos, país del que Chaplin se tuvo que exiliar tras ser acusado de comunista. El actor se estableció en el país en 1913, cuando firmó su primer contrato con Keystone Studios e inició su carrera en el cine. Fue allí donde creó a Charlot, el personaje más emblemático de toda su trayectoria.
“Quería que todo fuera una contradicción: los pantalones anchos, el sombrero pequeño, los zapatos grandes... Añadí un pequeño bigote que pensé que añadiría edad sin ocultar mi expresión. No tenía ni idea del personaje. Pero en el momento en que me vestí, la ropa y el maquillaje me hicieron sentir la persona que él era. Empecé a conocerlo, y para cuando subí al escenario ya había nacido por completo”, explicó el actor en su autobiografía.
Pero junto con el éxito llegaron también sus primeros problemas políticos. Estados Unidos lo tenía en el punto mira desde el estreno de Tiempos modernos, película en la que hizo una crítica feroz al sistema capitalista y a la deshumanización de los trabajadores. Poco después, el gobierno le insistió para que no exhibiera El gran dictador, la sátira sobre Hitler y el régimen nazi. Nada detuvo al intérprete.
A esto se sumaron las acusaciones de simpatizar con el comunismo, que llegaron a tal punto que el FBI incluso le revocó el permiso de residencia mientras Chaplin estaba de gira en Londres. Aunque el gobierno no tenía pruebas de aquello y es probable que hubiera logrado entrar en el país si lo hubiera solicitado, el actor decidió exiliarse a Suiza en 1953, donde residió hasta el final de su vida. Con aquellos 12 minutos de aplausos, la industria estadounidense reconoció, aunque tarde, el legado de uno de los actores más importantes de todos los tiempos.
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