El plástico ya aparece a 3.800 metros de profundidad: las primeras imágenes de un cañón submarino dejan constancia de la gravedad del problema
Los restos humanos hallados en el cañón de Mar del Plata forman un catálogo bastante poco glorioso, porque entre ellos aparecieron envoltorios de comida, un paquete de fideos instantáneos, un envase de salchichas coreanas y hasta una bota.
La mayor parte de las piezas identificadas era de plástico y unas pocas eran de caucho, con objetos enterrados en sedimentos, atrapados entre rocas o todavía en movimiento. Daniel Marcelo Lauretta, investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, destacó precisamente la bota entre las piezas que más le impresionaron.
Varios animales utilizan residuos depositados sobre el fondo
La investigación publicada en PLOS One el 16 de septiembre de 2026 documentó 29 objetos de origen humano en 10 de las 17 inmersiones realizadas en el cañón submarino argentino. El trabajo de un equipo internacional de científicos marinos convirtió esas observaciones en un registro de contaminación a gran profundidad en el Atlántico sudoccidental.
A medida que algunos residuos permanecían semienterrados en el cañón, siete piezas empezaban a servir de soporte para organismos marinos, sobre todo bolsas de plástico y materiales de pesca. Estrellas de mar, corales, gusanos y otros animales aparecieron adheridos o asociados a esos restos.
Los autores advierten, pese a esa presencia de vida, que esos objetos no pueden considerarse hábitats adecuados, mientras Diego Urteaga, biólogo marino del Museo Argentino de Ciencias Naturales, señala que las consecuencias ecológicas de esa colonización todavía se conocen poco.
Los barcos explican buena parte de los desperdicios encontrados
Las inmersiones realizadas con el vehículo operado a distancia SuBastian descendieron hasta 3.820 metros y permitieron registrar por primera vez esa sección del lecho marino. Junto a las señales de actividad humana, el equipo observó alrededor de 40 especies que podrían ser nuevas para la ciencia. La campaña abrió así una primera ventana fotográfica a una zona profunda que hasta entonces carecía de imágenes obtenidas de este modo.
La procedencia de los objetos apunta sobre todo hacia actividades desarrolladas mar adentro, aunque las corrientes impiden asignar un origen preciso a cada pieza encontrada. Urteaga señaló en una entrevista publicada por PLOS One que las características de los residuos corresponden mejor a descartes de barcos que operan en alta mar, sobre todo pesqueros. El transporte a larga distancia también deja abiertas otras fuentes, desde buques comerciales hasta actividades terrestres.
Los cañones submarinos atraen vida porque su relieve canaliza nutrientes hacia sus valles, una característica que convirtió el de Mar del Plata en un destino atractivo para estudiar la biodiversidad profunda. Lauretta explicó en una declaración que estos accidentes geográficos son conocidos como puntos de gran riqueza biológica, una razón decisiva para escoger el enclave. La campaña se desarrolló en julio y agosto de 2025 dentro de una zona aislada de la costa y sometida a condiciones de gran profundidad.
Otros fondos oceánicos acumulan millones de toneladas plásticas
La preocupación del equipo también mira hacia el futuro, porque la colonización de basura puede modificar comunidades locales o trasladar organismos fuera de su distribución habitual. Urteaga advirtió de que ese proceso todavía presenta muchas incógnitas ecológicas y puede alterar ambientes que apenas han comenzado a estudiarse. Los científicos difundieron sus resultados con la intención de reforzar la protección de estos ecosistemas y frenar nuevas aportaciones de residuos al océano profundo.
La contaminación del cañón argentino se suma a observaciones realizadas en otros puntos extremos del océano, incluida la fosa de las Marianas, donde en 1998 se registró una bolsa de plástico en la zona hadal. Una estimación de CSIRO y la Universidad de Toronto sitúa hasta 11 millones de toneladas de plástico en el fondo marino, con alrededor del 54% entre 200 y 11.000 metros de profundidad. El caso de Mar del Plata documenta así otra frontera oceánica alcanzada por residuos humanos, en un entorno cuya respuesta ecológica todavía está por determinar.