¿Por qué los plesiosaurios nadaban hasta la costa después de comer? Un fósil da la respuesta

Los plesiosaurios, grandes reptiles marinos que dominaron los océanos durante millones de años, podrían haber tenido una peculiar costumbre después de alimentarse. Una nueva investigación apunta a que estos animales nadaban desde aguas profundas hacia zonas costeras para regurgitar las conchas y otros restos que no podían digerir. La pista que ha permitido reconstruir este comportamiento procede de algo poco habitual en lo que a fósiles se refiere: su vómito.

El paleontólogo Dirk Knaust ha analizado más de una veintena de regurgititas, como se conocen los restos de vómito fosilizado, localizadas en depósitos marinos del Jurásico Medio y Superior de la Plataforma de Horda, frente a la costa de Noruega. El estudio, publicado en la revista Geological Magazine, ofrece así nuevos detalles sobre la alimentación y el comportamiento de unos reptiles que sobrevivieron durante más de 140 millones de años.

Los restos estudiados tienen tamaños muy diferentes, desde aproximadamente el de una nuez hasta el de un mango, y contienen conchas de bivalvos, estructuras tubulares de serpúlidos, crinoideos y restos de belemnites, unos animales similares a los calamares. La combinación indica que quien produjo esas acumulaciones se alimentaba de animales con conchas y estructuras duras situados en el fondo marino.

No podían digerir bien las conchas

La ubicación de los fósiles fue precisamente una de las claves. Los moluscos identificados necesitaban niveles relativamente estables de salinidad para sobrevivir y, por tanto, no podían haber vivido en los antiguos deltas fluviales donde aparecieron sus restos. La entrada continua de agua dulce habría provocado cambios de salinidad incompatibles con estas especies.

La explicación propuesta por Knaust es que los plesiosaurios capturaron primero esas presas en aguas marinas más profundas. Después se desplazaron hacia la costa y, una vez en aguas poco profundas, expulsaron las partes duras que su aparato digestivo no podía procesar. Investigaciones anteriores sobre su anatomía sugieren que estos reptiles inclinaban la cabeza hacia el fondo para capturar mariscos, pero sus dientes no estaban preparados para triturar eficazmente las conchas.

“Es posible que los plesiosaurios se acercaran a la costa para relajarse o dormir después de cazar, y probablemente era entonces cuando vomitaban”, explica Knaust. El investigador compara este comportamiento con el observado actualmente en focas peleteras y cocodrilos marinos. La diferencia es que los plesiosaurios probablemente permanecían dentro del agua debido a su peso y a la forma de su cuerpo.

Un sospechoso que encaja con las pruebas

Determinar qué animal había producido aquellas regurgititas exigió descartar otras posibilidades. Los restos eran demasiado grandes para proceder de peces, mientras que tiburones y cocodrilos del Jurásico se alimentaban principalmente de peces, cuyos esqueletos no aparecen en las acumulaciones analizadas. También se valoraron diferentes invertebrados y otros reptiles marinos.

La mezcla de presas, el tamaño de los fragmentos y el tipo de alimentación terminaron señalando a los plesiosaurios. “El plesiosaurio coincide más que ningún otro animal en cuanto a tamaño y alimentación”, sostiene Knaust. Los ejemplares a los que atribuye los restos podían medir entre cuatro y ocho metros, mientras que el conjunto de los plesiosaurios alcanzó tamaños de entre dos y trece metros.

Los fósiles también consiguieron sobrevivir gracias a circunstancias excepcionales. El vómito estaba muy compactado y cubierto de mucosidad, aunque la mayoría de estas acumulaciones habrían acabado destruidas por las olas y las mareas. Algunas, sin embargo, quedaron rápidamente sepultadas por sedimentos transportados por los ríos o terminaron dentro de madrigueras excavadas por crustáceos, donde pudieron conservarse y fosilizarse.