Por el buen estado y la cantidad de ejemplares, más de 300, esta localidad palentina ha sido declarada Kilómetro Cero del zorro común

Astuto, listo, pícaro, sagaz, ladino… El propio diccionario de la lengua española es un fiel reflejo de la importancia que tiene el zorro (vulpes vulpes) en nuestra cultura popular. Y es que el carnívoro más importante de la Península Ibérica es todo un superviviente, experto en adaptarse, en buscar alimento y proteger a sus crías, en ocultarse a sus principales enemigos (que para el mundo animal solemos ser los seres humanos). Pero, a pesar de su ingenio y sus habilidades, el zorro se enfrenta también a amenazas en nuestro siglo XXI marcado por el cambio climático y la alteración continuada de los ecosistemas.

Por eso, el Corredor Biológico Mundial ha declarado la localidad palentina de San Cebrián de Mudá, en el área montañosa del norte de la provincia, como Kilómetro Cero del zorro común. Concretamente de la subespecie ibérica Vulpes vulpes silacea. No es casualidad que este municipio castellano y leonés sea también el kilómetro cero del bisonte europeo: aquí está enclavada una importante Reserva de esta especie que estuvo a punto de extinguirse. Y precisamente es esa reserva la que, por su alto valor ecológico, se ha convertido también en un excelente refugio para otras especies como, en este caso, el zorro común.

Así lo ha reconocido recientemente el Comité Internacional del Corredor Biológico Mundial, a partir del trabajo de investigación desarrollado por Ana Diez Gallego, graduada en veterinaria por la Universidad de León, y su tutor Christian Gortázar, licenciado en veterinaria y doctor por la Universidad de Zaragoza, a través del Máster Universitario en Investigación Básica y Aplicada en Fauna Silvestre, del IREC (instituto de investigación en recursos cinegéticos Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

En el proyecto que llevaron a cabo en esta reserva de Castilla y León, registraron gran cantidad de datos e imágenes gracias a las diferentes cámaras instaladas a lo largo y ancho de este área de 300 hectáreas de superficie, donde pudieron comprobar “la gran afluencia de especies que conviven o atraviesan ese área de alto valor ecológico de densos bosques de robles y praderas verdes, tanto de día como de noche”, indican los investigadores.

Especies como el corzo, ciervo, jabalí, marta, garduña, liebre, milano real, cigüeña, cernícalo, jilguero, mirlo, corneja o zorzal, pero sobre todo, un gran número de zorros en un excelente estado de salud. “La sociedad debe entender que lograr avances solo se puede conseguir con las sinergias y la coordinación entre todas las partes, en este caso, el Ayuntamiento del municipio, la Reserva de Bisonte Europeo de San Cebrian de Muda, El Comité Internacional del Corredor Biológico Mundial y por supuesto la Universidad de Castilla-La Mancha (ULCM). Aquí todos somos igual de importantes”, subrayan.

Una importancia cotidiana, a la vista de cualquiera, como es la de la propia naturaleza, que sin embargo pasa demasiado desapercibida. Y así lo advierten los autores de la investigación, que nos recuerdan que la fragmentación de hábitats naturales provoca la extinción de miles de especies, una pérdida que combaten iniciativas como el Corredor Biológico Mundial, protegiendo todos los ecosistemas (selvas, bosques, humedales, montañas, ríos, islas, océanos) al conectar esas áreas protegidas y crear puentes naturales entre ellas.

La larga cola, uno de sus rasgos

El zorro común o zorro rojo (Vulpes vulpes) es el único representante del género Vulpes que conservamos en Europa. En la Península Ibérica, la subespecie presente es la Vulpes vulpes silacea, aunque algunos autores actuales no consideran que estas diferencias de coloración tengan valor taxonómico. El zorro es un cánido salvaje de tamaño mediano y más grácil que el lobo. Se distingue por su hocico alargado con una franja blanca en el labio superior, orejas relativamente grandes y rectas con la parte posterior oscura (negra) y ojos pequeños con pupila vertical.

Su larga cola, que constituye el 70 por ciento de la longitud de su cuerpo, es uno de sus rasgos más distintivos, con su característico mechón blanco en la punta. Aunque el pardo-rojizo es el color más habitual de su pelaje, éste es variable y puede ir desde formas casi melánicas hasta ejemplares de coloración pálido-amarillenta. Los zorreznos nacen con pelaje pardo oscuro uniforme. Existe una importante variación individual y geográfica en el tamaño y peso. En España, la talla se correlaciona negativamente con la latitud: por ejemplo, en el valle del Ebro, los zorros de vegas de regadío son más pesados y grandes que los de zonas esteparias. El zorro habita todo tipo de ambientes, desde el subártico hasta el desierto, en medios forestales, espacios abiertos e incluso ciudades. En España, está presente en áreas desde el nivel del mar hasta los 3.000 metros de altitud.