Sudáfrica ensaya una medida extrema contra la caza furtiva con material radiactivo en cuernos de rinocerontes

Los intermediarios ilegales pagan cifras enormes por piezas que caben en una maleta pequeña. Ese negocio ha empujado durante años a grupos armados y redes de tráfico a perseguir rinocerontes en reservas africanas, donde los cuernos alcanzan precios capaces de mover rutas clandestinas entre continentes.

En varios mercados asiáticos, esos restos animales siguen ligados a remedios tradicionales y artículos asociados al prestigio social, una presión que mantiene viva la demanda pese a las campañas conservacionistas. Los cazadores furtivos buscan arrancar el cuerno cuanto antes y abandonar la zona antes de la llegada de guardas o patrullas privadas. Esa persecución ha reducido poblaciones enteras y ha obligado a muchos parques naturales a reforzar controles, vigilancia aérea y presencia armada alrededor de los animales.

Sudáfrica prueba isótopos para localizar cargamentos ilegales

Sudáfrica ha empezado a probar una medida poco habitual para frenar ese tráfico. Investigadores de la Universidad de Witwatersrand han iniciado un programa que introduce material radiactivo inocuo en los cuernos de los rinocerontes para facilitar la detección de piezas ilegales en fronteras y puertos.

Según la BBC, el sistema forma parte del Rhisotope Project y llega después de seis años de pruebas y análisis con apoyo de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Los científicos aseguran que la sustancia no provoca daños ni en los animales ni en las personas que trabajan con ellos.

Las cifras siguen mostrando un problema grave en el país africano, que alberga la mayor población mundial de rinocerontes. Las autoridades conservacionistas sudafricanas calculan que la caza furtiva se ha reducido cerca de un 50% desde 2015, aunque el descenso no ha frenado las muertes. Más de 400 rinocerontes fueron abatidos en 2020 y organizaciones como Save the Rhino mantienen registros similares desde 2021.

James Larkin, profesor de la Universidad de Witwatersrand, recordó en declaraciones a la BBC que “al menos un animal al día sigue siendo cazado”. El investigador añadió que el problema puede agravarse si no aparecen herramientas nuevas para dificultar la salida de los cuernos hacia el mercado negro.

El mercado asiático dispara rutas criminales entre continentes

El dinero mueve gran parte de esa persecución. ZME Science recoge que el cuerno de rinoceronte ha llegado a situarse por encima del oro, los diamantes, el platino o la cocaína dentro de algunas redes ilegales. Los traficantes venden esas piezas sobre todo en países asiáticos, donde todavía circula la creencia de que sirven para tratamientos medicinales o para exhibir poder adquisitivo.

Esa demanda ha llevado a la desaparición en libertad del rinoceronte blanco del norte y del rinoceronte negro occidental. Otras especies muestran señales de recuperación gracias a programas de conservación, aunque el riesgo sigue presente en numerosas reservas africanas. El comercio ilegal también alimenta otras actividades criminales, desde transporte clandestino hasta redes internacionales de contrabando.

Los veterinarios insertan material detectable tras sedar animales

El Rhisotope Project intenta aprovechar precisamente los sistemas de control que ya funcionan en aeropuertos, puertos marítimos y pasos terrestres. Los científicos perforan una pequeña abertura en el cuerno tras sedar al animal e introducen radioisótopos con intensidad suficiente para activar detectores fronterizos. El equipo veterinario supervisa cada procedimiento antes de devolver el rinoceronte a su entorno natural.

Larkin explicó a ZME Science que “los radioisótopos insertados no presentan riesgos sanitarios ni de otro tipo para los animales”. Las pruebas también demostraron que los detectores podían localizar los cuernos incluso dentro de contenedores de unos doce metros de largo. El programa costó cerca de 290.000 dólares, unos 267.000 euros al cambio actual.

Jessica Babich, responsable del proyecto, afirmó que “nuestro objetivo es desplegar la tecnología Rhisotope a gran escala”. La investigadora considera que el sistema puede ayudar a proteger una de las especies africanas más amenazadas. Jamie Joseph, directora de la organización Saving the Wild, valoró la iniciativa como “innovadora y muy necesaria”, aunque recordó que el problema requiere leyes más duras y mayor voluntad política.

Frente a ese entusiasmo, Pelham Jones, presidente de la Asociación de Propietarios Privados de Rinocerontes, expresó sus dudas sobre la eficacia real del método. En declaraciones recogidas por Associated Press, Jones señaló que muchos traficantes ya evitan los pasos fronterizos tradicionales porque conocen los puntos con mayor vigilancia y utilizan rutas alternativas para sacar los cuernos del continente.

Las reservas seguirán vigiladas mientras continúe el negocio

Los investigadores admiten que el material radiactivo no resolverá por sí solo la caza furtiva. Las reservas sudafricanas siguen dependiendo de patrullas armadas, vigilancia aérea, participación vecinal y campañas para reducir la demanda internacional. No obstante, algunos equipos científicos quieren ampliar en el futuro el uso de radioisótopos a pangolines, elefantes y otras especies amenazadas.

En ese sentido, Lynn Morris, también vinculada a la Universidad de Witwatersrand, defendió que este tipo de trabajos puede ayudar a frenar el riesgo de desaparición de varias especies africanas. Mientras continúe el negocio ilegal alrededor de los cuernos, los parques naturales seguirán buscando fórmulas capaces de convertir cada envío clandestino en una carga más difícil de mover y vender.