El “modo monje” se expande entre los jóvenes del sector tecnológico que ven en la abstinencia una vía directa hacia el éxito financiero

Los nuevos ricos del siglo XXI ya no viven rodeados de excesos ni fiestas eternas. La idea de riqueza ha cambiado y ahora muchos jóvenes con ambición prefieren aislarse, reducir su vida personal y concentrarse en construir su fortuna. En ese modelo, la abstinencia deja de ser una cosa extraña y se convierte en una elección consciente, habitual y funcional.

Algunos lo describen como una limpieza mental que ayuda a mantener la concentración y la energía. Esa renuncia, vista desde fuera, puede parecer un sinsentido: apartar los pequeños placeres para seguir rindiendo. Pero para muchos se ha convertido en una manera de no perder la concentación ni la energía.

Surgen alternativas más abiertas que rompen el patrón del aislamiento

Los jóvenes fundadores del sector tecnológico renuncian a la vida sentimental para centrarse en sus startups, según Futurism y Business Insider. El ideal de éxito, por lo tanto, ya no se mide por la intensidad de la vida social, sino por el número de horas invertidas frente a la pantalla. En esa cultura de entrega total, muchos priorizan la productividad frente al deseo o el descanso. Eso significa que lo que antes era un estilo de vida propio de unos pocos se ha convertido en la norma entre quienes quieren escalar en la industria.

Mahir Laul, fundador de la empresa de software de recursos humanos Velric, explicó a Business Insider que su tiempo se reparte entre el gimnasio y el trabajo. “Hay dos cosas que me importan más que nada: el gimnasio y mi trabajo”, dijo. Con solo 18 años, pidió una excedencia en la Universidad de Nueva York para centrarse en su proyecto. “Estoy obsesionado con el trabajo. Mi vida amorosa está por los suelos”, añadió. Según él, muchos de sus amigos emprendedores viven igual, sin apenas espacio para citas ni distracciones.

Esa dedicación se ve reforzada por un entorno que premia la constancia. Silicon Valley, donde la cultura del rendimiento lo domina todo, vive una etapa de hiperactividad: las oficinas de San Francisco registran más movimiento y las tarjetas corporativas se usan incluso los sábados.

El concepto modo monje se ha extendido entre los fundadores, que presumen de jornadas de doce horas y semanas de seis días interminables. El ocio y el deseo se sustituyen por maratones de código y rondas de financiación. El resultado es una vida donde el trabajo absorbe todo, incluso las emociones.

Annie Liao, fundadora de la startup Build Club, centrada en educación con inteligencia artificial, afirmó al mismo medio que cada salida nocturna implica un coste alto: “Cada noche que pasas fuera es tiempo que podrías haber dedicado a tu empresa”. Ella y sus compañeras de piso en San Francisco apenas usan aplicaciones de citas y solo buscan relaciones sin implicación emocional, porque abrir una app, dijo, “es una gran distracción”. Liao añadió que, por si fuera poco desalentador ese panorama, muchos hombres en el sector evalúan a las mujeres como si fueran métricas de rendimiento, aplicando puntuaciones que recuerdan a los indicadores empresariales.

Algunos fundadores que mantienen relaciones las empezaron antes de crear sus startups. Yang Fan Yun, cofundador de Composite, conoció a su pareja cuando estudiaba en Stanford. “Estar en una relación ayuda mucho a construir la empresa”, dijo a Business Insider, explicando que su novia colabora en pruebas de producto y en tareas básicas del proyecto. En esa línea, Laul también señaló: “En lugar de buscar aventuras, busco una compañera de vida. Pero ha sido complicado”. Los pocos que siguen en pareja comparten una idea: las relaciones estables funcionan como soporte emocional y, a veces, se integran dentro del proyecto

Surgen alternativas más abiertas que rompen el patrón del aislamiento

La presión del sector y la falta de equilibrio llevan a muchos a replantearse dónde y con quién vivir. En San Francisco, la proporción entre hombres y mujeres en tecnología sigue siendo desigual, lo que complica las relaciones heterosexuales. Algunos fundadores optan por mudarse a Nueva York o mantener relaciones a distancia. Otros, como Filip Kozera, fundador de Wordware, viajan a Europa para encontrar parejas con intereses distintos al mundo tecnológico. Otros, en cambio, intentan cambiar el ambiente local con ideas poco convencionales, como organizar visitas o estancias para atraer a mujeres de otras ciudades y reactivar la vida social en la bahía.

En paralelo, surgen visiones más abiertas. La coach Joyce Zhang, exdirectiva de Stripe, anima a los hombres a centrarse en su propia disponibilidad emocional en lugar de culpar a las cifras. “Si haces el esfuerzo de estar emocionalmente disponible, tendrás opciones”, explicó. En el mismo entorno, las relaciones queer parecen menos afectadas por el aislamiento: Jia Chen, cofundadora de Sorcerer, destacó que en San Francisco hay una comunidad amplia y diversa donde las conexiones personales siguen vivas. Mientras tanto, otros optan por citas híbridas, reuniones que mezclan trabajo y convivencia, e incluso encuentros a través de LinkedIn, una señal de que el límite entre negocio y vida privada se ha desdibujado por completo.