Restaurados durante cinco años, estos tres cuadros de Murillo volverán a mostrarse al público en este museo gaditano
Tras un exhaustivo proceso de restauración que ha durado cinco años, el Museo de Cádiz exhibirá de nuevo el conjunto pictórico del antiguo convento de Capuchinos. Esta colección, custodiada en la pinacoteca de la plaza de Mina desde 1970, representa uno de los legados más significativos del arte andaluz. El proyecto no solo devuelve el brillo a las telas, sino que refuerza el papel del museo como custodio del patrimonio. Este regreso supone la culminación de un esfuerzo técnico y administrativo destinado a proteger piezas de un valor histórico incalculable. Los ciudadanos podrán reencontrarse con estas joyas de la pintura a partir del próximo otoño. La expectación es máxima ante la posibilidad de contemplar de nuevo estas obras maestras en unas condiciones de visibilidad óptimas.
Los trabajos se han desarrollado en las propias dependencias del centro gaditano, permitiendo un seguimiento cercano del proceso. Esta apuesta decidida por la conservación asegura que el legado espiritual y artístico de la diócesis sea accesible a todos, consolidando su relevancia cultural y turística. El núcleo central de esta intervención lo componen tres lienzos excepcionales atribuidos directamente al genio sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Entre ellos destaca sobremanera el cuadro de gran formato titulado “Los desposorios místicos de Santa Catalina”, que presidía el retablo. Junto a esta pieza maestra, se han recuperado con éxito “La estigmatización de San Francisco” y una versión de “La Inmaculada Concepción”.
Estos tres óleos han sido los primeros en completar su proceso de restauración, mostrando ahora un colorido y una luz renovados. La maestría del pintor barroco vuelve a ser evidente tras la eliminación de capas de suciedad y barnices oxidados. Cada pincelada recuperada permite apreciar la técnica suave y vaporosa que caracteriza la etapa madura del autor sevillano. Estas obras no solo son objetos de arte, sino testimonios vivos de la devoción y el mecenazgo del siglo XVII. La recuperación de su esplendor sitúa a Cádiz como una ciudad clave para entender la trayectoria final del gran maestro.
La historia de este conjunto está marcada por la tragedia, ya que constituyó el último encargo que recibió Murillo antes de su muerte. Mientras trabajaba en el imponente lienzo de los “Desposorios”, el artista sufrió una fatal caída desde un andamio en el convento. Este accidente le causó graves consecuencias de las que no pudo recuperarse, falleciendo poco después en su Sevilla natal. Debido a este suceso, fue su discípulo Francisco Meneses Osorio quien tuvo que terminar el magno óleo de cuatro metros. La obra, que comenzó a ejecutarse en Cádiz y continuó en el taller de Sevilla, es considerada por muchos una pieza maldita. A pesar del infortunio, el resultado final es uno de los conjuntos más relevantes de la historia del arte andaluz. La restauración actual ha permitido limpiar la superficie de esta obra monumental, devolviéndole su potencia visual y emocional.
Además de las tres obras de Murillo, el conjunto restaurado incluye otras ocho piezas de gran valor pictórico de sus seguidores. Francisco Meneses Osorio, el discípulo más destacado, firma el lienzo de “San Francisco”, siendo la única obra identificada del grupo. También se le atribuyen los lienzos de “Santo Ángel de la Guardia”, “San Miguel”, “San José” y el “Padre Eterno”. Otra figura relevante es Sebastián Gómez, conocido como 'El Mulato', a quien se atribuye “La coronación de la Virgen del Rosario”.
Completan la colección dos obras de autoría anónima que representan a “San Antonio de Padua” y a la familia del Bautista. La restauración ha sido integral para los once lienzos, buscando una coherencia visual en todo el retablo original. Actualmente, solo quedan pequeños retoques en dos de estas pinturas para dar por finalizada toda la ardua intervención. Este equipo de trabajo ha permitido rescatar la autoría y el estilo de una escuela que dominó el panorama artístico gaditano.
Proceso complejo
El proceso técnico ha sido especialmente complejo debido al estado de conservación en el que se encontraban algunas de las piezas. Según la restauradora Esmeralda Madrazo, en cinco de los cuadros se tuvo que retirar una placa de madera pegada al reverso. Este material provocaba una acidez perjudicial para la tela y su eliminación supuso una operación delicada y arriesgada. Asimismo, los técnicos han tenido que eliminar numerosos retintes de intervenciones pasadas que no estaban documentadas debidamente. Se ha trabajado intensamente en recuperar el colorido impresionante que el paso de los siglos había ido apagando gradualmente. El uso de técnicas modernas de conservación asegura que las pinturas mantengan su estabilidad estructural durante mucho más tiempo.
La vuelta de los Murillo no es la única novedad, ya que la sala 10 del museo está siendo completamente renovada. Los trabajos incluyen mejoras sustanciales en la iluminación para realzar los matices de las pinturas barrocas recién intervenidas. También se están llevando a cabo labores de pintura y adecuación de los paramentos para ofrecer un entorno expositivo moderno. El espacio ha permanecido cerrado al público desde diciembre de 2022 para permitir el desarrollo de estas intervenciones estructurales. El nuevo diseño de la sala permitirá una disposición de los lienzos más fiel a su ubicación original en el convento. Los visitantes podrán disfrutar de un recorrido más fluido y enriquecedor por uno de los periodos más brillantes del arte.