Un estudio revela que los animales también “se preparan para la guerra” mucho antes de que empiece el conflicto
Mucho antes de que estalle un conflicto, existe una fase de preparación. Las tropas recopilan información sobre los adversarios, analizan sus capacidades militares, planifican rutas para avanzar en terreno contrario, desarrollan sistemas de comunicación… Es lo que hacen los humanos. Ahora una nueva revisión científica sostiene que los animales, desde los chimpancés hasta las hormigas, también “se preparan para la guerra”.
Durante décadas, los investigadores que estudiaban los conflictos entre animales se centraron en los enfrentamientos en sí, fijándose especialmente en cómo se desarrollaban estas peleas. Sin embargo, este enfoque limitado hizo que los científicos pasaran por alto algo igual de importante: qué es lo que ocurría justo antes de entrar a la acción.
Es uno de los argumentos que sostiene el artículo de revisión publicado en la revista Trends in Ecology & Evolution, cuyos investigadores se han centrado en explicar lo que se conoce como “paisaje del conflicto intergrupal”. Este concepto describe un entorno en el que la probabilidad y la intensidad de un enfrentamiento con grupos rivales varían según factores como la proximidad de los adversarios, su fuerza o las experiencias previas.
“Cada vez es más evidente que el comportamiento preventivo es generalizado siempre que se produce un conflicto entre grupos”, explicó Josh Arbon, coautor del estudio. “El comportamiento anticipatorio que se manifiesta depende del nivel de amenaza actual. Se observa un mayor comportamiento cuando es más probable encontrarse con rivales, cuando estos son de mayor tamaño, menos conocidos o tienen más probabilidades de atacar”.
Cambiar el comportamiento para protegerse
Al igual que las presas adaptan su comportamiento ante lo que se conoce como “paisaje del miedo”, generado por la presencia de depredadores, los animales sociales también modifican de forma preventiva su conducta en función del riesgo de encontrarse con animales con los que pueden pelear.
Uno de los comportamientos que llevan a cabo de forma preventiva tiene que ver con el espacio; por ejemplo, las suricatas tienden a marcar con su olor cerca de la entrada de sus madrigueras. El reclutamiento también es importante, y se ve en cómo las mangostas rayadas llaman a los miembros del grupo cuando encuentran nuevas evidencias de actividad rival.
Otro de los comportamientos detectados tiene que ver con las incursiones. Los chimpancés machos realizan incursiones coordinadas, silenciosas y en fila en territorios rivales para encontrar a estos animales y atacarlos. Ante una amenaza externa, diversas especies de mamíferos también responden manteniéndose juntas.
“Para comprender plenamente la influencia e importancia del conflicto entre grupos, incluido su papel en nuestra propia evolución, debemos estudiar la cronología completa de los comportamientos, no solo los que ocurren durante y después de los enfrentamientos, sino también los que se producen de forma anticipada”, concluyen los investigadores en el estudio.