La tortuga mediterránea no puede verse haciendo esnórquel: así sobrevive la especie catalana
Cuando mucha gente piensa en tortugas, imagina animales nadando bajo el agua o asomando la cabeza entre arrecifes y fondos marinos. Sin embargo, la tortuga mediterránea (Testudo hermanni) funciona de una forma completamente distinta. No se ve haciendo esnórquel en nuestras playas, no vive en el mar y tampoco necesita agua para sobrevivir como ocurre con otras especies más populares. De hecho, se trata de un reptil completamente terrestre y uno de los animales más vulnerables de Catalunya.
La tortuga mediterránea está catalogada en peligro de extinción en territorio catalán, de acuerdo con el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Actualmente, su distribución natural es muy reducida. El único núcleo completamente natural que todavía sobrevive se encuentra en la Serra de l’Albera, aunque también puede verse en libertad en otros puntos gracias a distintos proyectos de reintroducción desarrollados durante las últimas décadas. Así, hoy existen ejemplares en espacios como el macizo del Garraf, el Delta del Ebro, el Montsant, Els Ports, la sierra de Llaberia o el entorno del río Gaià.
Una tortuga que sobrevive enterrándose durante meses
A diferencia de las tortugas acuáticas, esta especie ha desarrollado mecanismos muy concretos para soportar las temperaturas extremas del clima mediterráneo. Durante los meses más calurosos del verano y también en invierno, reduce muchísimo su actividad y puede llegar a estivar o hibernar enterrándose bajo hojarasca o refugiándose en zonas húmedas y sombrías.
Ese comportamiento le permite sobrevivir tanto a las olas de calor como a los períodos fríos y secos. Precisamente por eso necesita paisajes de mosaico mediterráneo, con espacios abiertos para calentarse al sol, vegetación tierna para alimentarse y rincones frescos donde esconderse. Evita los bosques demasiado densos porque apenas entra luz y escasea la vegetación de la que depende., según afirma el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) de la UAB.
Catalunya solo conserva una población natural
Históricamente, la tortuga mediterránea ocupaba gran parte del litoral y prelitoral catalán. Sin embargo, los cambios en el paisaje, la urbanización y la transformación del suelo redujeron enormemente su presencia. Tal y como menciona la web oficial del CREAF, “la única población natural que queda se encuentra en la Sierra de la Albera”.
La especie puede superar los cincuenta años de vida y las hembras suelen ser más grandes que los machos, alcanzando entre 13 y 20 centímetros de longitud. Además, su madurez sexual llega relativamente tarde, normalmente entre los ocho y los diez años.
Una de las grandes paradojas de esta especie es que, pese a estar protegida y en peligro de extinción, durante años muchísimas personas la tuvieron como mascota en sus domicilios. Sin embargo, la extracción y tenencia de ejemplares es ilegal. Según explica Joaquim Soler, del Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles de Catalunya (CRARC), en el mismo artículo antes citado del CREAF, cada año reciben más de tres mil tortugas mediterráneas procedentes de particulares.
La pérdida de hábitat sigue siendo actualmente la principal amenaza para la especie. La construcción de carreteras, urbanizaciones y la agricultura intensiva han fragmentado muchas poblaciones. A eso se suman incendios, sequías cada vez más largas y la depredación de huevos y crías por parte de zorros, córvidos, ratas o jabalíes.