MARtonismo
Probablemente estimulado por el quinto de la tarde (como taurino con el pelo blanco él sabe que Veterano es cosa de hombres) el actual jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez Bajón (MAR), puso en la noche del pasado jueves el siguiente tuit: “Te voy a decir una cosa, Pedro Sánchez: todo parece indicar que tú también vas Pá’lante. Cuando tenga nueva información privilegiada, te contaré. Pero vas a ir pá’lante…”
Se trata de un texto con un estilo muy similar al tono que empleó cuando vaticinó la imputación de otros altos cargos como Zapatero o Alvaro García Ortiz, el que fuera Fiscal General del Estado, quien acabó siendo condenado con el hecho probado de que el autor de revelación de secretos fue el propio García Ortiz “o una persona de su entorno y con su conocimiento”. Y MAR lo hace en un contexto en el que la imputación de Zapatero ha supuesto un golpe moral a los principios éticos en los que se sustentan los proyectos asentados en la equidad social frente a los basados en la diferenciación particular.
Podemos refugiarnos en que, como afirma Jordi Nieva, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona, por ahora todo lo que se sabe son conjeturas, no hechos probados. E incluso considerar que el juez hace una afirmación impropia de un momento procesal embrionario que sitúa al expresidente como el líder de una trama de tráfico de influencias, y además lo afirma de manera innecesariamente reiterada.
Pero incluso creyendo en su inocencia y deseando que todo pueda ser aclarado delante del juez instructor el próximo 2 de junio, debemos preguntarnos qué extraña seducción arrastra a la mayoría de los exjefes de gobierno a cambiar su tranquilidad moral por un puñado de euros, por mucho que el puñado sea abundante, legal y declarado.
El precio que tiene que pagar un líder político a cambio de mantener su imprescindible ejemplaridad moral es no tener ninguna relación con ciertos negocios cuando ya se dispone de ingresos más que suficientes que se pueden engrosar con conferencias u otro tipo de actividades más estimulantes y menos dañinas. Y, además, tener tiempo para correr, ir al monte y orientar a sus descendientes hacia las ocupaciones que quieran intentando alejarlos de los negocios que los requieran. O, por qué no, dedicar un tiempo a leer a Aristóteles y su Ética a Nicómaco en la que afirma que la virtud es un hábito selectivo, una disposición adquirida a través de la repetición de actos buenos que nos permite alcanzar la excelencia y, en última instancia, la felicidad. Porque no debemos olvidar que para los antiguos griegos ejercer la magistratura y dirigir la polis no podía tener un equivalente pecuniario, como lo acredita la propuesta platónica de que en el Estado ideal sus representantes tenían prohibido acumular oro o plata ya que el dinero corrompía el alma y desviaba a los líderes de su deber. Evidentemente, con una vida digna asegurada que permitiría que los honores de representar a los ciudadanos no fuesen anulados por los honorarios de representarse a uno mismo.
Resulta fundamental esa resistencia ética, sobre todo en un contexto en el que la fragilidad de la democracia nos dice que no hay simetría jurídica, social ni económica entre los lados de la balanza ideológica. Parece que existen unos pocos seres superiores que nunca tendrán ningún problema, porque la justicia divina ya se hizo terrenal para ellos, mientras que otros muchos seres deberán esperar al más allá para que se les compense la injusticia humana del más acá.
Pero incluso aceptando este escenario, no podemos vivir en un estado de matonismo constante en el que un señor por el hecho de tener canas puede mentir, reírse, amenazar, insultar y presumir de tener hilo directo con el poder judicial que le transmite información y le concede una obscena inmunidad. El MARtonismo, ese matonismo de ironía gruesa que practica MAR es una forma de insoportable autoritarismo, tan de moda, que lo mismo amenaza a periodistas con arruinarles la vida o meterlos en la cárcel que intimida a un presidente del Gobierno con ir p´alante porque él, como un Charles Bronson de Valladolid, es la justicia.
A veces la borrachera de poder impide distinguir entre el beodo y el beocio. O alguien le da una taza de café al matón o él y otros como él terminarán por querer darnos café, mucho café. Y eso ya sabemos lo que significa. Lo supo bien Lorca, un verdadero antídoto contra el odio: “Esta luz, este fuego que devora/Este paisaje gris que me rodea/Este dolor por una sola idea/Esta angustia de cielo, mundo y hora”.
0