La resistencia de Trece, la perra que no se separa de su hija y que espera junto a ella una oportunidad
Trece ha soportado casi de todo en sus nueve años de vida. Su cuerpo está lleno de bultos que nadie se preocupó en revisar y sus mamas están marcadas, señal de que ha sido utilizada demasiadas veces para parir. Los cuidadores creen que ha dado luz a varias camadas, convirtiéndose en una madre sin descanso, utilizada, seguramente, para sacar rédito económico de sus cachorros.
De esos perros, solo Ocho sigue junto a su madre, de la que no se despega y con la que se siente más segura. Ambas aguardan en un chenil de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga, con la esperanza de que alguien se interese por ellas y quiera adoptarlas.
Desde la protectora, aseguran que lo ideal es que madre e hija se marchen de la protectora juntas, porque así todo será más fácil para ambas. El personal pone varios ejemplos de su complicidad a través de una publicación en redes sociales.
A Ocho, por ejemplo, el mundo exterior le asusta. “Los ruidos, las calles, lo desconocido… Y cuando un cachorro tiene tanto miedo, no es casualidad. Es experiencia”, escriben. Sin embargo, cuando camina junto a su madre se siente más segura y no se muestra tan temerosa: “Se atreve a dar un paso más. Levanta un poco la cabeza. Respira más tranquila”.
Trece y Ocho lo hacen prácticamente todo juntas. “Duermen juntas. Se buscan constantemente. Si una se mueve, la otra la sigue”, cuentan desde la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga. Para la madre, de avanzada edad, la hija es un revulsivo: “Es el motor que mantiene a su madre en pie”.
En el caso de la madre, necesita una atención especial y todo el cariño posible, que supla la indiferencia y la explotación que ha sufrido en sus nueve años de vida. “Camina con dificultad, despacio, como si cada paso pesara el doble”, detalla el personal, que aspira a encontrar la familia que tanto se les ha resistido.
En busca de una familia
El caso de Trece y Ocho es especial. La cachorra solo tiene ocho meses y la madre nueve años y está última necesita un lugar donde descansar tranquilamente. Ese sitio no es el chenil, reconocen, porque ahí tiene que soportar el frío, los ruidos y el ajetreo del resto de los animales, así que hacen un llamamiento urgente para aquellos que estén en disposición de adoptar.
“Nos parte el alma pensar que después de todo lo vivido, lo único estable que han tenido —ellas mismas— pueda romperse. Necesitan una acogida urgente e indefinida”, sostienen en una larga publicación de Instagram. Los interesados tienen que escribir un mensaje al correo electrónico de Protectora de Animales y Plantas de Málaga. Por razones de seguimiento, su adopción solo es posible en la provincia andaluza.