Los romanos llenaron el Muro de Adriano de penes grabados y el hallazgo obliga a revisar su significado
El viaje empezaba en el mar. Adriano llegó a Reino Unido en barco, como cualquier poder que tenía que cruzar hasta una isla para hacerse notar. Su presencia no era una visita cualquiera. Un emperador viajaba para mirar de cerca, dar órdenes y dejar claro que Roma seguía mandando también en los extremos del mapa.
En un territorio situado al norte del mundo romano conocido, su presencia importaba porque acercaba el centro del poder a una zona difícil de vigilar. Ese tipo de visita dejaba consecuencias duraderas en caminos, campamentos y defensas.
Los destacamentos grabaron dibujos íntimos sobre la roca
El Muro de Adriano fue levantado en el norte de Inglaterra como una frontera de 117 kilómetros que separaba la Britania romana de los pueblos situados más al norte. Out Traveler recuerda que la barrera recorría el ancho de esa zona y que estaba atendida por grandes guarniciones, comerciantes, familias y personal auxiliar en fuertes como Vindolanda.
Aquella línea de piedra necesitaba soldados en torres, puertas y fortines, porque la defensa dependía tanto del muro como de quienes vivían junto a él. Y esos soldados también dejaron marcas mucho más personales en la piedra.
Rob Collins, arqueólogo de Newcastle University, ha catalogado 57 falos tallados en piedra a lo largo del Muro de Adriano. Las piezas van desde trazos rápidos hasta relieves más cuidados con todos los elementos del pene bien claros, con la piedra rebajada alrededor para que el símbolo sobresaliera de la superficie.
Historic England destaca el valor de estas marcas porque ayudan a entender mejor la vida en la frontera romana. Para Collins, estos grabados también muestran el lado más cotidiano de quienes construyeron y vigilaron el muro. En una valoración recogida por la institución, el arqueólogo señala que “ofrecen una visión de la organización del enorme proyecto de construcción que fue el Muro de Adriano, así como algunos toques muy humanos y personales”.
La talla hallada en Vindolanda en 2022 añadió un matiz mucho más áspero. Los excavadores encontraron una losa de arenisca de una capa del fuerte del siglo III con un falo profundo junto a un insulto dirigido a Secundinus.
La Vindolanda Trust tradujo el mensaje en una versión suave como “Secundinus el cagón”, aunque los especialistas admiten una lectura sexual más agresiva. El trazo estaba trabajado con calma, de modo que aquella burla exigió tiempo y voluntad de exposición pública.
La vida diaria en la frontera también aparece en objetos mucho menos solemnes. El doctor Andrew Birley, director ejecutivo y director de excavaciones de Vindolanda Trust, explicó a Out Traveler que las tablillas de Vindolanda no son grandes relatos de reyes, sino notas ordinarias con peticiones y quejas.
Una pedía enviar “las tijeras de castrar” y otra advertía de la expulsión de un club social por impago. Birley añade que el ejército tampoco era un entorno formado solo por hombres, porque los fuertes han dado miles de zapatos de mujeres y niños junto a calzado masculino.
Estas figuras sirvieron para buscar amparo y fortuna
El falo tenía una función protectora en el mundo romano. Se usaba contra el mal de ojo, para atraer suerte y para proteger personas, edificios y desplazamientos. En una frontera húmeda y peligrosa, esos signos familiares podían dar seguridad a soldados destinados lejos del Mediterráneo.
También enviaban un mensaje de dominio, porque marcaban puertas, caminos, puentes y accesos con símbolos propios de Roma. Birley resume esa lectura al explicar que estas figuras se entienden, por lo general, como símbolos de buena suerte y fertilidad.
Vindolanda ha producido 13 ejemplos, mientras Corbridge ha dado ocho. Otras tallas han aparecido en Chesters, South Shields, Maryport, Housesteads, Birdoswald y Carlisle. La concentración alrededor de fuertes, vías, puentes y zonas de suministro refuerza la lectura protectora, porque esos puntos reunían movimiento y bastante riesgo. En Cumbria, la Written Rock of Gelt conserva además un retrato, una caricatura y un falo tallados por soldados que trabajaban en una cantera usada para reparar el muro.
La investigación reciente ha ampliado el valor de estos restos. Un objeto de madera encontrado en 1992 en una zanja encharcada de Vindolanda se identificó primero como herramienta de zurcir, pero estudios posteriores lo reconocieron como un falo de fresno a tamaño natural con desgaste por manipulación repetida.
Pudo ser un objeto sexual, una mano de mortero o parte de una figura doméstica de Príapo tocada para pedir suerte. Hoy, los investigadores crean modelos 3D de estas marcas para conservarlas y estudiarlas con más detalle.
Dylan Herbert, voluntario de la Vindolanda Trust, encontró una talla reciente tras retirar escombros y descubrir letras bajo el barro; su hallazgo volvió a mostrar que la frontera conserva tanto decisiones imperiales como bromas, miedos y gestos de quienes la habitaron.