Ocupa una hectárea, es uno de los yacimientos más relevantes de la cultura ibérica en Catalunya y solo se puede visitar ocho veces al año
Considerado uno de los enclaves más relevantes de la arqueología en Catalunya, la ciudad ibérica del Molí d'Espígol, situada en el municipio de Tornabous de la provincia de Lleida, es un yacimiento que ocupa toda una hectárea de extensión. Este espacio entraña una singularidad que acrecienta su atractivo entre los apasionados de la historia antigua: sus instalaciones solo se pueden visitar ocho veces al año mediante recorridos guiados y organizados. Esta cuidada limitación de acceso preserva la magia de un espacio único que invita a viajar más de dos milenios atrás en el tiempo.
Declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 2009 en la categoría de zona arqueológica, el Molí d'Espígol constituye la máxima expresión del desarrollo urbano de los ilergetes, la tribu ibera que dominó tierras de Lleida y Huesca. Los orígenes más remotos del asentamiento se sitúan a principios del siglo VII a.C., en la primera Edad del Hierro, cuando se erigió una pequeña fortaleza sobre una suave elevación del llano urgellense. Con el paso de los siglos, aquel recinto defensivo creció progresivamente hasta transformarse, hacia el siglo IV a.C., en una gran ciudad vertebrada que ejercía autoridad política sobre el territorio colindante.
Aunque las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz cerca de una tercera parte de su núcleo urbano, el trazado descubierto revela una trama arquitectónica sorprendentemente avanzada para su época. La ciudad estaba rodeada por una imponente muralla de más de dos metros de grosor y casi cinco metros de altura en determinados puntos, reforzada con dos torres defensivas. En su interior se distribuían calles empedradas, plazas públicas, viviendas de diversas dimensiones y un complejo sistema de canalizaciones subterráneas bajo el enlosado para la gestión del agua, así como una antigua balsa o pozo exterior que garantizaba el abastecimiento a toda la comunidad.
La prosperidad del Molí d'Espígol alcanzada entre los siglos IV y III a.C. descansaba sobre una sólida base agrícola y ganadera, fortalecida con una intensa actividad artesanal y mercantil. Las investigaciones han documentado la existencia de un barrio manufacturero y un amplio campo de silos destinado al almacenamiento de cereal. Asimismo, las evidencias arqueológicas constatan relaciones comerciales con pueblos orientalizantes como fenicios, etruscos y griegos. Mediante estos intercambios, los habitantes locales adquirían valiosos bienes de lujo, entre los que destacaban tintes selectos, perfumes finos, salazones de pescado y vinos importados.
Entre todas las construcciones puestas al descubierto dentro del perímetro amurallado, destaca de manera sobresaliente un gran edificio institucional dotado de una fachada de diez metros de ancho. Los expertos atribuyen a esta estructura funciones de representación política, sede del poder comunitario o lugar de culto religioso. La relevancia de este complejo edificado refuerza la hipótesis sostenida por diversos investigadores de que el Molí d'Espígol podría corresponder a Athanàgia o Atanagrum. Según los historiadores clásicos Polibio y Tito Livio, esta célebre plaza ostentó la condición de capital soberana de la tribu de los ilergetes en la antigüedad.
Reserva previa
La trágica trayectoria de la ciudad quedó profundamente marcada por los grandes conflictos bélicos que sacudieron el Mediterráneo occidental. Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica, el asentamiento sufrió una severa destrucción a manos de las legiones romanas comandadas por Cneo Cornelio Escipión, lo que derivó en su desocupación en torno al año 200 a.C. Aunque la población experimentó un modesto intento de reocupación hacia el año 100 a.C., el hábitat no logró recobrar su antiguo esplendor y fue abandonado de forma definitiva a mediados del siglo I a.C., permaneciendo sumido en el olvido durante más de dos milenios hasta su redescubrimiento.
En la actualidad, el yacimiento está gestionado por el Museu d'Arqueologia de Catalunya y forma parte destacada de la conocida Ruta de los Íberos. Para recorrer sus emblemáticos vestigios, resulta imprescindible tramitar una reserva previa obligatoria con el fin de participar en las visitas guiadas gratuitas programadas de marzo a octubre. Esta cuidada programación de actividades ofrece un itinerario didáctico de enorme valor cultural, donde los visitantes pueden admirar en primera persona los vestigios de la escritura ibérica, sus monumentales murallas y la grandeza de un enclave arqueológico esencial para comprender los orígenes de la historia catalana.