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Los Looney Tunes mienten: un coyote real corre más del doble que un correcaminos aunque siempre pierda en la tele

Un salto, una nube de polvo y otra caja de ACME que no funciona como debería. El coyote corre con todo lo que le queda. Lleva horas detrás del mismo objetivo, cruzando barrancos, sorteando piedras y activando mecanismos cada vez más inverosímiles. El desierto no se lo pone fácil, pero él insiste, persiste, repite. Cada intento de cazar al correcaminos es más elaborado que el anterior, y cada fallo, más frustrante.

La velocidad real deja en evidencia al correcaminos

Aunque en los dibujos su fama esté asociada a tropiezos, el coyote real destaca por su agilidad y velocidad. En su estado óptimo, un ejemplar adulto puede alcanzar los 69 km/h, como refleja el registro citado por Fact Monster, lo que le otorga una ventaja física considerable frente a muchos de sus depredadores y presas. En el caso concreto de su antagonista habitual en la ficción, la diferencia es clara: el correcaminos apenas llega a los 32 km/h, según la guía de campo Basic Texas Birds escrita por Mark Lockwood.

Esa diferencia numérica no es un detalle menor. Implica que el coyote puede casi duplicar la velocidad máxima del correcaminos en un sprint. El margen es tan amplio que, en un entorno abierto, la posibilidad de escapar del ave queda reducida a maniobras imprevisibles o a su capacidad de vuelo, limitada y poco eficiente en distancias largas.

Como se recoge en National Geographic, el correcaminos es un ave terrestre que únicamente recurre al vuelo cuando se ve en peligro, elevándose de forma breve y con planeos cortos que no suponen una ventaja táctica sostenida. Esto quiere decir que, aunque quisiera echar a volar para ampliar la distancia, no podría separarse de su cazador.

Correr no es lo único que se le da bien al coyote

Esta superioridad del coyote no solo se mide en términos de velocidad. Su estructura física también le permite mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. Estudios como el publicado por la revista Northwest Science en 1976, firmado por Bruce C. Thompson, demuestran que incluso ejemplares con una extremidad dañada por trampas podían alcanzar velocidades de entre 36 y 40 km/h. Tras analizar su forma de correr aseguró que incluso es capaz de aprovechar el dolor: “El ajuste de la zancada provocaba un movimiento de rebote visible al desplazarse”.

Esa capacidad de adaptación está también presente en la dieta y comportamiento del coyote. Según datos de la U.S. Fish and Wildlife Service, este carnívoro oportunista consume desde pequeños mamíferos hasta carroña, huevos, frutas o insectos, lo que le permite sobrevivir en ecosistemas tan diversos como bosques, pastizales, áreas agrícolas e incluso zonas urbanas.

El correcaminos, por su parte, también tiene una alimentación variada, pero mucho más dependiente de presas pequeñas y accesibles como insectos, lagartijas o pequeños reptiles. En ese terreno, la ventaja vuelve a inclinarse del lado del coyote, más adaptable y resistente a los cambios del entorno.

En cuanto a comportamiento de caza, el cánido puede trabajar en pareja o en grupo, lo que le otorga más posibilidades de éxito ante presas ágiles. Esta estrategia cooperativa ha sido documentada por biólogos en estudios de campo recogidos por la publicación How Fast Are Coyotes?, donde se describe cómo dos coyotes pueden acorralar a una presa flanqueándola por ángulos opuestos. Ese tipo de táctica sería prácticamente imposible para un ave como el correcaminos, cuyo desplazamiento suele ser en solitario.

Las condiciones del entorno también inclinan la balanza. En regiones áridas como el suroeste de Estados Unidos, donde ambos animales comparten hábitat, las temperaturas extremas y la escasez de agua condicionan la supervivencia.

Mientras el coyote evita las horas críticas saliendo de noche a cazar, el correcaminos depende de mecanismos fisiológicos para ahorrar líquidos, lo que limita su actividad cuando las temperaturas suben. Esa diferencia convierte al coyote en un competidor más activo y versátil en las condiciones más exigentes del desierto.

Lo que ignoran los dibujos animados pero confirman los estudios

Aunque el correcaminos tiene recursos para sortear ataques, como los giros repentinos o el vuelo de emergencia, sus posibilidades reales de evadir a un coyote en campo abierto se reducen si no hay un punto elevado cercano. En esas condiciones, su velocidad no compensa la diferencia física.

Los dibujos animados ignoran estos detalles, pero los estudios los registran con claridad. En términos reales, el coyote no solo es más veloz: también es más resistente, más flexible y, sobre todo, más eficaz como depredador.