Tabaco, whisky y 12.000 calorías: así forjó Big Show su personaje de gigante en WWE
Paul Wight, conocido en todo el mundo como Big Show, forjó una de las imágenes más representativas de la lucha libre profesional a raíz de su apariencia física. Sin embargo, tras la figura del coloso que se consolidó como uno de los nombres fijos de la WWE también hubo una etapa marcada por hábitos alimentarios extremos, consumo de tabaco y alcohol, problemas físicos y una visión pesimista de su futuro. El propio luchador ha repasado aquellos años en una entrevista en The High Performance Podcast, en la que reveló que llegó a ingerir entre 10.000 y 12.000 calorías al día.
Durante su etapa de mayor peso, se movió entre las 500 y las 537 libras, lo que equivale a unos 227 y 244 kilos de peso. Aquella dimensión física iba acompañada de una alimentación muy alejada de cualquier pauta moderada. En la conversación con el presentador Jake Humphrey, el exluchador recordó que comía prácticamente cualquier cosa y en cantidades que hoy le cuesta reconocer. “Superaba las 10.000 o 12.000 calorías al día con total facilidad”, apuntó.
En el desayuno podía tomar grandes cantidades de tortitas y filete de ternera empanado y frito al estilo sureño. También era capaz de comerse dos bocadillos de Subway de tamaño XL, ambos con doble ración de albóndigas. “Me comía los dos”, recordó al describir una rutina que ahora contempla con incredulidad.
Una rutina marcada por los excesos
Las comidas rápidas también formaban parte de su alimentación habitual. En el proceso de convertirse en Big Show, durante su juventud, podía pedir en McDonald's dos Big Macs, 20 nuggets de pollo, tres raciones grandes de patatas fritas, un refresco, un batido y una tarta de manzana. En Taco Bell llegaba a consumir 20 tacos, mientras que en White Castle podía comer hasta 40 pequeñas hamburguesas. Unas cantidades que, según reconoció, hoy le cuesta imaginar que pudiera ingerir.
La alimentación no era la única conducta perjudicial en su día a día. El luchador contó que, durante sus veinte años, fumaba dos paquetes de cigarrillos al día y podía beber una botella de Jack Daniel's de una sola vez. Al analizar aquella etapa, asoció ese comportamiento descontrolado a la idea de que su esperanza de vida sería muy reducida a causa de su gran estatura y volumen. “No creía que fuera a vivir demasiado tiempo. Nunca se ve a personas gigantes alcanzar la vejez”, reconoció con franqueza.
Wight admitió además que atravesaba un cuadro depresivo, insatisfecho con su propia imagen y con el rumbo de su carrera profesional. Este bache emocional coincidió con momentos de gran desgaste deportivo, ya que sobre 2006, después de terminar una etapa como campeón de ECW, sufría importantes problemas en la espalda y las rodillas. Su contrato con WWE había terminado y no tenía intención de firmar uno nuevo. Además, sentía que su carrera estaba estancada y que no encontraba oportunidades para avanzar.
“Había perdido la ilusión por luchar”, argumentó al detallar aquella fase crítica. También describió los obstáculos de su vida diaria derivados de su envergadura: subir a un avión o viajar en coche suponía un sufrimiento añadido, mientras los problemas físicos mermaban su rendimiento atlético.
Un punto de inflexión para relanzar su carrera deportiva
La decisión llegó en torno a 2006, cuando se tomó un año libre para centrarse en su salud. Durante ese periodo perdió peso, dejó de fumar y cambió sus hábitos. El objetivo no era únicamente recuperar la capacidad física necesaria para competir, sino también modificar una forma de vida que él mismo consideraba insostenible.
Esta evolución repercutió de inmediato en su manera de afrontar la lucha libre. Wight manifestó que, completada su recuperación, volvió a experimentar satisfacción en el ejercicio de su profesión. Respiraba con normalidad durante los combates, ganó agilidad sobre la lona y restableció la confianza del resto del vestuario. Su reaparición en 2008 marcó, según su propio balance vital, el comienzo del tramo más gratificante y constructivo de toda su trayectoria deportiva. “Recuperé la pasión por la lucha libre”, concluyó.