Los restos hallados junto al Huei Teocalli confirman que el zoológico de Moctezuma existió de verdad

El poder imperial mexica se sostenía sobre símbolos visibles que recordaban quién mandaba y qué fuerzas controlaba. Moctezuma Xocoyotzin, último gran tlatoani antes de la llegada de los conquistadores, fue el eje central en ese sistema. Gobernó Tenochtitlan en su máximo esplendor y reunió bajo su autoridad a los pueblos del altiplano. Su prestigio se apoyaba tanto en la expansión militar como en un elaborado aparato ceremonial que reforzaba su papel de intermediario entre los dioses y los hombres.

Dentro de esa estructura de poder, el llamado zoológico de Moctezuma no era una extravagancia sin sentido, ya que funcionaba como vitrina del dominio mexica sobre la naturaleza y como herramienta ritual. Las crónicas aseguran que albergaba animales de todo el territorio, y durante siglos se dudó de su existencia física. Esa duda, sin embargo, empieza a disiparse con los hallazgos recientes del Proyecto Templo Mayor, que han aportado pruebas materiales de aquel recinto legendario.

El hallazgo arqueológico confirmó que el zoológico existió realmente

Israel Elizalde Mendez, arqueólogo del Proyecto Templo Mayor, ha logrado confirmar la existencia real del zoológico de Moctezuma a partir del análisis de huesos hallados junto al Huei Teocalli. El estudio, publicado en su libro El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlan con apoyo del INAH, la Secretaría de Cultura y el Ancient Cultures Institute, describe 28 restos pertenecientes a seis especies distintas. Es la primera demostración física de que la antigua Tenochtitlan mantenía un sistema estable de cuidado de animales.

No los cuidaban solo para mirarlos. Según el propio Elizalde Mendez y Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, servían para sostener las ceremonias más sagradas del mundo mexica. Las especies representaban los tres niveles del universo: cielo, tierra e inframundo. Su destino era el sacrificio, considerado una “comida de los dioses” que renovaba las fuerzas del cosmos. Tener un zoológico cerca del recinto sagrado aseguraba animales listos para los rituales en los momentos adecuados.

Para llegar a esa conclusión, Elizalde Mendez utilizó una metodología osteopatológica que analizó lesiones, fracturas y señales de curación en los huesos. Entre las especies estudiadas había jaguares, lobos, águilas reales, águilas arpías, codornices y espátulas rosadas. La comparación entre marcas de enfermedad y patrones de recuperación permitió distinguir animales que habían vivido en cautiverio de los que habían muerto en libertad.

El estudio también plantea que algunos lobos pudieron criarse dentro del complejo. El grado de curación en sus huesos indica que no solo fueron capturados, sino mantenidos durante largos periodos. Los investigadores proponen que esta crianza formaba parte de un sistema organizado de provisión ritual. La ubicación probable del vivario, según un plano de 1524 asociado a Hernán Cortés, se encontraría detrás del recinto sagrado, en un sector aún sin excavar.

El trabajo de Elizalde Mendez tiene su origen en su tesis de licenciatura en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, premiada con mención honorífica en los Premios INAH 2018. Aquel primer esfuerzo derivó en una investigación más amplia, integrada ahora en la serie Reportes del Proyecto Templo Mayor. La obra detalla un protocolo de análisis que podría aplicarse a futuros hallazgos similares en Mesoamérica.

Los restos prueban que el zoológico fue una institución real destruida tras la Conquista

Después de la Conquista, el zoológico de Moctezuma, conocido como Totocalli, desapareció por completo. Los conquistadores arrasaron los palacios y destruyeron las jaulas y estanques para levantar la nueva ciudad colonial. Bernal Díaz del Castillo, uno de los protagonistas de la conquista, describió el caos de aquel momento, cuando los animales escapaban o morían durante la batalla. Algunos ejemplares fueron enviados a España, pero la mayoría pereció en medio de la destrucción.

Las patologías detectadas en los huesos son claras: enfermedades degenerativas, infecciones y fracturas cicatrizadas que habrían sido imposibles de superar sin atención humana. Los animales estudiados sobrevivieron gracias a un entorno controlado, lo que confirma que existía un sistema de cuidado prolongado. Esa evidencia convierte el zoológico de Moctezuma en una institución documentada y no solo en una leyenda repetida por los cronistas.

Entre la multitud de imágenes que definen Tenochtitlan, desde el mercado de Tlatelolco hasta el Huei Tzompantli, ahora se suma una nueva: el vivario donde las fieras curaban sus heridas antes de ser ofrecidas en los rituales. Los restos analizados junto al Huei Teocalli han probado un lugar que parecía perdido en las páginas de las crónicas.