Pelaje, garras e instintos de caza: algunos soñadores lúcidos aseguran haber vivido como lobos

Las carreras detrás de una presa forman parte de una rutina que define gran parte de la vida de los lobos, unos animales que dependen del grupo para alimentarse, proteger a las crías y defender su territorio. Su día a día suele alternar desplazamientos, vigilancia del entorno, descanso y momentos de interacción con otros miembros de la manada.

Cada individuo ocupa una función dentro del grupo y adapta su comportamiento a las necesidades colectivas de la caza o la supervivencia. Esa forma de percibir el mundo, guiada por los sentidos y por una fuerte relación con el entorno, ha despertado desde hace tiempo la curiosidad de muchas personas.

Una investigación examinó cambios corporales durante el sueño lúido

Una investigación dirigida por la investigadora Elena Drøm, de la empresa REMspace, exploró hasta qué punto una persona puede alterar la percepción de su propio cuerpo durante un sueño lúcido. Según informa ZME Science, el trabajo, publicado en la revista International Journal of Dream Research, pidió a decenas de voluntarios que adoptaran identidades distintas mientras dormían, com las de lobos, con el objetivo de averiguar cómo construye el cerebro la sensación de habitar un cuerpo determinado.

Una de las pruebas consistía en asumir la apariencia y las sensaciones físicas del sexo opuesto. De los 99 participantes que realizaron esa tarea, 79 afirmaron haber experimentado algún grado de cambio físico, emocional o ambos. Por un lado, 37 aseguraron haber percibido una transformación genital. Los testimonios describían alteraciones en la forma de caminar, en la distribución del peso corporal o en la percepción de la propia anatomía.

Las experiencias no resultaron igual de fáciles para todos. Algunos participantes calificaron el ejercicio como incómodo o difícil, mientras que otros quedaron a medio camino entre una identidad y otra. Los autores plantean que las normas sociales relacionadas con el género podrían influir en esa resistencia mental, aunque el estudio no estaba diseñado para demostrarlo. U

Una participante relató que la transformación afectó tanto a su cuerpo como a su estado emocional: “Casi de inmediato, mi espalda se volvió más ancha, mi forma de caminar se hizo más masculina y me sentí más segura por dentro, como si ya no tuviera miedo de nada”.

Los relatos describieron alteraciones físicas y conductas agresivas

La otra parte del experimento se centró en una transformación todavía más radical. Los investigadores pidieron a los voluntarios que, una vez conscientes de que estaban soñando, adoptaran la forma de un lobo. Debían correr a cuatro patas, imaginar la aparición de pelaje y concentrarse en rasgos como las patas, las orejas, la boca o el olfato. Un total de 98 personas intentaron la prueba y 32 afirmaron haber logrado una transformación satisfactoria.

Los relatos describían cambios corporales intensos. Cerca del 85% de quienes participaron señalaron algún tipo de modificación física parcial, aunque solo una persona aseguró haber completado todas las características previstas. Algunos participantes afirmaron sentir impulsos agresivos o comportamientos que asociaban con un animal salvaje. Uno de ellos explicó: “Sentí agresividad y durante un tiempo tuve un estado de ánimo animal, algo salvaje y desagradable”. Otro aseguró haber experimentado “un deseo interno incontrolable de lanzarme sobre alguien y despedazarlo”.

Las sensaciones no se limitaron al comportamiento, ya que varios voluntarios describieron una audición más aguda, alteraciones visuales e incluso experiencias relacionadas con el olfato, un sentido que aparece con poca frecuencia en los sueños. Para los investigadores, estos testimonios sugieren que la mente puede recrear percepciones corporales complejas con una intensidad notable. El estudio recuerda que algo parecido ocurre con los llamados miembros fantasma, una experiencia que algunas personas amputadas pueden sentir tanto despiertas como dormidas.

Los autores relacionaron los resultados con el esquema corporal

Los autores relacionan estos resultados con el llamado esquema corporal, el mapa mental que cada persona mantiene sobre su propio cuerpo. Durante un sueño lúcido, ese mapa parece adquirir una flexibilidad mucho mayor de la habitual. El trabajo también menciona ideas propuestas por Carl Jung sobre representaciones profundas de la identidad y señala que ciertas experiencias podrían ayudar a explorar aspectos poco conocidos de la conciencia.

Aun así, los investigadores subrayan una limitación importante. Todos los datos proceden de relatos de los propios participantes y actualmente no existe ninguna tecnología capaz de verificar de manera objetiva el contenido exacto de un sueño. Además, los voluntarios eran personas interesadas en los sueños lúcidos, una circunstancia que puede influir en los resultados.

Pese a esas reservas, Elena Drøm y su equipo consideran que futuras investigaciones podrían examinar si estas experiencias sirven para afrontar miedos, trabajar bloqueos psicológicos o comprender mejor cómo el cerebro construye la sensación de identidad.