“La correspondencia más extensa de Emily Dickinson fue con su cuñada, amiga de toda la vida y posible interés romántico, Susan Huntington Dickinson. A lo largo de su vida, Dickinson le envió más de 250 poemas a Susan”, explica el museo de la poeta estadounidense en su página web. Así, la obra de la escritora no puede entenderse al completo sin entender lo que la mujer de su hermano significó para ella.
Se conocieron en el verano de 1850, con apenas 19 años, en Amherst, Massachusetts. Susan se comprometió con el hermano de Emily, Austin Dickinson, en 1853, y la pareja se mudó a The Evergreens tres años después de casarse. Al poco tiempo de aquello, la poeta empezó a escribir sobre su nueva compañera. Además de dedicarle varios poemas, Emily le envió más de trescientas cartas de amor a Susan, a la que en repetidas ocasiones se refería como “mi musa”.
“Tengo un solo pensamiento, Susie, esta tarde de junio, y es acerca de ti, y tengo un solo ruego; querida Susie, que es para ti. Porque tú y yo tomadas de la mano como están tomados entre sí nuestros corazones podrían quizá correr como chiquillas en medio de bosques y para olvidar muchos años y sus tristes consecuencias, y sería como volvernos chiquitas nuevamente… Ojalá así fuera, Susie, pero cuando miro alrededor me encuentro sola. (...) Yo te necesito más y más”, escribió Emily en una carta en 1852.
Las cartas pronto se tornaron románticas, evidenciando ambas mantenían una relación sentimental entonces. “Susie, ¿de verdad vendrás a casa el próximo sábado y serás mía otra vez y me besarás? Espero tanto por ti y me siento tan ansiosa por ti, siento que no puedo esperar, siento que ahora debo tenerte, que la expectativa de volver a ver tu rostro me hace sentir caliente y febril, y mi corazón late tan rápido”, puede leerse en otra carta.
Borrar el nombre de Susan de los poemas
Tras la muerte de Emily en 1886, Mabel Loomis Todd, la amante de su hermano, sacó a la luz los textos que la escritora nunca llegó a publicar. Hablamos de 1800 poemas y cientos de cartas. Con el objetivo de lucrarse y no causar demasiado revuelo en la época, Mabel borró cualquier referencia a aquella relación homosexual, llegando incluso a reescribir nombres y pronombres de algunos de los poemas de Dickinson. Un artículo publicado en el New York Times en 1998 confirmó que la tecnología infrarroja había demostrado que toda su obra había sido alterada deliberadamente.
No contenta con eso, Mabel también alimentó el mito de Emily Dickinson como una mujer loca, enferma y austera. Esta versión tergiversada de la poeta estuvo presente a lo largo de prácticamente todo el siglo XX. Martha, la hija de Susan, intentó acabar con la mentira. Tras la muerte de su madre en 1913, publicó un recopilatorio con toda la correspondencia de su tía, conservando los nombres y pronombres originales en toda la obra.
Hoy, la relación de Emily Dickinson con Susan Huntington Gilbert se ha trasladado al teatro y a la pantalla. El ejemplo más reciente lo encontramos en 2019, cuando se estrenó Dickinson, la serie de Apple TV protagonizada por Hailee Steinfeld. A través de tres temporadas, la producción explora los conflictos sociales, familiares y de género que sufrió la aclamada escritora norteamericana.