El reinado del bulldog francés y el pug como únicos perros de cara plana problemáticos llega a su fin

No todas las características físicas traen las mismas consecuencias para la salud. Hay algunas razas de perro que se han convertido en sinónimo de problemas de salud y de una calidad de vida más corta que la de otras, en gran parte por la forma de su cráneo y su hocico. En estos animales, el acortamiento extremo de la cara altera la estructura interna de las vías respiratorias y limita la entrada de aire, y además favorece afecciones oculares y cutáneas.

Esa relación entre apariencia y bienestar ha hecho que el nombre de ciertas razas se asocie casi de inmediato a dificultades médicas que acompañan al perro durante años. El debate ya no gira solo en torno a su popularidad, sino a qué datos concretos explican esa carga de enfermedad y cómo varía según cada caso.

Un estudio amplio demuestra que la asfixia no afecta por igual a todos los perros chatos

Investigadores publicaron en PLOS One un estudio con 898 perros de 14 razas que detectó signos del síndrome obstructivo de las vías respiratorias superiores en la mayoría de las razas braquicéfalas analizadas y mostró que el riesgo no se reparte por igual.

El trabajo examinó animales mayores de un año entre septiembre de 2021 y abril de 2024 y confirmó que la obstrucción respiratoria no afecta solo a los ejemplares más conocidos por su cara plana. El análisis subraya que cada raza presenta un perfil propio y que no basta con agruparlas bajo una misma etiqueta.

El equipo, dirigido desde Cambridge, incluyó razas menos estudiadas junto a otras ya asociadas a este problema. Entre ellas figuraron maltés, pomerania, chin japonés, pequinés, griffon bruxellois, boston terrier, affenpinscher, bóxer, chihuahua, dogo de burdeos, cavalier king charles spaniel, king charles spaniel, shih tzu y staffordshire bull terrier. El síndrome, conocido por las siglas BOAS, provoca respiración ruidosa y reduce la tolerancia al ejercicio, además de generar otras complicaciones respiratorias.

Las cifras revelan que pequinés y chin japonés concentran más casos que otras variedades

Cada perro pasó por una prueba estandarizada que incluyó tres minutos de ejercicio y una valoración antes y después de la carrera. Los investigadores calificaron la respiración en una escala de 0 a 3 y consideraron enfermedad clínicamente significativa los grados 2 y 3.

Los datos mostraron que solo el 10,9% de los pequineses y el 17,4% de los chin japoneses no presentaban signos del síndrome, cifras comparables a las de carlinos, bulldogs franceses y bulldogs. En un grupo intermedio quedaron griffon bruxellois, boston terrier, king charles spaniel, dogo de burdeos y shih tzu, con alrededor del 50% de los ejemplares con síntomas.

En cambio, staffordshire bull terrier, cavalier king charles spaniel, chihuahua, bóxer y affenpinscher mostraron menor riesgo, mientras que en las muestras de pomerania y maltés no se detectaron casos significativos, aunque el número de perros de estas dos razas fue inferior.

El peso, la forma de la nariz y el grosor del cuello influyen más de lo que parece

El estudio también identificó rasgos asociados a mayor probabilidad de BOAS. Los perros con sobrepeso, con orificios nasales estrechos o con la cara más aplanada tendían a presentar más problemas, aunque esos factores explicaban solo cerca del 20% de las diferencias entre razas.

Además, el riesgo cambiaba según el tipo de perro. Shih tzu y staffordshire bull terrier con cola más corta mostraron más casos, mientras que en boston terrier y staffordshire bull terrier el cuello más grueso se relacionó con mayor afectación.

Heidi Phillips, cirujana veterinaria de la University of Illinois, explicó a Gizmodo que “sus hallazgos encajan con lo que vemos en la clínica, que aunque cuanto más plana es la cara de una raza o de un individuo más probable es que sufra BOAS, hay razas que se comportan como excepciones”. La especialista añadió que el enfoque individual resulta necesario para identificar y tratar la patología en cada animal.

La popularidad de estos perros se mantiene pese a las advertencias médicas

En paralelo, otra línea de investigación en Reino Unido ha analizado cómo percibe la población estos riesgos. El Royal Veterinary College, con financiación de la RSPCA, la Animal Welfare Foundation y Blue Cross, encuestó a 4.899 personas y observó que muchos relacionan el cruce entre razas braquicéfalas con una posible mejora de la salud.

Lauren Bennett, responsable científica y de políticas del departamento de animales de compañía de la RSPCA, afirmó que “es muy positivo ver que uno de los principales motivos para optar por cruces braquicéfalos sea la mejora de la salud y el aumento de la diversidad genética”. Según añadió, cada vez más personas reconocen el compromiso que implican los trastornos ligados a la conformación física.

Pese a esa mayor conciencia, la popularidad de los perros de hocico corto se mantiene. Más de la mitad de los propietarios de ejemplares de cara plana indicaron que considerarían tener un cruce braquicéfalo en el futuro, y casi la mitad afirmó que repetiría con un perro de este tipo.

Ashleigh Brown, responsable científica y de políticas en la RSPCA, señaló que “sigue preocupando que los perros con rasgos físicos exagerados continúen siendo populares pese a los problemas de salud bien documentados que sufren durante toda su vida”.

El tratamiento del BOAS puede incluir cirugía y control del peso, pero los investigadores insisten en que la prevención mediante una cría más cuidadosa y una mejor información resulta decisiva. La doctora Fran Tomlinson declaró a ZME Science que “el BOAS existe en un espectro y en los casos más graves puede reducir de forma notable la calidad de vida y convertirse en un problema serio de bienestar”, una advertencia que encaja con la idea de que no todas las razas parten del mismo punto cuando se habla de salud y longevidad.